Entrevista sobre el aumento de las cifras de agresiones tanto en Colombia como en otros países

En la pandemia, violencia recrudecida contra la mujer, denuncia Dejusticia

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Nina Chaparro, abogada con maestría en políticas públicas y coordinadora del área de género, y la también abogada María Ximena Dávila del mismo centro de estudios, le vienen haciendo seguimiento al fenómeno, al parecer creciente, de violencia intrafamiliar y de pareja en época de confinamiento obligatorio en casa, que padece Colombia por el contagio del coronavirus.

En medio del cataclismo que vivimos por la pandemia de coronavirus y la dificultad de tomar decisiones drásticas como confinar a las personas en casa, la alcaldesa de Bogotá ha sido casi obsesiva advirtiendo un problema: la violencia intrafamiliar que afecta, en esa condición, a mujeres y menores de edad. Ustedes, en el área de género de Dejusticia, coinciden con esa preocupación ¿Por qué?

En casos como los de esta pandemia, no solo se ataca la esfera de la salud física de los individuos. También se afecta la vida económica, la salud mental y la forma en que experimentamos la vida social y cultural. En estas arenas se empieza a notar cómo las mujeres son quienes, dentro del confinamiento de sus hogares, enfrentan, en mayor medida situaciones de violencias recrudecidas que pueden terminar en feminicidios, sobrecargas de trabajo extenuantes y riesgos de perder el sustento mínimo vital de ellas y de sus dependientes.

Precisamente, ustedes dieron esta semana una telecharla que llamaron Mujeres en la cuarentena ¿Cuáles hechos y datos sirvieron de soporte para esa conferencia?

Tanto en Colombia como en otros países hay evidencia de que las violencias o condiciones de vulnerabilidad se acentúan en confinamiento, causando daños físicos, económicos y psicológicos a las mujeres. En esa charla resaltamos tres temas, los más apremiantes. El primero fue la violencia intrafamiliar. Un informe de ONU Mujeres muestra que durante el confinamiento por la pandemia ha habido un aumento de violencias, mayoritariamente en contra de niñas y mujeres. Esto se confirma, también, por las experiencias internacionales. En cuanto a Colombia, cuando no media ninguna calamidad pública, una mujer es víctima de violencia sexual cada 23 minutos. El 87 % de las víctimas son niñas y adolescentes. En el 71,2 % de las ocasiones, el presunto agresor es un familiar o un conocido. Según Medicina Legal, el mayor número de  ocurrencia de estos casos sucede en el hogar los fines de semana cuando todos los habitantes de la casa deben convivir más tiempo. En ese contexto, las cuarentenas obligatorias y temporadas de aislamiento físico se convierten en escenarios para el aumento desproporcionado de la violencia intrafamiliar.  

¿Cuáles son las estadísticas que indican que a mayor tiempo en casa, mayor violencia contra las mujeres? 
Como lo muestran los datos de Medicina Legal, las mujeres representan el 86,08 % de las víctimas de violencia de pareja y el 64,59 % de violencia intrafamiliar. Estos hechos suelen suceder en los espacios donde las familias y parejas viven su cotidianidad: el 73,36 % de los casos de violencia intrafamiliar y el 71,07 % de los de violencia de pareja tienen lugar en el interior de las viviendas.

¿En cuáles circunstancias no relacionadas con una cuarentena, pero sí con tiempo en casa, se incrementa la violencia de uno de los miembros de la familia contra los otros? 

Según las cifras, estos episodios tienen un pico en fines de semana y en horas de la noche. En ambos casos, los domingos son los días con el mayor porcentaje de casos reportados: 22,15 % en el caso de violencia intrafamiliar y 23,91 % en el caso de violencia de pareja. A su vez, cerca del 40,32 % de la violencia de pareja y el 35,45 % de la violencia intrafamiliar ocurre entre las 6 de la tarde y las 11:59 de la noche. Dicho de otro modo, estos actos violentos suceden cuando las mujeres comparten la vivienda con sus agresores y no existen vías de escape, como actividades laborales o académica, que les permitan pasar tiempo fuera de sus hogares. La pregunta que nos hacemos es, si esto es así en situaciones no extraordinarias, ¿cómo será en temporadas de confinamiento en donde hay que convivir por semanas? ¿Qué podemos hacer?  

