Conversaciones con el ex ciclista Cochise Rodríguez

Cochise, nuestro campeón de toda la vida, fue de nuevo noticia a sus 71 años, esta vez porque su pensión no le llegaba, y anunciaba el campeón estar próximo a la quiebra.
Conversaciones con el ex ciclista Cochise Rodríguez

Arreglado el entuerto, visitamos al único ciclista con apodo de un jefe apache, coequipero de lujo en 1975 del capo de capos, Felice Gimondi, muchos trofeos en su armario y una historia de amor de corrido mexicano. Su vida por etapas.

 

Cómo explicarle que, si bien la demora de siete meses en el pago de su pensión es un tema importante como para que él salga a reclamar en los noticieros, ese no es en el fondo el motivo de mi visita. Más bien, esa es mi excusa troyana para entrar en su casa a ver si todavía tiene ese Corazón de Jesús que Gonzalo Arango, por allá en 1968, describiera en CROMOS como el más feo del mundo.Cómo decirle que sus dos títulos mundiales son un orgullo para todos por ser de los primeros ganados por un colombiano fuera del terruño. Obtuvo el récord mundial de la hora en México en el 70; y en el 71, en Varese, Italia, triunfó en los cuatro mil metros persecución individual. ¡Todo un gran mérito! Sin embargo, yo me inclino más por su otra proeza, la del corazón, la de haber enamorado desde su humildad, proveniente del barrio Guayabal, hace 42 años, a la mujer ideal de Laureles, bella, prestante y distinguida.Cómo hacerle ver que, si bien sus cuatro triunfos en la Vuelta a Colombia en bicicleta forman parte de la historia y el orgullo nacionales. Yo quiero que me adorne con detalles esa otra vuelta, la fatídica, la que él quisiera olvidar, en que tuvo que retirarse, ante el malestar y la sospecha de haber comido chulo por pollo, con los respectivos retorcijones y remordimientos.El gran Cochise vive en Alameda, un barrio tradicional de Medellín, muy cerca de la Univerdidad Bolivariana. Frente a su casa, en la que vive hace 35 años, una mata corpulenta con muchas flores rosadas en la solapa, hace guardia. Acá la llaman San Joaquín, pero es la misma a la que en Bogotá le dicen Cayena y en los diccionarios bautizan como Flor del beso, Cardenales o Rosa China.Me recibe, impecable, su señora, María Cristina Correa Restrepo, con un pantalón negro, una blusa negra con sutiles olas de encaje horizontales y una sonrisa Chanel. Ella es la madre de los tres hijos del campeón: la mayor se llama Marcela, que acaba de llegar, con su hijo Matías, de Italia y de una separación; luego sigue Daniel, que tiene la edad de la casa, y el menor, Sebastián, quien tiene 31 años. Los hombres andan más metidos en negocios de gastronomía que de pedales y bielas.

_EEJ3753"Si usted ve fotos de Cochise joven, uno tenía su porte. Tuve muchas admiradoras, pero pocas ganas de casarme... hasta que me casé."

"Martín no demora", me dice su esposa, mientras cierra la reja con candado y deja la puerta principal abierta, una costumbre muy grata de tierra caliente. El fresco de la calle hace embudo en el corredor y cae directo en el comedor donde me siento a tomar un té frío en vaso whiskero con portavasos de electroplata, mientras el abuelo regresa con su nieto de clase de karate. La puerta abierta, trancada con una piedra para que no se golpee, no me deja ver si todavía por dentro cuelga ese famoso Corazón de Jesús que un nadaísta despistado, con unos tequilas de más, confundió con fuego para prender su cigarrillo.¡Qué paradoja! Que en esta época de grandes héroes y triunfos deportivos, Cochise sea noticia porque Coldeportes no le paga. ¿Qué pasaba con su pensión?

