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hace 1 hora

Cecilia Braekhus es la cartagenera que hoy reina en el boxeo femenino

Esta una mujer nórdica con pasión latina en la sangre tiene tres títulos mundiales. CROMOS la visitó en Berlín, su lugar de entrenamiento.
Cecilia Braekhus es la cartagenera que hoy reina en el boxeo femenino

En ese momento no siente nada diferente a su sangre recorriendo su cuerpo. Su mente la domina. Ni siquiera oye los gritos de la gente y no le presta atención a la cámara de televisión que la acosa. ¡Tin, tin! Suena la campana y en segundos, como si despertara, regresa a la realidad, sus pies se aseguran contra el piso y sus brazos exhiben su posición de ataque. Dentro de su cabeza escucha los latidos de su corazón, las venas se dilatan y sus músculos se estiran.

Los gritos que no oye corean su apellido: “Braekhus, Braekhus”. Es difícil saber qué pasa por la cabeza de una campeona mundial de boxeo cada vez que defiende su título. Pero a Cecilia Braekhus, la dueña de este cinturón, casi siempre le pasa igual: se concentra y va descubriendo que es parecido a lo que imagina en su casa, en las noches previas a una pelea. “Puedo oír al público, sentir el olor, la textura del suelo y es como si estuviera en el ring”.

En la escena real es también difícil imaginarlo. Tiene esa expresión deportiva de liberar brazos y piernas hacia abajo, como si pesaran. Sonríe con esa mueca particular que da el protector en la boca, y sus cejas tatuadas, lo mejor para burlar la prohibición del maquillaje, la muestran expresiva. “Ahí es cuando mi mente está lista. Esto es clave, es todo en el boxeo”.

Está vestida de satín blanco, pantaloneta amplia y camiseta, y sus trenzas dibujan caminos en su cabeza. Su contendora es Mia St. John, una mexicano-estadounidense vestida de rosado chillón, con una faldita a lo María Sharapova, y que hace unos años se graduó de conejita cuando mostró guantes y piel en Playboy. Pero aquí la cosa es peleando.

Mia St. John, Cecilia Braeckhus

La mexicano -estadounidense Mia St. John retó a Cecilia Braekhus, pero en el momento del encuentro solo resistió cinco minutos y 38 segundos.

 

La campana suena por segunda vez. ¡Tin, tin! De nuevo el viaje interno, la conexión con cada músculo y la reacción precisa. En cuestión de centésimas vuelve a sentir el piso, el ruido, el sudor. Cecilia ya lleva ventaja y descompone a su contendora con golpes al abdomen y a la cara.

Y la campana suena por última vez. ¡Tin, tin! Hay más golpes, más control y la boxeadora de rosado tambalea. Faltan 22 segundos para que termine el tercer asalto. El árbitro alza los brazos y sentencia nocaut técnico. Bastaron cinco minutos y 38 segundos para que Cecilia Braekhus retuviera su título mundial.

Ahora el frenesí es un buen recuerdo y de nuevo la cotidianidad: entrenamiento, días libres y boxeo. Son las tres de la tarde en Berlín, hace sol pero el viento de esta ciudad vuelve a decepcionar a los optimistas del calor. Cecilia lleva unos jeans ajustados, tenis, una camiseta blanca, una chaqueta negra de cuero, el pelo suelto y sonríe, siempre sonríe. En su cara no hay seña de una pelea reciente, se mueve de manera delicada y con sus manos largas y finas se quita las gafas de sol.

Señoras y señores, con ustedes Cecilia Braekhus, la campeona de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA), el Consejo Mundial de Boxeo (WBC) y la Organización Mundial de Boxeo (WBO), categoría peso wélter. 31 años, 1,71 metros, 65,6 kilos, 22 peleas ganadas como profesional, cinco por nocaut. Así la anuncia el presentador en el ring y también dice que es cartagenera, colombiana.

 Antes de empezar a contar la historia, pide un té verde. De su niñez en Cartagena no sabe mucho pues se fue a los tres años. El último recuerdo que tiene de Colombia fue cuando regresó unos años después con sus padres, que adoptaron otro colombiano, pero de Barranquilla. 

Se llama Cecilia Carmen Linda, una combinación poco sonora que la lleva a sus raíces. “Mi nombre real es Cecilia del Carmen Martínez. A mis padres les gustaba el Carmen y el Linda surgió porque cuando mi mamá me vio se enamoró de mí y dijo ‘qué linda’, aunque en Noruega el nombre no significa nada. Es una mezcla de mis dos mundos”. Así creció en Berge, la segunda ciudad del país nórdico, famosa por el pescado y por ser la entrada a los fiordos noruegos. 

