Impactantes imágenes de la sangrienta protesta en Egipto

Desde el pasado 3 de julio, cuando un golpe militar derrocó al presidente Mohamed Morsi, Egipto se desangra a cuentagotas.
Impactantes imágenes de la sangrienta protesta en Egipto
Egipto parece una nación en la que los intereses de sus hijos no caben en su territorio. Tras los treinta años de dictadura de Hosni Mubarak, que terminaron con la llamada Primavera Árabe hace apenas tres años, una incipiente democracia en cabeza de Mohamed Morsi, el primer líder político elegido en las urnas en tres décadas, se fue abriendo paso como un renacimiento. Pero la democracia resistió más bien poco. El pasado 3 de julio Abdel Fatah al-Sisi, ministro de defensa y jefe del ejército, derrocó al Presidente y provocó una sangrienta revuelta que tiene visos de terminar en una guerra civil.  La reacción de los seguidores de Mursi, los Hermanos Musulmanes, no tardó en germinar. Pero así como al ejército de Sisi no le tembló la mano para destronar a Morsi, sofocó con puño de hierro las manifestaciones multitudinarias en todo el país. De los tres millones de personas que salieron en las principales ciudades (Egipto tiene 83 millones de habitantes en total), 1000 fueron asesinadas la tercera semana de agosto; 300 de ellas cayeron en las inmediaciones de Rabaa al-Adawiya, una de las plazas más concurridas de El Cairo, la capital.      EGYPT-POLITICS-UNREST La Primavera Árabe, que inició en el 2010 en Túnez y rápidamente se extendió por el resto de países norafricanos, enseñó a los egipcios a protestar contra sus dictadores.  Morsi, cuyo paradero actual es desconocido, ganó las elecciones en junio de 2012 al obtener el 51 % de los votos. Pero su popularidad empezó caer debido a una serie de reformas que apuntaban a la concentración del poder en su figura presidencial y el intento por gobernar según las costumbres más radicales  del Islam. No fue la mejor medida para un país en transición. A las protestas de la oposición, a finales del año pasado, se sumó las de la fuerza pública encabezada por el general al-Sisi, quien aprovechó el descontento generalizado para prender la mecha. La salida forzada de Morsi fue el detonante para que en las calles las arengas se transformaran en un polvorín en contra de los Hermanos Musulmanes, quienes antes fueron considerados héroes y hoy son vistos como terroristas.   EGIPTO CRISIS Una vez concretado el golpe militar, el menú diario han sido los enfrentamientos entre los partidarios del presidente depuesto contra el ejército y sus civiles simpatizantes, que ven en Adli Mansur, presidente interino, una segunda oportunidad para hacer borrón y cuenta nueva. ¡Pero a qué precio! Hasta los partidarios de Hosni Mubarak han terciado a favor del antiguo dictador. A la salida forzada de Morsi se le añade la reciente captura de Mohamed Badie, máximo líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, en las inmediaciones de la mezquita de Rabaa al-Adawiya, lugar de reunión de los islamistas. Y la cacería continúa. El presidente estadounidense Barack Obama condenó “con firmeza los pasos dados por el gobierno interino y las fuerzas de seguridad”, sin atreverse a tildar de golpe militar la jugada del general al-Sisi. Con la Unión Europea y Estados Unidos sin saber cómo proceder en la cuestión egipcia, el humo de los disparos hace difícil vislumbrar una salida que no esté teñida de sangre. ¿Se empeñará el pie de fuerza en desarticular a la brava a los Hermanos Musulmanes? Si la respuesta es afirmativa, la tierra de Tutankamón y las pirámides seguirá hundida en un conflicto que tiene síntomas de una guerra civil. Y eso sería un infierno para una nación que hace apenas dos años vivía una reluciente primavera. 

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