Estaba congelada y desde enero no recibía un peso. Tengo tres millones represados en predial, de la casa, porque no he pagado en todo ese tiempo. Ya me están llamando para pagar la salud, que tampoco la he pagado. Y tengo colgadas cuatro cuotas del seguro de vida. Pero eso ya se subsanó, afortunadamente. Parece que alguien pegó el jalón de orejas y ya. Me parece que fue el Presidente.Así como antes su lugar era la pista, ¿cuál es el lugar donde uno fijo lo encuentra?Yo voy mucho a un taller de bicicletas, Pulgarín, donde nos reunimos y hablamos de ciclismo, en San Juan con la 74. Allá hay un barcito y nos sentamos ahí y tomamos fresco, tintico, gaseosa y de pronto una cervecita, y hablamos del entrenamiento que vamos a hacer mañana, del entrenamiento que hicimos el domingo, de la carrera recreativa que viene.Lo vi en el Palacio de Nariño, con Presidente a bordo, celebrando con Nairo Quintana sus logros en el Tour de Francia. ¿En su época los homenajes eran iguales o eso también ha cambiado mucho?Sí. Fue un homenaje muy bonito… A ver, el homenaje puede ser igual porque, por ejemplo, cuando gané el título mundial en Italia, me llevaron por todo Bogotá en carro de bomberos, y desde los edificios me tiraban confetis. Pero a él le van a dar un carrito para su familia, y a uno no le hacían eso... solo los confetis.Según Wikipedia, Cochise corrió el Tour de Francia en 1975 y terminó en el puesto No. 27...Sí, claro. Terminé de 27, pero es que la gente no entiende que no podía hacer nada, porque cuando uno se va para Europa a un equipo de Europa, es para trabajarle al líder y eso me tocó a mí, trabajarle al líder.¿Quién era su líder?Gimondi, Felice Gimondi, el capo del equipo. Él me apreciaba mucho porque yo tenía una fortaleza bárbara y si él pinchaba yo lo llevaba rápido al lote.¿Y en ese tiempo los colombianos sí se enteraban como hoy de lo que usted hacía o deshacía en el Tour de Francia?No, como ahora no. Ave María si estábamos muy solos. Si lográbamos algo había que llamar a la familia a contarles, hoy basta que prendan los noticieros. No había esta televisión que hay ahora tan eficiente, ya no tan preñada con el fútbol, fútbol, fútbol, sino que ya es variadito, y ahí van Catherine Ibargüen, Mariana Pajón y Nairo Quintana.

_EEJ3728"Antes, cuando competíamos por fuera, estábamos muy solos. No había esta televisión que hay ahora tan eficiente, ya no tan preñada con el fútbol, fútbol, fútbol". 

¿Cuál cree que es la fortaleza de Nairo?La fortaleza de Nairo es haberse criado en altura. Eso, porque la hemoglobina que se obtiene en altura es mucha, y la testosterona que se adquiere viene con la hemoglobina…¿Cómo es su estilo, comparado con el de Nairo?¿Mi estilo? Eso nace con cada uno de los ciclistas. Lo que pasa es que Nairo es más bajito y más liviano que yo. Yo medía, en ese momento, 1,80, claro que luego me he venido encogiendo. No me he medido, pero yo creo que se me han venido achicando los huesitos. (Suelta la risa.) Él, creo, pesa 66 kilos, y yo pesaba 72. Ahora voy por los 80.¿Qué lo hacía a usted un deportista especial?Que descendía bien y en la cronómetro me iba bien.¿Cuántos latidos por minuto?Tenía 33, que hoy andan por los 44. A pesar de mi edad son pocos y cuando entreno bastante se me reducen más.¿Cuál era su secreto?Dormir bien, comer bien. No me trasnochaba y entrenaba rigurosamente. Mi mamá, Gertrudis Gutiérrez, me hacía unos brebajes los machos de hígado crudo, pajarilla cruda, licuados con mora, para que no supieran tan maluco. Eso es hierro puro. Yo mantenía con la hemoglobina arriba, y esa era la fortaleza de uno. ¿Cuál es la EPS suya? Bueno, la que sea es mala. La mejor EPS se llama Ejercicio Para la Salud; haga ejercicio, hermano, yo hago ejercicio. Hoy, por ejemplo, subí a Las Palmas... ¡y no fue en moto!¿En cuánto?¡Ah no! No, el tiempo sí no se lo digo.¿Cuántos kilómetros entonces?Son 16 kilómetros subiendo, y después me fui a voltear en plano dos horitas en el aeroparque, o sea que me hice por ahí 80 kilómetros. El mejor montadero que tenemos en el país se llama aeroparque Juan Pablo II, pa' que no lo vayan a quitar; queda paralelo al aeropuerto Olaya Herrera. De pronto hay amenazas para poner ahí otra cosa, pero ojalá que no. Eso se llena de niñitos, jóvenes y adultos para pedalear en 1600 metros, una milla.¿Cuál es su mayor orgullo como deportista?El primero, haber salido a representar el país en los Centroamericanos en Jamaica. Eso fue un triunfo en Kingston. Otro fue la primera salida y el primer título que conquisté en los 4000 metros. Después, las cuatro vueltas a Colombia: en el 63, 64, 66 y 67. Y con mucho orgullo puedo decir, porque yo no subía bien, que gané una vuelta a Colombia ganando la montaña y las metas volantes; eso no lo hace nadie. Ningún ciclista que yo conozca hace esa proeza de ganar las metas volantes y la montaña. Y Cochise la ganó. También me enorgullece haber ganado dos títulos mundiales. El récord mundial de la hora, que fue el primer título que se conseguía para Colombia a nivel mundial, en México en el 70; y los 4000 metros de persecución individual, en Varese, Italia, en el año 71.***