Cecilia no sabe nada de sus padres biológicos, solo que cuando era una bebé su mamá la entregó a una tía y cada mes les enviaba dinero. Pero un día la mesada dejó de llegar y no se supo más. La tía la llevó después a Bienestar Familiar y allí comenzó su segunda historia. “No sé si tengo familiares, quizás no quiero saber... Mis padres me aman, no creo que ninguno me quiera más que ellos. No siento que haga falta algo”.

Esta campeona podría confundirse entre la gente en cualquier calle de Cartagena, Bogotá o Cali, pero en español pierde por nocaut. En esencia es una negra con temperamento Caribe que el destino llevó al norte y le añadió algo de frío. Curiosamente, habla de ellos (los noruegos) y de nosotros (cuando habla como noruega). “Ellos son diferentes, no hablan duro, son reservados, se cuidan de salirse de lo establecido. Creo que en mí se dio una mezcla perfecta: la pasión y ser capaz de parar y pensar la mejor opción”.

 La pasión es evidente, el boxeo es su vida. No se imagina sin entrenar a diario, sin sentir toda la adrenalina del ring, sin los viajes y la tensión segundos antes del campanazo que anuncia un round. A simple vista no luce tan fuerte como en el ring, lleva pintada la boca de rojo y sus ojos delineados. Se ve cálida, tranquila, sin afán. Se toma el tiempo para pensar y responder y para darle otro sorbo al té.

Su amor por el deporte comenzó a los 13 años, cuando era la joven inquieta llena de energía que decidió ponerse guantes mientras sus amigos hacían cosas más normales, como ir de fiesta. Comenzó en el kickboxing, que mezcla boxeo y artes marciales, y durante un año salía todas las noches de su casa a entrenar a escondidas de sus padres, que en un comienzo trataron de disuadirla. “Mi mamá dijo no y yo dije sí”. Al final, le aceptó un sí: el de tener que terminar el colegio.

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SUS BOXEADORAS, las de sudadera negra, esperan clasificar a los Juegos Olímpicos de Rio 2016. Braekhus es embajadora de la fundación Bring Children from Streets (Trae niños de la calle), de Kampala, Uganda. 

Cecilia no se detuvo. Fue campeona europea y mundial de kickboxing, pero su motivación iba más allá de entrenar y obtener títulos. Cuando necesitó un nuevo reto, viró hacia el boxeo, esta vez con todo el apoyo de sus padres. 

A los 20 años ya era amateur y se encontró con otro obstáculo: en Noruega el boxeo profesional está prohibido. Decidió dar el gran paso en Alemania. A los 25 firmó con uno de los equipos de boxeo más importantes de Europa y llegó a Berlín. “Estaba aterrada, solo había hombres en el gimnasio, boxeadores y entrenadores, no conocía a nadie y no sabía el idioma. Pero era algo a lo que no podía decir no”.

Y comenzó a entrenar para ser campeona. Se volvió de la familia Sauerland Event, como se llama la empresa, y cuando ganó en 2009 no solo le trajo el primer título mundial femenino a su equipo sino que se ganó el sobrenombre de ‘The first lady’ (La primera dama). 

Pero ella no parece darle mucha importancia a eso de ser campeona mundial. En el fondo sabe que es la mejor y que en Noruega es gloria nacional, que en el medio boxístico la respetan y que no le teme a ninguna de sus retadoras. Y aunque su cuenta de twitter va en aumento (ya tiene más de cuatro mil seguidores), la fama es algo que no la desconcentra. “Este es un deporte muy difícil física y mentalmente. Hay que entrenar y ganar, en el boxeo si no se gana estás fuera”.

El miedo tampoco cabe en su trabajo. Un simple repicar de la campana en el ring podría alborotarlo, acabar con su fuerza, pero Cecilia lo tiene dominado. No importa si se enfrenta a una mujer superior, a golpes que solo puede calcular en el instante, a tener lesiones y hasta arriesgar la vida. “No hay espacio para esos momentos negativos, por eso lo trabajo en mi mente. Lo hago porque quiero, porque amo hacerlo, amo experimentarlo. Por eso esto no es para todos”.

Sabe que en la realidad puede haber esos segundos para actuar rápido y ganar, o para descontrolarse y perder. Pero su estrategia es mantenerse fuerte, nunca bajar la guardia, ni siquiera cuando los nervios atacan después de que un puño bien recibido la deja en total oscuridad y viendo lucecitas. Para Cecilia es algo común que supera con técnica y algo de actuación, pues mostrarse débil puede ser el final.

Sí, ella sabe que sobre el ring hay sueños, retos y pasión, pero también un show: suicida y morboso para algunos, emocionante para otros. Es un deporte que entró a la era del entretenimiento y quien se ponga los guantes se debe al público, que espera que su ídolo nunca termine oyendo el conteo del juez. “La gente viene a ver un espectáculo, viajan a donde peleo, compran una boleta y hay que mostrar un buen show. Se ha vuelto muy competido, porque hay televisión, patrocinadores. Es como en el fútbol o el tenis”.

