España está haciendo un nuevo conteo de sus muertos por coronavirus, ¿por qué?

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Al igual que muchas naciones del mundo que están intentando sopesar los estragos que la pandemia de coronavirus está causando, España se ha visto obstaculizada por cifras poco confiables.

 España está haciendo un nuevo conteo de sus muertos. Al igual que muchas naciones del mundo que están intentando sopesar los estragos que la pandemia de coronavirus está causando, España se ha visto obstaculizada por cifras poco confiables. Sin embargo, en una sociedad políticamente fragmentada, la confusión ha llevado a recriminaciones y afirmaciones aviesas, pues algunos políticos de la oposición han acusado al frágil gobierno de coalición de ocultar las cifras reales. “Los españoles merecen un gobierno que no les mienta”, dijo Pablo Casado, líder del partido de la oposición Partido Popular.

La semana pasada, cuando tomó la palabra en el Parlamento, Casado desafió directamente al presidente del Gobierno Pedro Sánchez: “Díganos si es verdad que el número real de víctimas podría duplicar las cifras oficiales”.

El número oficial de víctimas en España, que sigue siendo de los más elevados en el mundo, se está acercando a los 20.000 (hasta la fecha de redacción de este artículo). Sin embargo, hay pruebas que señalan que podría ser mucho mayor, puesto que muchas muertes —sobre todo en las residencias de ancianos— no se han clasificado como derivadas del coronavirus.

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Sánchez y otros funcionarios rechazan las acusaciones de que han reportado a propósito menos bajas por COVID-19, aunque las autoridades han emprendido un nuevo intento para contabilizar las pérdidas.

La semana pasada, el Ministerio de Justicia les solicitó a los registros civiles que revisaran a detalle sus certificados de defunción emitidos desde el 14 de marzo, cuando comenzó el cierre de emergencia en el país, para encontrar víctimas del coronavirus que no hubieran sido reportadas.

Los funcionarios españoles no son los primeros en reexaminar su proceso de contabilización de bajas. En la ciudad de Nueva York, el total oficial de víctimas se disparó a más de 10.000 cuando las autoridades empezaron a incluir a gente que no había dado positivo en la prueba de COVID-19 pero que se pensaba había fallecido de la enfermedad.

El debate respecto a la fiabilidad de los datos del coronavirus ha estado en curso casi desde el inicio del brote y se ha extendido desde China hasta Estados Unidos. Muchos países no han hecho suficientes pruebas para rastrear las infecciones, mucho menos para definir cuántas muertes se han derivado del virus.

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Sin embargo, el debate se está desarrollando con una intensidad particular en España.

El partido político de extrema derecha Vox es el que más ha promovido las acusaciones sobre las cifras ocultas. La semana pasada, publicó en redes sociales una fotografía manipulada de la Gran Vía de Madrid repleta de féretros envueltos en banderas españolas. El gobierno, declaró Vox, está ocultando “el sufrimiento de esta tragedia”.

Helena Legido-Quigley, profesora adjunta de Salud Pública en la Universidad de Singapur, dijo que había muchas razones por las que las autoridades a nivel mundial debían mejorar el conteo de sus muertos. Una de ellas es la índole despiadada de la pandemia. Incalculables cantidades de personas han sido obligadas a separarse de sus seres queridos mientras ellos morían, y después no pudieron hacer funerales apropiados para despedirlos.

“Sabemos cuán importantes son los rituales funerarios en España y en muchos otros países”, dijo Legido-Quigley. “Así que las autoridades deberían ayudar a reducir el enorme impacto que tiene en la sociedad el hecho de tener que deshumanizar el proceso de morir”.

No es solo cuestión de una capacidad insuficiente de pruebas. Los problemas relacionados con el conteo de muertos también surgen porque no todas las naciones han seguido la misma metodología.

En Francia, por ejemplo, el conteo cambió a principios de abril para tomar en cuenta las muertes en los asilos, lo cual sumó más de 3000 bajas al total.

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“Habría sido muy útil si al menos tuviéramos lineamientos más claros en la Unión Europea con respecto al conteo de muertes, de modo que las cifras pudieran ser más comparables desde el inicio”, dijo Legido-Quigley.

Algunos países tardaron mucho en registrar la COVID-19 como una causa de muerte oficial.

Estados Unidos anunció un código para registrar la COVID-19 el 24 de marzo, semanas después de que se reportó la primera muerte por coronavirus en el país. En el Reino Unido, la COVID-19 se sumó a la lista de infecciones que se mencionan en los certificados de defunción solo hasta que el país registró que había fallecido una persona que se sabía estaba contagiada

España anunció su primera muerte por coronavirus el 3 de marzo. Sin embargo, la infección se identificó hasta una autopsia que se realizó semanas después de que el paciente murió de lo que pareció ser neumonía. Después de que los hospitales españoles empezaran a llenarse de pacientes y los recursos de personal comenzaron a escasear, los funcionarios de salud dejaron de hacer esas autopsias.

Aunque el gobierno central todavía no modifica su número oficial de víctimas, las cifras que han publicado algunas de las regiones en España han sido impactantes, sobre todo porque han revelado el grado al que las residencias de ancianos han sido diezmadas a puerta cerrada.

La semana pasada, el gobierno regional en Madrid estimó que casi 3500 personas habían fallecido en sus asilos tras manifestar síntomas probables del virus. Como no se les había hecho la prueba diagnóstica, no fueron incluidos en el conteo oficial de los asilos de Madrid: 781.

Las experiencias previas con otras epidemias como la peste porcina sugieren que quizá pasen varios meses, si no es que más, antes de que las naciones conozcan el número real de víctimas del coronavirus.

“La razón principal por la que debemos tener las cifras correctas en relación con esta enfermedad es porque hay un riesgo importante de una segunda ola”, dijo Christopher Murray, director del Instituto para la Métrica y la Evaluación de la Salud en la Universidad de Washington, que ha recabado pronósticos de los totales de víctimas en varios países, entre ellos España.

“Cuanto más rápido lo sepamos”, dijo, “más oportunidad tendremos” de estar preparados para otra ola.

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