Eso mismo pregunto: ¿qué se puede hacer si el aislamiento familiar es obligatorio? ¿Mayor intervención del Estado?  
Creo que sí.  En estos períodos extraordinarios, la capacidad del Estado para atender las denuncias debería multiplicarse. Las casas de refugio, las líneas telefónicas de apoyo, las comisarias de familia, la Fiscalía y otras entidades tendrían que aumentar funcionarios y recursos porque es un asunto de primera necesidad. Es indispensable que el Estado tome medidas drásticas para prevenir este tipo de violencias que, tristemente, pueden terminar en la muerte de mujeres a manos de sus parejas. 

Respecto de la misma problemática de violencia familiar en confinamiento, ¿cuáles son las cifras en otras en ciudades o países comparadas con las de Colombia? 
Gracias a algunas organizaciones internacionales y medios de comunicación sabemos en tiempo récord que, en comparación, las cifras han aumentado durante el brote de COVID-19 en Jingzhou, ciudad de la provincia de Hubei, China, en donde se triplicaron las denuncias de violencia intrafamiliar. Allí se dijo que “el 90 % de las causas de violencia doméstica están relacionadas con la epidemia”. La directora de la Línea de Violencia Doméstica de Estados Unidos (National Domestic Violence Hotline) reportó que en las últimas semanas ha aumentado el número de llamadas y denuncias de violencia intrafamiliar contra mujeres, y señaló que puede ser producto de las medidas de aislamiento y el cierre de colegios y universidades. El Reino Unido también registró un alza en las denuncias. Como lo señala el periódico The Guardian, en algunos condados del país se ha visto un aumento aproximado del 20 % en los incidentes de violencia doméstica. Estos datos, aunque preliminares, indican que existe alto riesgo de que en tiempos de cuarentena y aislamiento aumente la violencia intrafamiliar, pues muchas víctimas deben pasar el confinamiento al lado de sus agresores. 

Estos datos explicarían la fijación de la alcaldesa López en el tema de agresiones familiares, con la mención constante al mismo, la activación de la denominada línea “Púrpura” e, incluso, con que haya condicionado la entrega de subsidios por la pandemia, a las familias, a tener “cero demandas” de violencia interna. No conozco otro gobernante que hubiera puesto énfasis en esta problemática ¿Cómo califica esta decisión de Claudia López? 

La alcaldesa señaló que ese castigo que usted menciona sería solo para los agresores y no para las familias. Sin embargo, se trata de medidas que todavía presentan inconsistencias. Pero entendemos que vamos por buen camino en la construcción de políticas públicas para disminuir la violencia intrafamiliar. Y tiene sentido, pues tras el simulacro de aislamiento preventivo que acaba de terminar, según Diana Rodríguez Franco, que dirige la Secretaría de la Mujer en Bogotá, la violencia contra la mujer se han cuadruplicado. Lastimosamente, este solo parece ser el comienzo. 

¿Cuáles son las inconsistencias que ven ustedes en la medida de la alcaldía de Bogotá? 
Ante las dudas de si toda la familia sería castigada por el acto de uno de sus miembros, la alcaldesa ya aclaró que solo será excluido el agresor. No obstante, nos preocupa que esta medida pueda desincentivar la denuncia de las mujeres sobre las violencias que padecen, por miedo a que todos terminen perdiendo el beneficio de la alcaldía.  

En su conferencia sobre las mujeres en cuarentena, ustedes  también hablaron de otros dos temas aparte del de violencia: “cuidados y trabajos femenizados” ¿A qué se refieren con el término “cuidado”? 
Después de la violencia intrafamiliar, también nos preocupa la sobrecarga del trabajo de cuidado. Situaciones extraordinarias como una pandemia que obligan a las familias a confinarse, dejan en manos de las madres y padres, además del trabajo doméstico ordinario, labores adicionales de educación, deporte, entretención. En otras palabras, las labores del cuidado se triplican. Madres y padres deben, además de limpiar la casa, desinfectarla, cocinar tres veces al día, dar educación, gimnasia y entretenimiento a los niños y niñas, y si es el caso, cuidar a otras personas dependientes de la familia. Además de que deben laborar remotamente (en sus empleos). 