Mientras él hace memoria de sus premios, me pego con los ojos como cucarachas por mesas, anaqueles y repisas, en busca de copas, bandejas o placas, y no veo nínguna. Cochise me ataja y me aclara que los trofeos de sus triunfos andan guardados en un armario del segundo piso, porque para su esposa María Cristina era un suplicio mantener las manchas de la plata a raya. En la casa, ella es la que manda.

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Ser ídolo en su época y serlo hoy, ¿se parece o hay muchas diferencias?Hay muchas diferencias. Una es que los medios de comunicación hoy en día son muy "alharacudos", en el sentido bueno, y van detrás de los deportistas. Otra es la parte económica.¿Hoy pagan más?¡Ave María! A un ciclista hoy en día así cotizado, le dan 700 000 o el millón de euros por temporada.¿Y en su época?No, yo me fui obligado casi que sin ningún contratico, porque como a mí me declararon profesional... Un chivo expiatorio que se llamaba Edgar A. Senior me hizo declarar profesional. ¿Y quién era ese señor?Un barranquillero que no tenía que ver con la dirección de nada, no tenía que ver con el periodismo, no era deportista sino un chivo expiatorio. A partir de ese señor, lancé al aire la frase aquella que Germán Castro Caycedo usa en sus charlas y me da los créditos, que dice que "en Colombia la gente muere más de envidia que de cáncer".¿Y por qué lo declaró profesional?Por hacerme el daño. Porque antes no había profesionalismo, uno corría amateur por lo que le daban a uno, medallitas y cositas, pero ese señor creía que uno tenía que seguir recibiendo medallitas y no podía recibir ni un peso.¿Cómo lo afectó que lo volvieran profesional?Me afectó porque yo no pude ir a las olimpiadas en Múnich, Alemania, en 1972, donde era favorito para la prueba de los 4000 metros. Ya había hecho el récord mundial de la hora en 1970. El campeonato mundial de los 4000 metros lo había ganado en Italia, en Varese en 1971, y lo que seguía eran las olimpiadas, era el saltico ahí y ya.Pero, ¿por qué le creyeron a ese señor?¡Ah!, porque aquí somos así…O había algún complot detrás de todo eso...A lo mejor, para sacarme a mí de la competencia, porque yo era favorito en los 4000 metros. Porque usted sabe que los europeos veían a los de América como unos indios y yo podía ganarles. Finalmente, ¿cuánto le pagaron en su mejor momento?¿En el mejor momento? Yo creo que fue la vez que armé un equipo para Castalia cuando vine de Europa. Me dijeron que conformara un equipo y traje a Alfonso Flórez de Bucaramanga, y a seis ciclistas más para correr la Vuelta a Colombia en el 76. Esa fue la vez que más me pagaron y figúrese que yo en esa vuelta me tuve que retirar. La única que me retiré y creo que por culpa de un chulo.¿Cómo así?Me enferme en Tunja, llegué a Bogotá maluco y al otro día salí, veníamos con Álvaro Pachón en fuga, pasamos por Girardot con cinco minutos de ventaja, llegamos a Gualanday y yo ya venía mal, no podía con las piernas. Me había comido un pollo en Tunja, pero parecía un pollo volador, me acuerdo de que me pareció raro que cada pata fuera tan larga. Yo creo que era un chulo. No se veía negro, pero la vi negra y me tuve que retirar muy mal.¿Cuánto le pagaron?Creo que me dieron, en ese tiempo, 200 000 pesos. Con esa plata compré una tierrita en El Peñón, que todavía tengo.¿A usted la fama nunca lo puso mal?No, yo la supe manejar. Nada de estar por ahí de parranda, primero porque a mí no me gusta trasnochar. Es que nosotros hemos sido una familia muy unida. Mi señora no es de esas fiesteras, de esas que hacen alarde por tener esto, no, no, hemos sido muy discretos, no vamos a heladerías, no vamos a discotecas nocturnas. Yo soy muy casero y ella es muy casera, somos muy del vecindario.***Cochise se para un momento, va a buscar su chaqueta roja de Coldeportes y yo aprovecho para revisar detrás de la puerta a ver si todavía sigue ahí el famoso Corazón de Jesús, y si es cierto que iluminaba más que el equipo de sonido de un taxista. Miro y no hay nada.***