Sin embargo, sus tres títulos son más que un programa de televisión. Son el resultado de su pasión por los retos y de una técnica que ella define así: inteligencia, capacidad de leer a su oponente y ser defensiva y agresiva al mismo tiempo. Una mezcla casi perfecta a la que solo le faltan más nocauts. “Solo tengo cinco y eso es lo que el público quiere ver”.

Cecilia también rompió esquemas y ahora,  como ‘La primera dama’, quiere dejar huella pues ser mujer en el boxeo no es fácil. “Además de ser buena e inteligente, hay que tener un estilo, hablar con las personas, con la prensa, nos toca mostrarnos y, si se es bonita, mejor. Eso en los hombres nunca ha importado. Es muy duro porque para que transmitan en televisión una pelea hay que tener todo a la vez”.

En esta lucha por demostrar que es una buena boxeadora seguirá hasta que se retire. “Creo que estaré en el boxeo unos tres años más”, dice, y afirma que a lo duro del deporte también se le puede sacar provecho. Ahora pelea, pero también hace contactos. Cuando cuelgue los guantes, se ve como comentarista, organizadora de eventos y como la marca de su propia línea de ropa deportiva.

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Cecilia Braekhus descubrió su pasión por el boxeo a los 13 años, cuando vivía en Noruega. Ahora como profesional en Berlín, no se detiene para seguir en el primer lugar y su rutina de entrenamiento no diferencia estaciones.

Si las hermanas Williams, Federer, Beckham, la Sharapova y Ronaldo lo hacen, ¿por qué no Cecilia Braekhus? En realidad, esa marca ya existe y ya empezó a dar frutos, aunque no para ella. Hace seis años un amigo la invitó a un proyecto social en Uganda y ella aceptó. La idea era conseguir fondos para ayudar a niños y jóvenes a dotar sus escuelas. Cecilia aclara que ella es solo una embajadora de un grupo de trabajadores, pero su nombre ha servido, le creen. Hoy en Uganda hay tres gimnasios de boxeo, para niños y niñas, y un campo de entrenamiento de fútbol. 

En internet están los videos de sus visitas a Uganda, sonriendo, como siempre. “Ha aprendido mucho de ellos, han tenido una vida que no podría imaginar y son felices. En Noruega la gente no lo es porque no tienen suficiente, nadie dice hola en las calles ni se miran a los ojos, mientras allá uno es siempre bienvenido, todos se ayudan. Me avergüenzo cuando veo a los jovencitos llorar porque no tienen el nuevo iPhone”. Su nueva misión es conseguir más fondos para construir un acueducto que beneficiaría a un millón de personas, aunque sabe que no todos darían dinero a un grupo de gente en un lugar lejano.

Tan lejano como siente a Colombia. Su país natal le genera mucha curiosidad. Quiere visitarlo. No conoce la música, no sabía, tampoco,  que Enis Pacheco, otra costeña, es también campeona mundial. “Quiero saber más, ¿es seguro ir?”, pregunta, y piensa en unas vacaciones en el mar.

Probablemente irá por fin a Colombia. Por ahora seguirá entre Noruega y Alemania, una escapada a alguna playa del Medio Oriente y de nuevo al boxeo, a sus rutinas que no la apartan de su condición de mujer. 

Sí, Cecilia conoce los prejuicios sobre su trabajo, pero su profesión no pelea ni con el maquillaje ni con los vestidos. De esto ya sabe bastante, cuando posa en largas sesiones de fotos para los medios o patrocinadores. Y claro, para no salirse del estereotipo. Del femenino, confiesa otras pasiones: las carteras, los zapatos y las gafas de sol. 

De nuevo sonríe, esta vez para hablar de hombres. No es complicado imaginar la cara de un conquistador espontáneo cuando ella les dice qué hace para vivir. Ha salido bien librada y algunos consideran su profesión muy “cool”. Ella solo espera que quien quiera conquistarla sea un tipo relajado, divertido y con objetivos. ¿Y un boxeador? No lo cree posible.

Por ahora la ‘primera dama’ tiene todo bajo control. Su próxima gran cita en el ring será el 7 de septiembre contra la boxeadora dominicana Oxandia Castillo, campeona mundial de peso súper welter. ¡Tin, tin!, sonará la campana, y no oirá los gritos ni verá las luces ni las cámaras que la siguen. Bastarán solo unos segundos para volver a la realidad, para sentir que su mente gobierna su cuerpo y descubrir que su vida y su felicidad están en sus manos. 

 Fotos: Bernd Wende/PhotoWende

 

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