¿Se ha tenido en cuenta que muchísimas mujeres trabajan cotidianamente en la casa —situación que se agrava para ellas en cuarentena, pues toda la familia permanece en la vivienda—, y que otras, además de atender la vivienda, trabajan afuera y pueden perder el empleo?  
Según datos de la ONU, en América Latina, las mujeres contribuyen con el 73 % de trabajo doméstico no remunerado. Si esto es así en situaciones de normalidad, cabría preguntarse si serán ellas quienes asuman esta sobrecarga de trabajo doméstico de triples jornadas. Muchas de las mujeres empobrecidas se ubican en las ramas laborales de mayor informalidad y precariedad, como el comercio y los servicios, entre ellos, los del cuidado: educación, salud, alimentos, trabajo doméstico, trabajo sexual, etc. Estas labores, las que implican vivir del diario, serán las más afectadas durante la pandemia. Y las que las ejerzan serán quienes tengan más riesgo de contagio y quienes sean más golpeadas por el impacto económico de la crisis de salud pública. Ante las medidas de aislamiento obligatorio, muchas perderán la posibilidad de tener un sustento diario y, con eso, garantizar su mínimo vital. Los trabajos de cuidado, que históricamente han sido atribuidos a las mujeres, son particularmente vulnerables en estos escenarios. 

En la tercera parte de su conferencia, exactamente, ¿a qué denominan “trabajos feminizados”?  
Trabajos feminizados son labores que históricamente han estado asignadas a las mujeres y pertenecen a ciertas ocupaciones o sectores particulares de la economía. Son trabajos que, a partir de la cultura y la ideología, han estado asociados a atribuciones que socialmente se consideran femeninas. Algunos ejemplos son el cuidado de niños y adultos mayores, el trabajo doméstico, el trabajo en confección textil, el trabajo sexual o la enfermería. Este tipo de actividades suelen ser menospreciadas social y económicamente. Las formas de vinculación laboral y los salarios, generalmente, son precarios y reproducen el empobrecimiento. Precisamente por esto, en la pandemia de COVID-19 las mujeres que ejercen trabajos feminizados tienen mayores riesgos. Las trabajadoras domésticas, por ejemplo, pueden perder su sostenimiento diario. Muchas no saben qué sucederá con sus contratos ni tampoco si seguirán recibiendo salarios en medio de esta crisis de salud pública. Según el comunicado “El trabajo doméstico en tiempo de crisis” elaborado por el Sindicato de Trabajadoras del Hogar e Independientes y la Unión de Trabajadoras Afro del Servicio Doméstico, entre otras, las trabajadoras domésticas enfrentan la cuarentena obligatoria sin remuneración, sin seguridad social y sin recursos para asumir sus obligaciones económica. 

Los menores de edad, incluyendo los más chicos, ¿sufren igual número e intensidad de ataques que las mujeres? ¿Hay diferencias en cantidad e intensidad cuando se ataca a una niña que cuando se ataca a un niño? 
Los datos de Medicina Legal sugieren que las niñas y niños son afectados de forma muy similar por la violencia intrafamiliar. Los datos de 2018 muestran que el 52,42 % de las víctimas fueron niñas, mientras que el restante fueron niños. Si se comparan los datos de violencia intrafamiliar contra mayores de 18 años y contra niños, niñas y adolescentes, se podrá ver que a medida que aumenta la edad, las mujeres son más vulnerables de sufrir este tipo de violencia. Mientras que las cifras entre niños y niñas parecen equilibradas, la violencia intrafamiliar contra mujeres mayores de 18 años ocupa aproximadamente 64 % de los casos de este tipo de agresiones.  

