Trump recrudece su estrategia de presión contra Irán y Venezuela

Sanciones durante la pandemia, ¿un arma mortal?

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Mientras la ONU pide aliviar las sanciones económicas contra países como Irán en medio de la emergencia sanitaria mundial, Donald Trump ha recrudecido su campaña de máxima presión, cuyo costo podría ser muy alto para estas poblaciones. Expertos opinan que es momento de cambiar la táctica.

“Estamos literalmente recorriendo el mundo en busca de suministros médicos”, dijo el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, a principios de la semana pasada, cuando su estado se proyectaba como el nuevo epicentro de la pandemia de coronavirus. Pero en el mundo hay lugares que no corren con la misma suerte de Nueva York y hoy, en medio de la emergencia global, son incapaces de salir en busca de ayuda debido a las sanciones económicas que los golpean desde mucho antes que detonara esta crisis. Irán y Venezuela son los casos más preocupantes.

Según Estados Unidos, las sanciones que han aplicado a estos países dejan exentos los suministros médicos. Sin embargo, esta declaración no es correcta, pues ni Venezuela ni Irán pueden, por el momento, comprar estos suministros ni transportarlos con facilidad a sus países a causa de las sanciones que —sin olvidar que la principal responsabilidad recae en la incompetencia que han tenido los gobiernos de estas naciones en el manejo del sector salud— han contribuido a debilitar aún más los sistemas de atención médica, haciendo de estas poblaciones aún más vulnerables a brotes de enfermedades.

Venezuela, según advierten los profesionales en salud de ese país, no estaba preparada para una situación tan grave como la actual. El gobierno, cuya dirigencia incompetente y deshonesta dejó expuesta a la nación a una crisis como la actual, afirmó que las sanciones están perjudicando la compra de medicamentos y alimentos. En esto tienen razón. Los bancos y empresas extranjeras rechazan tener relaciones con el país. Nicolás Maduro recurrió al Fondo Monetario Internacional para pedir un financiamiento de US$5.000 millones para fortalecer el sistema de salud, pero la entidad rechazó su solicitud argumentando que su gobierno no es reconocido.

En el caso iraní está claro cómo las sanciones limitan los esfuerzos del gobierno por responder a la pandemia. En los últimos días, por ejemplo, Teherán desarrolló una aplicación virtual para ayudar a su población durante el brote de COVID-19, pero Google decidió eliminarla de su tienda de aplicaciones como consecuencia de las sanciones estadounidenses a este país. Las empresas, bancos e incluso gobiernos son reacios a violar en este momento las sanciones estadounidenses, pues temen enfrenar las consecuencias de sus acciones y, por ende, le han dado la espalda a Irán.

Incluso las organizaciones benéficas que tratan de enviar ayuda a Irán tienen dificultades para mover el dinero, según Sharif Nezam-Mafi, director de la Cámara de Comercio Suiza de Irán. “Todo lo que entra a Irán se está abriendo paso a través de lagunas, no de los canales humanitarios formales. Es como si estuvieran haciendo todo lo posible para que sea más difícil”, dice.

Por otro lado, el virus obligó a un cierre del transporte con China, una fuente primordial de la economía iraní, por lo que el futuro financiero de la nación se proyecta aún más oscuro de lo que estaba antes de la pandemia. Algo positivo es que las tiendas de todo el país están abastecidas, pues la mayoría de los productos que consumen los iraníes son producidos en el país, según dice Nezam-Mafi. “Esta autosuficiencia, fruto de años de aislamiento, funciona ahora en beneficio de Irán”, señala. Y aunque esto no es del todo suficiente, pues se necesita con urgencia el suministro de equipos médicos, también apunta a una reflexión importante: las sanciones parecen no estar funcionado según lo  esperado.

“La campaña de máxima presión de la administración de Donald Trump contra Irán ha resultado en pocos beneficios tangibles para Estados Unidos, pero, al mismo tiempo, los costos para la política del país están creciendo”, concluye Adam Taylor, reportero de asuntos exteriores de The Washington Post.

