Bashar al-Asad de médico a presidente tirano de Siria

Este oftalmólogo prometió regresar la democracia al país, pronto demostró que llevaba en la sangre las maneras de dictador de su padre. 
Bashar al-Asad de médico a presidente tirano de Siria

Hasta 1994, Bashar al-Asad solo tenía cabeza para la medicina, el surf y el voleibol. Con 29 años, vivía en Londres, era tímido y silencioso, y había escogido como especialidad la oftalmología porque así no tendría que lidiar con la muerte de sus pacientes, quienes, además, no lo llamarían a deshoras. Era la oveja negra de su familia, el hijo aparentemente pacífico de Hafez al-Asad, ese político déspota que sometió a Siria a tres décadas de férrea dictadura y que terminó cediéndole el poder a Bashar, un tirano en potencia.

Las cosas no se dieron como estaban planeadas. Se suponía que el heredero del trono sería Bassel, el hermano mayor de Bashar, pero no contaban con que moriría en un accidente de tránsito que obligaría al oftalmólogo a regresar a su país para empezar a entrenarse en las artes de la política y el manejo del poder. Entró a la Academia Militar en Homs y en cinco años pasó por todos los rangos hasta llegar al de coronel: debía estar preparado para reemplazar a su padre después de que falleciera y así evitar que su tío, Rifaat, se aprovechara de la situación y se tomara el poder, como intentó hacerlo en 1983, cuando Hafez estuvo hospitalizado por problemas cardiacos. Ese líder codicioso y calculador no podía permitir que con su muerte acabara la dinastía, y menos en manos de un hermano traidor.

Hafez falleció en junio de 2000, antes de lo esperado. Bashar solo tenía 34 años. En Siria, la mínima edad exigida para asumir la presidencia es de 40. El parlamento, sin embargo, ágil en las maniobras sucias del poder, votó apresuradamente para disminuir la edad requerida y, en un referendo público en el que no hubo más candidatos, Al-Asad fue elegido, con 97 % de los votos, por un periodo de siete años que luego se alargó siete más.

En los medios, Bashar es un hombre relajado, tímido y cortés, pero quienes lo conocen de cerca aseguran que no es lo que parece. «Es imprevisible, temperamental, indeciso, va de la racionalidad a la irracionalidad, es delirante y lo persiguen ideas de conspiración», aseguró a CNN Andrew Tabler, del Instituto Washington para la Política de Oriente Próximo. Por su parte, Abdel Halim Khaddam –ex vicepresidente de Siria– contó que es cruel y fluctuante: «Puedes discutir un tema con él por la mañana y otra persona llega y cambia su opinión. Políticamente, no tiene una ideología consistente; cambia de opinión de acuerdo con sus intereses y los del régimen». Su carácter explica por qué a su llegada a la presidencia hizo promesas y luego se echó para atrás. 

 

TUNISIA SYRIA PRO ASSAD

 

El día en que se posesionó anunció: «Haré mi mejor esfuerzo para llevar a nuestro país a que cumpla con las esperanzas y las ambiciones legítimas de nuestra gente». El pueblo le creyó y él intentó cumplir. Después de 30 años de represión a la oposición y de censura mediática, Bashar empezó por liberar a los disidentes, construyó zonas de libre comercio, otorgó licencias a más periódicos, introdujo Internet en el país, permitió la apertura de cibercafés y llevó nuevas tecnologías a las escuelas. Pero estas medidas se implementaron a medias o retrocedieron: liberó 700 presos, pero 4000 permanecieron en la cárcel; el parlamento pasó una ley que exige que los chats sean públicos; redes sociales como YouTube y Facebook fueron bloqueadas, y los medios son controlados por el Estado. 

Ante el retroceso, en marzo de 2011 el pueblo protestó y Bashar «dio órdenes para utilizar todos los medios para aplastar la revolución», dijo en CNN Khaddam. A pesar de la indignación de la comunidad internacional frente al uso de la fuerza, el líder sirio no se detuvo –alegaba que los rebeldes eran terroristas financiados por agitadores extranjeros– y desencadenó una guerra civil que aún no cesa y ya ha dejado 100 000 muertos –1400 de ellos perecieron el pasado 21 de agosto en el ataque con gas sarín–, y hay dos millones de desplazados, en un país con 22 millones de habitantes.

Aparte de la personalidad explosiva y variable de Bashar, se dice que detrás de su mano dura se encuentra su familia –que lo presiona con la urgencia de permanecer en el poder–: su hermano Maher es jefe de la Guardia Republicana; el esposo de su hermana, Asef Shawkat, es segundo al mando en las Fuerzas Armadas; su primo Rami Makhlouf es una de las figuras más poderosas en el medio económico, y su esposa Asma es una adicta al despilfarro que gasta decenas de miles de euros en compras por Internet. 

Ahora, Bashar negocia con Rusia la entrega de su arsenal de armas químicas bajo la condición de que Estados Unidos deje de amenazar con involucrarse en el conflicto de Siria: «Cuando veamos que Estados Unidos realmente desea estabilidad en nuestra región y deje de amenazar, de empeñarse en atacar, y también deje de entregar armas a los terroristas, entonces creeremos que todos los procedimientos necesarios pueden ser finalizados», dijo el mandatario, según la BBC. Un médico indeciso, de mente errática y ánimo indescifrable tiene el destino de Oriente Próximo entre sus manos.