Andrés Walker y Lina Marcela Cataño, los creadores de la escuela flotante

Con la llegada del invierno se pone a prueba el primer centro educativo del país que flota en caso de inundación. Esta idea se ganó la admiración de instituciones nacionales e internacionales que hicieron realidad el proyecto.
Andrés Walker y Lina Marcela Cataño, los creadores de la escuela flotante

Tres salones de 56 metros cuadrados, paredes blancas y techos azules decoran el paisaje de la ciénaga de la Zapatosa en el Cesar. A pesar de estar construidos con materiales livianos, se sostienen fuertes y resistentes sobre tierra firme. Parecen invulnerables y para los niños que viven en este municipio –que están acostumbrados a que su escuela se inunde dos veces al año– serán mágicos: ahora, cuando la lluvia llegue con ganas de quedarse, ya no tendrán que faltar a clase, porque el centro educativo flotará al nivel del agua a medida que esta se eleve. 

Las aulas, como los anfibios, se adaptan a diferentes entornos. Adoran la tierra, pero viven con la misma tranquilidad sobre el agua. Son polifacéticas y, en medio de las implacables temporadas invernales colombianas, se conectarán con el terreno seco gracias a un puente de setenta metros que espera ser utilizado en las próximas semanas si la lluvia insiste en caer a cántaros. 

Hace tres años, los antioqueños Andrés Walker y Lina Marcela Cataño –de 31 y 27 años respectivamente– empezaron a trabajar en este proyecto. En principio fue una propuesta universitaria, pero ahora se ha convertido en un ambicioso invento que podría cambiar la vida de decenas de comunidades que debían resignarse a quedar sumergidas hasta el cuello cuando llegaba el despiadado fenómeno de la Niña a arrasar. Después de muchos meses de investigación, ensayos y obstáculos, hace dos meses se inauguró la construcción piloto en Sempegua –un corregimiento del municipio de Chimichagua, Cesar– y ahora el agua amenaza con ponerla a prueba. 

 

DSC08814
Cortesía: Spin off Utópica-Eafit

 

Pensar en grande

Son curiosos y despiertos. Lo que ocurre a su alrededor los inquieta. No viven por inercia y no saben en qué consiste eso de cruzar los brazos. Nacieron para actuar y crear. Por eso, Lina Marcela y Andrés escogieron estudiar Ingeniería de diseño de producto, una carrera que les ha permitido tomar acciones frente a asuntos que les interesan o los conmueven. En algún momento de su carrera crearon herramientas, vehículos y dispositivos eléctricos, pero en el camino se han sentido más interesados por el trabajo social, y más dispuestos a cruzar barreras para darle bienestar a la sociedad.  

La pasión se contagia y la de ellos ha cruzado fronteras, por eso su sueño fue posible. La primera aliada de estos jóvenes y su empresa –paradójicamente se llama Utópica– fue la Universidad Eafit de Medellín, de la cual se graduaron. Es una idea en la que trabajan juntos los exalumnos y la institución, en un equipo que ha recibido el apoyo de Colciencias, la ONU, la Unión Europea y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y Desastres, entre otros organismos, que les han dado la posibilidad de tener un financiamiento. Además, gracias a este proyecto, Lina fue una de las ganadoras de los Premios TR35, que entrega el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts y que en su momento ganó Mark Zuckerberg. «Los premios indican cómo se percibe lo que se ha hecho, contribuyen a la divulgación del proyecto y visibilizan las necesidades de las poblaciones vulnerables», asegura Lina.  

 

A prueba de agua

El ideal es que los lugares se adapten a las personas que los habitan, no al contrario. «Cuando conocimos el drama de las poblaciones afectadas por el invierno –explica Andrés– y fuimos conscientes de que estas no quieren ser reubicadas, que les interesa vivir cerca de los ríos y las ciénagas, empezamos a idear el proyecto». La idea cogió forma poco a poco y se convirtió en una realidad que espera a largo plazo usar la ingeniería para solucionar diferentes problemáticas sociales. Con las olas invernales solían tomarse medidas después del desastre, la intención de estos jóvenes es adelantarse y prevenir para no tener que curar. 

 

Casas
Cortesía: Spin off Utópica-Eafit
 

En Europa han usado modelos similares, pero los costos por casa pueden ascender a los 40 000 euros, así que el proyecto de los paisas parece mentira. Todavía no quieren hablar de un costo exacto, ya que todavía están haciendo ajustes y tratando de disminuir cifras, pero la intención es llegar al precio establecido por el Gobierno para la vivienda de interés social. 

Aunque el proyecto piloto es un centro educativo, la investigación se hizo pensando en construir poblados flotantes. Cada casa se sostendrá a la tierra firme con pilotes, pero estará construida sobre materiales que permitirán que ascienda con el agua y flote en caso de inundación, y descienda a medida que el cauce disminuya. Se calcula que las casas tendrán un tamaño de 64 metros cuadrados, que podrán ser habitadas por seis personas y que contarán con dos alcobas, cocina y área social. Además, que tenga baños secos –que no necesitan agua para funcionar–, paneles solares y sistemas de recolección de aguas lluvias. 

«Es una iniciativa que produce muchas satisfacciones –cuenta Lina–. Es muy gratificante ver cómo cambia el imaginario que tienen las comunidades sobre sí mismas. Se aprecian más. Esos intangibles son muy valiosos». 

Luego de la inauguración del centro educativo, Andrés y Lina siguen trabajando. «Soñamos con comunidades flotantes que cuenten con centros de salud, espacios públicos sobre el agua y módulos comerciales –dice Lina–. Me gusta pensar que la utopía puede ser uno de los estados primarios de la realidad». 

 

Viviendas Flotantes from Giovanny Ramirez on Vimeo.