La universidad fraudulenta de Donald Trump

Un nuevo escándalo sacude la imagen del empresario, ahora por un supuesto fraude de la universidad que fundó en 2004. Les prometió a sus estudiantes aconsejarlos en persona, pero solo se pudieron tomarse fotos con un dummy.
La universidad fraudulenta de Donald Trump

A primera vista parece una paradoja más del capitalismo: Donald Trump, una de sus figuras más exitosas, envuelta en un escándalo de fraude. Así sea precisamente gracias a los escándalos y las controversias que suscita en televisión, prensa, e Internet donde Trump, más allá de su emporio avaluado en 3,2 billones de dólares, ha labrado su propia marca.

El último capítulo lo protagonizó a finales de agosto, cuando el fiscal general de Nueva York, Eric Schneiderman, los demandó a él y a la Trump University por cargos de fraude, conducta engañosa y violación a la Ley de protección al consumidor. La demanda representa a 5000 personas que buscan una restitución por 40 millones de dólares pagados en cursos engañosos que inicialmente prometían revelar secretos y técnicas de inversión en bienes raíces.

Muy a tono con el Donald Trump de la serie El aprendiz (NBC), los estadounidenses se acostumbraron a ver en sus pantallas a un personaje frívolo, intimidante y bravucón que, de la misma forma que repartía regaños a diestra y siniestra, también descollaba por su poder y arrogancia: razones de sobra que sedujeron a muchos a matricularse en la Universidad Trump.

El “gancho” inicial consistía en una presentación gratuita de 90 minutos con consejos para invertir en bienes raíces, la cual hacía parte extensiva de un seminario de tres días que costaba 1500 dólares, el cual a su vez continuaba con “cursos élite” por un valor entre los 10 000 y 35 000 dólares.

En las propagandas de televisión, Donald Trump prometía dar presentaciones personales, además de ofrecer prácticas a los estudiantes para hacer transacciones de bienes raíces con fondos privados y un año de soporte de aprendizaje. Al final, Trump nunca apareció en ninguna lección y todo quedó reducido a bases de datos con contactos para recaudar fondos.

El desconcierto de los estudiantes llegó al límite al final del curso cuando, en espera de la foto de graduación al lado de Trump, terminaron posando junto a un maniquí con su imagen.

Las primeras denuncias aparecieron en mayo de 2011, cuando docenas de personas se quejaron del engaño ante las autoridades de Nueva York, Florida e Illinois. La tormenta alcanzó nuevos bríos al darse a conocer que, de 2004 a 2010, la universidad no tenía licencia de funcionamiento a pesar de las advertencias de la Secretaría de Educación del Estado de Nueva York. ¿La solución? Modificar el nombre de Trump University por Trump Entrepeneur Institute.

Trump salió al paso de las críticas con su manera habitual: disparando diatribas por las redes sociales –tiene 2,5 millones de seguidores en Twitter– para desvirtuar al fiscal Schneiderman, aduciendo que se trataba de rencillas que ambos tuvieron en el pasado.

Cierto o falso, será la Corte la que determine cuál es la verdad. Por ahora lo único que puede constatarse es que la marca Trump funciona, así sea generando polémica y odios. Y Donald lo sabe.