El atacante adulto, ¿es hombre el 100% de las ocasiones o existe un porcentaje de mujeres agresoras y de hombres víctimas en la familia, y cuál es ese porcentaje? 
Según datos de Medicina Legal del año 2018, las agresiones de violencia intrafamiliar y violencia de pareja afectan primordialmente a las mujeres. En los casos de violencia intrafamiliar contra mayores de 18 años, las mujeres representan el 64,59 % de las víctimas y los hombres el 35,41 %. En el caso de violencia de pareja el contraste es mucho más marcado. El 86,08 % corresponde a violencia contra las mujeres, mientras que el 13,92 % se trata de violencia contra los hombres.  En cuanto a afectaciones por el coronavirus, las estadísticas señalan que los hombres son las principales víctimas mortales en la pandemia. La tasa de mortalidad en China fue del 2,8 % para los hombres, en comparación con el 1,7 % para las mujeres. Además, los hombres constituyen una ligera mayoría de los infectados, con un 51 %. 

Un hombre victimario de su propia familia, ¿proviene siempre de otra familia en donde fue, a su vez, víctima de violencia intrafamiliar? 
El machismo, que se expresa mediante distintas formas de violencias en contra de las mujeres es un trauma social que se extiende y se ha normalizado sin importar el sexo de las personas, las clases sociales, las etnias y las edades. Los hombres que ejercen este tipo de violencias no necesariamente fueron víctimas de violencia intrafamiliar. Son hombres comunes y corrientes que hacen lo que una sociedad les permitió y les enseñó a hacer: machos. Y ellos, voluntariamente, decidieron incorporarlos en sus comportamientos cotidianos. Esta es una oportunidad para reflexionar sobre el compromiso que tienen los hombres de cambiar sus conductas, de desaprender lo que culturalmente les dijeron que significaba ser hombres y de empezar a construir sociedades con nuevas masculinidades que se involucren en el respeto hacia lo femenino y hacia las distintas formas de ser mujer y, en general, hacia la construcción de sociedades más pacíficas. 

Increíble: violencia familiar por intolerancia con el trabajo doméstico

¿La cuarentena es la agente extraordinaria que exacerba la violencia intrafamiliar o a esta se le suman la angustia económica, la falta de espacio físico del sitio en que se vive, la inseguridad sobre el futuro?

Los datos dan luces sobre el tema. En tiempos que podemos llamar ordinarios, los hechos que desencadenan la violencia intrafamiliar o la violencia de pareja, están vinculados con el cumplimiento o ejercicio de una labor de cuidado personal o familiar. El 27,29% de los casos de violencia de pareja y el 26,09% de los casos de violencia intrafamiliar se desencadenan debido a la intolerancia en relación con el ejercicio de actividades vitales o de cuidado personal. En la misma línea, el 24,72% de los casos de violencia de pareja y el 23,91% de los casos de violencia intrafamiliar suceden en medio del desempeño de actividades de trabajo doméstico no remunerado para el sostenimiento del propio hogar. Estos números sugieren que, cuando las familias están obligadas a congregarse dentro del hogar por un tiempo indefinido, tales condiciones pueden exacerbarse. Ciertamente, estos episodios tienen el riesgo de acentuarse por el empeoramiento de las condiciones económicas de las familias o por confluir con otros conflictos.

En cuarentena, sobrecarga de obligaciones para las mujeres

Tradicionalmente las mujeres han estado encargadas de las labores de cuidado y este tipo de trabajo ha sido menospreciado en el mundo social. Estas reflexiones sobre la división sexual del trabajo nos muestran que, en contextos como el que enfrentamos, habrá una sobrecarga de labores de cuidado en los hombros de las mujeres. La cuarentena obligatoria, el cierre de los espacios educativos y el tránsito al teletrabajo provocará que las mujeres no solo deban ejercer sus obligaciones laborales, sino que estén encargadas, durante las 24 horas del día, de satisfacer las necesidades de cuidado de sus familias: lavar, planchar, cocinar, limpiar e incluso garantizar el ocio y entretenimiento dentro de sus hogares. Esta situación puede generar un aumento en la violencia contra las mujeres. Como lo muestra un estudio del Center Global Development, durante las epidemias de Zika y Ébola se comprobó que, cuando las mujeres son las encargadas de las labores de cuidado no remunerado, la inseguridad alimentaria y las tensiones familiares aumentan sus riesgos de ser víctimas de violencia.

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