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¿Qué pasó con el Sagrado Corazón de Jesús detrás de su puerta que criticó Gonzalo Arango en un reportaje en Cromos?Ya no lo tengo. Ese se lo llevó mi mamá para Miami y se enterró con ella. (Se le enciende la cara.) No sé si fue aquí o fue en la otra casa en el barrio Simón Bolívar. Bueno, ese Corazón de Jesús ganó premio nacional de periodismo, y según el nadaísta, echaba destellos. ¿A usted le gustó ese reportaje?Ni me gustó ni me chocó, porque era una entrevista que me había hecho un periodista, pero a mi mamá sí le disgustó mucho porque ella era muy católica y le dolía que se metieran con su Corazón de Jesús.¿Cuál es la historia de ese cuadro?Yo se lo había traído a mi mamá de una vuelta a México, y se lo hice enmarcar... y Gonzalo Arango lo desenmarcó. (Se ríe con ganas.) Daniel Samper Pizano me defendió mucho. Él se indignó por esa entrevista y en un clásico Santa Fe-Millonarios, en el Campín, me comentó que no le había gustado que el escritor viniera a mi casa a criticarla.¿Extraña algo en su vida?Yo sí extraño cómo se saludaba uno con la gente. Aquí en Medellín todavía se usa eso. En otros sitios, no. Hace ocho días estábamos en Bogotá viendo un circuito y pasaba la gente, y pasó una señora y le dije: ¡Que Dios la bendiga! Y pasó rápido como si le estuviera echando un piropo, cuando antes era bonito responder: ¡Amén y a usted también!Algo que en la juventud no le ponía bolas y que ahora a los 70 ve muy claro.De pronto un poquito de indisciplina. Ahora veo claro que, en realidad, ahí está el éxito verdadero. De joven no hubo nadie que me dijera con énfasis que, si quería ser un verdadero campeón, tenía que tener mucha disciplina, tenía que restringirme mucho. No era que yo me mantuviera en la calle tomando, pero usted sabe que el peluche tira mucho.¿Muchas admiradoras?¡Claro! Y teniendo éxito, porque yo desde los 15 años empecé a ser triunfador. Si usted ve fotos de Cochise joven, uno tenía su porte. Tuve muchas admiradoras, pero pocas ganas de casarme.¿Cómo fue su romance con su esposa, María Cristina Correa Restrepo? Un hombre humilde con una niña bien de Medellín. Es como de novela.Sí, de novela prácticamente. Su abuelo fue el fundador de Bancoquia. Su tío, Jorge Restrepo Uribe, fue alcalde de Medellín y el creador del Idea, una institución para prestar plata a los municipios; y tenía un tío sacerdote, rector de la Bolivariana, Monseñor Eugenio Restrepo Uribe, que fue el que nos casó. Y su papá, Félix Correa Acevedo, un gran abogado. O sea que ella era una niña bien.¿Y cómo se fijó en usted?Yo no sé.Pero, ¿cómo se conocieron?Ella iba al velódromo a ver a un amigo que montaba, un vecino del barrio allá en Laureles. Entonces, la veía y después yo iba y pasaba por un sitio donde ella cogía el bus. Y ahí fuimos entablando una relación. ¿Y la familia de ella que opinaba?¡Ah no! El papá era muy reacio por lo que Cochise era un donjuán. Entonces, yo le llevaba serenatas y le ponía El plebeyo, de Pedro Infante, pa’ chuzarlo, claro: "Ella de noble cuna / Y yo humilde plebeyo / No es distinta la sangre / Ni es otro el corazón. / Señor por qué los seres / No son de igual valor".Y al final, ¿qué pasó?Ah, resignación. Admitió la derrota porque él creía que este matrimonio iba a ser efímero, y ya llevamos 42 años. Aparte de que, si no había mucho aprecio hacia el yerno, uno tenía respeto por el suegro y por la suegra y uno pues, los invitaba a la tierrita en El Peñón tranquilamente.

_EEJ3756El día de la boda (sentados de derecha a izquierda): Félix Correa Acevedo y Martha Restrepo Uribe, los papás de la novia, junto a la mamá de Cochise, Gertrudis Gutiérrez. (De pie, el último a la izquierda) Monseñor Eugenio Restrepo Uribe, tío de la novia, quien finalmente casó al campeón con María Cristina Correa Restrepo.

