La tercera generación de los Coppola llega al Festival Internacional de Cine de Venecia

Se llama Gia, es nieta de Francis Ford y sobrina de Sofia, pero parece estar lejos del talento de su abuelo o su tía, como lo demuestra su película Palo Alto.
La tercera generación de los Coppola llega al Festival Internacional de Cine de Venecia

Muy parecida físicamente a Sofía, de la que ha heredado la languidez y el estilo, Gia defendió hoy su película, que compite en la sección paralela Horizontes, una historia de adolescentes y con unos actores que están por encima de un guión basado en un relato de James Franco.

El actor y director tenía claro desde el principio que no debía ser él quien adaptara la historia y decidió pedirle a Gia Coppola, de la que conocía su trabajo en fotografía y vídeo, que se encargara del proyecto porque tenía el "sentido estético adecuado y el espíritu justo para hacerlo".

La realizadora, que ahora tiene 26 años, decidió aceptar el encargo porque tenía "nostalgia" de cuando era joven y le encantan las películas que tratan sobre adolescentes.

Dos años duró el trabajo de preparación de una película protagonizada por Emma Roberts, sobrina de Julia, y por Jack Kilmer, hijo de Val, con papeles para Franco, Val Kilmer y Jacqui Getty, madre de la directora.

De pocas palabras y menos respuestas, la joven realizadora muestra en público la misma actitud un tanto indolente de su famosa tía, pero no le gustan las comparaciones con ella ni con su abuelo, el gran Francis Ford Coppola.

"Para mí era muy importante tener mi propia voz. Me encanta el trabajo de mi familia y les pido consejo a menudo, pero era importante tener mi voz", explicó Gia antes de reconocer una semejanza con su abuelo: "yo también hago vino".

En Palo Alto, Coppola cuenta una historia muchas veces vista en el cine. La de un grupo de adolescentes, aún en el instituto, que viven más para lo que piensan los demás que para ellos mismos. Faltos de atención y sobrados de dinero, este grupo de adolescentes mimados vuelcan en el sexo, las fiestas y las envidias todas sus energías.

Bien rodada y con algunos momentos estéticamente destacables, a la película le falta potencia y arrastra el déficit de una historia que no tiene nada de original. Destaca el trabajo de la pareja protagonista. Roberts, que persiguió el papel porque le había gustado mucho la novela, y Kilmer, para quien es su debut en la actuación, según explicó Coppola.

Un grupo de amigos y de nombres conocidos que formaron una especie de gran familia, que celebraban fiestas juntos y cenaban en casa de Jacqui Getty, que se encargaba de cocinar para todos. Relaciones impulsadas por la realizadora para que los actores establecieran unos lazos que les permitiera trabajar más cómodamente al interpretar a amigos en la pantalla.

Una historia de líneas difusas que no pretende ser un modelo de comportamiento para los adolescentes y que la directora preparó rodando una pequeña versión de 45 minutos con sus amigos.

De esta forma se preparó para trabajar con actores y diálogos, algo que no había hecho antes. La idea partió de Franco, profesor de cine y que utiliza ese método a menudo con sus alumnos.