Varios líderes han intensificado sus llamados a EE. UU. en las últimas semanas para que alivien las sanciones en medio de la crisis mundial. “Estoy alentando la renuncia a las sanciones impuestas a los países para garantizar el acceso a alimentos, suministros de salud esenciales y apoyo médico de COVID-19. Este es el momento de la solidaridad, no de la exclusión. Recordemos que solo somos tan fuertes como el sistema de salud más débil en nuestro mundo interconectado”, escribió el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Guterres, en una carta dirigida a los miembros del G-20. “En este momento crucial, tanto por razones de salud pública mundial como para apoyar los derechos y la vida de millones de personas en estos países, las sanciones sectoriales deberían ser suavizadas o suspendidas”, añadió por su lado Michelle Bachelet, alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

Ellos no son los únicos. Un grupo de cubanos residentes en Estados Unidos inició una campaña en línea que pide al presidente Donald Trump levantar las restricciones económicas a Cuba, endurecidas por su administración, mientras dure la epidemia de coronavirus que asola al mundo. La petición ya acumula más de 7.500 firmas. Varios senadores del país le han pedido al secretario de Estado, Mike Pompeo, que el gobierno reflexione sobre el impacto de las sanciones financieras, pues su cumplimiento hace que las excepciones humanitarias sean ineficaces.

Pero la respuesta de Washington a los llamamientos de estos líderes ha sido totalmente la opuesta. La campaña de máxima presión de Trump sobre Irán y Venezuela se ha intensificado, y Trump ha enviado un mensaje contundente: ni siquiera la propagación de la pandemia salvará al mundo de sus sanciones. Y no solo se trata del gobierno, sino de algunas organizaciones. El grupo anti-iraní United Against Iran está instando a las compañías farmacéuticas a no venderle medicamentos a este país.

El consejo editorial de The New York Times declaró la semana que “renunciar a la presión máxima” en un momento como este sería “un movimiento diplomático prudente”. Incluso las agresivas sanciones que impuso el gobierno de George W. Bush fueron aliviadas cuando este país tuvo crisis humanitaria. “Acumular más sanciones mientras Irán sangra es moralmente incorrecto y parece terrible”, dice la editorial del diario neoyorquino. Y no se trata solo de las muertes que estas puedan causar en los países sancionados, sino que de esta manera se aumenta el riesgo de infección en los países vecinos y en todo el mundo.

“La pandemia del COVID-19 representa solo el último ejemplo de cómo las políticas destinadas a afectar a un solo país son contraproducentes en un mundo interconectado… La propagación del coronavirus demuestra hasta qué punto los enfoques existentes son inadecuados para abordar problemas del tamaño de un planeta. Mientras que Corea del Norte ilustra que incluso el exilio autoimpuesto perseguido por el gobierno de Kim Jong-un no puede protegerlo de la propagación de una pandemia global, el brote del virus en Irán revela tanto la ineficacia como la miopía de usar las sanciones como una herramienta de la política exterior”, explica Sonia Shah, periodista investigativa de The Nation.

Hay que aclarar que Estados Unidos no es el único país que emite sanciones. El COVID-19 podría causar un desastre en Gaza, pues la capacidad de los hospitales ya era escasa antes del brote de esta enfermedad, debido al bloqueo impuesto por Israel.

En el contexto actual, como explica Shah, con una mayor interdependencia global como quedó demostrado con la propagación del brote, los peligros son más complejos y las amenazas se dirigen a todos los sistemas en lugar de a una nación individual. El brote en Irán también se está extendiendo a países vecinos, lo que afectará los servicios de salud en Afganistán y Pakistán, por citar un ejemplo. Si Trump sostiene su posición de América primero en estos momentos de crisis seguramente desalentará la cooperación internacional para enfrentar la pandemia, destaca Shah. China, en cambio, ha protagonizado algunos de los últimos actos de generosidad en medio de la pandemia, tanto con sus aliados como con Occidente, por lo que se sugiere que este será un espacio para un nuevo pulso geopolítico entre las dos superpotencias.

“En el nivel más elemental de la compasión humanitaria, Estados Unidos debería estar a la vanguardia para ofrecer toda la ayuda que pueda. Eso puede no significar enviar suministros médicos como respiradores, que son escasos en todas partes, pero al menos debería despejar el camino para un préstamo del Fondo Monetario Internacional”, aconseja el editorial de “The New York Times”. El politólogo Ian Bremmer dice que, hasta ahora, a diferencia de crisis como la del 11 de septiembre de 2011 y la crisis económica de 2008, no hay liderazgo internacional de Estados Unidos ni una respuesta global coordinada.

 

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