 

Finalmente, ¿el suegro fue una persona amigable?Fue amigable y ya se fue de cajón. Mi suegra, Martha Restrepo Uribe, tiene más de 80 y todavía maneja carro.***Le pido a Cochise que me muestre unas fotos de su matrimonio y se oye desde la cocina la voz de su esposa que pregunta con sorna: ¡Martín! ¿Alguna vez te casaste conmigo? Al rato, aparece ella con dos álbumes, busco una foto de la pareja en plena celebración con la madre del novio y los padres de la novia. Solo encontré una. El suegro aparece poco.***Ahora que veo a su hija mayor, Marcela, en la casa, y las fotos de sus otros dos hijos, ¿qué siente usted por no haber podido disfrutar a su papá?No lo conocí. Yo tenía 15 días de nacido cuando murió. Se llamaba Victoriano Rodríguez. El no tener papá, pues, uno tan pequeño, no hace mucha escama ni nada, pero sí hace falta porque en la parte económica, en la parte sentimental de familia, mi mamá, doña Gestrudis, tuvo que luchar con seis hijos: tres hijos y tres hijas. Entonces, por eso yo empecé a trabajar desde temprana edad en una droguería haciendo domicilios en bicicleta para ayudarle.¿Cuál es la gran lección de su mamá, doña Gertrudis?La parte de la disciplina. Para ella, si era a las doce que había que almorzar, se almorzaba a las doce; si había que acostarse a las siete de la noche, había que acostarse a las siete de la noche. En ese tiempo no había televisión.Era rígida.Sí. Ella era templada. Uno la desobedecía y primero había una pela con correa o con fuete de ese de ganado.¿Es cierto que su apodo, Cochise, es sacado de una película del viejo oeste?Estando en la escuela Alfonso López, en Manrique, yo tenía como diez añitos y, entonces, nos llevaron a ver una película del indio Cochise. No sé si se llamaba La flecha roja. Me impactó porque era muy aguerrido. Él luchaba mucho por su tribu, porque los blancos les robaban las indias, que eran muy bonitas, y el ganado. Y el protagonista, Cochise, peleaba a punta de hacha y de flecha. Me enamoré de la leyenda de Cochise. Y, entonces, yo mismo me lo puse y, cuando nos íbamos a jugar en la cancha de la escuela, mis amigos decían "Cochise, juegue de defensa. Cochise va a tapar", y ahí quedé Cochise.En el 2012 agregó el apodo a su nombre, Martín Emilio Cochise Rodríguez, en la cédula, con la intención de atraer electorado para las elecciones al Concejo de Medellín.Para el segundo período. Ya había sido concejal. Yo dije "ah, la gente solo conoce a Cochise, a Martín Emilio no lo conoce nadie". Entonces mandé a meter el Cochise en la cédula. Pero la cédula salió a los dos años, cuando ya había pasado la campaña, y quedé como el perro de la RCA, Víctor, de ladito.¿Cuánto tiempo estuvo de concejal?Cuatro años. No me gustaron las mañas de la política. Vos sacás un proyecto y de pronto te lo tumban porque no estás en la coalición. Por ejemplo, yo quería que saliera el Banco del Deporte, lo puse en un proyecto, pero como no estás en coalición, ¡pa’l canasto!¿Qué tienen los políticos que usted no tiene?Eso de lamer mucho. A mí me gusta ganar por mi propia cuenta. Que lo que yo consiga sea porque me lo conseguí, bien ganado, sin lagartearle a nadie.Martín, ¿para qué le sirvió ser famoso y popular?Para mucho, la gente lo respeta a uno y yo por eso fui concejal, por voto popular. Yo era el único concejal que tenía las puertas abiertas.¿La gente joven sabe quién es Cochise?Muy poquito, pero el papá les dice quién es Cochise. Este es Cochise, elegido el deportista colombiano del siglo XX.A los 71 años, ¿en quién cree?En Dios, en mi familia y, de pronto, en algún amigo leal.¿Pocos amigos?Muy pocos. Dígame uno."El ñatico", Javier Suárez, ha sido un gran amigo. Él sabe que fue uno de mis rivales más fuertes en el ascenso, con él perdí la Vuelta a Colombia en 1965 por dos minutos, pero ha sido un amigo muy honesto. Gran compañero.Ahora que en la TV hacen tantas novelas de cantantes y deportistas, ¿le gustaría que hicieran su historia en televisión?Claro, hay tema como para una novela. Contar cómo empezó todo, lo díscolo que era, porque uno tuvo sus aventuras. Por ahí una niña me contactó para hacer una película de Cochise, pero no ha vuelto.

 

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Cochise con su nieto, Matías, quien en vez de ciclismo prefiere ir a clases de Karate en compañía de su abuelo.

 

Fotos: Esteban Escobar / Archivo cromos / Archivo particular