Ricardo Torres, el hombre detrás de la imagen de La Selección

Este fotógrafo bogotano ha estado detrás de los proyectos más exitosos del Canal Caracol y obtuvo un India Catalina por/ Escobar, el patrón del mal/. 
Ricardo Torres, el hombre detrás de la imagen de La Selección

Viendo a su papá restaurar obras de arte, le nació la fascinación por la imagen. Al comienzo se inspiró en la ciudad. Bogotá le ofrecía a sus ojos esa luz y esa magia que lo hizo soñar con ser fotógrafo de arquitectura. Mientras estudiaba y crecía en su numerosa familia -once hermanos de sangre y otros más de corazón que su padre recogía de las alcantarillas-, Ricardo Torres aprendió a manejar la cámara. 

Se dejó llevar por el cine europeo y todavía recuerda el impacto que causó en su mente Cenizas y diamantes, la primera cinta polaca que vio. Su inquietud lo llevó a Francia, donde ya había estudiado uno de sus hermanos mayores. Empezó con historia del arte, pero su objetivo era llegar a la Escuela de Cine de ?ód?, la misma donde había estudiado Roman Polanski. Y lo logró. Esa fue la puerta que se le abrió para empezar a trabajar en dos largometrajes. Fue uno de los primeros extranjeros que trabajó en Polonia haciendo cine en aquella época. 

La mujer de luto, un corto que codirigió con quien fuera su esposa, Helene Dabrowsi, en 1989, obtuvo buena crítica de la prensa, incluso del New York Times, y ganó una mención en el Festival de Canadá. Ese gran acierto le dio gasolina para seguir trabajando en Polonia durante siete años. «Descubrí que hacer dos o tres películas no quiere decir que ya hiciste cine. Aun así, las personas que conocí marcaron mi vida como profesional. Uno de ellos fue David Putnam, un productor que luego sería presidente de Unicef. Fue un puñado de gente de la que aprendí mucho».

CAP 41 - PABLO ESCOBAR - MUERTE DE GALAN (9)

La vida lo llevaría a Estados Unidos, donde trabajó para MTV; hizo algunos documentales y conoció a los mejores fotógrafos italianos. «Los gringos hacen cine con lo mejor que hay en el mundo». Sintió que era hora de regresar a su país. Curiosamente llegó a hacer televisión, una experiencia nueva y que no era bien vista en la élite de los cineastas en la que se movía. 

«Se burlaban de la televisión, se pensaba que no hacer cine era como una falta de seguridad. Ya no estoy de acuerdo, porque la televisión es una técnica digna para experimentar, y no solo para criticar». A su regreso, hizo la fotografía para la exitosa serie De pies a cabeza y para El putas de Aguadas.

Pero esos dos años en Colombia significaron mucho más que el regreso a su hogar. Fueron el reencuentro con un mundo que había dejado y que le faltaba vivir. Mientras estudiaba y cumplía su sueño de hacer cine en Polonia con la gente más cercana a su ídolo Polanski, su familia había seguido con la vocación de ayudar a niños de la calle y había encontrado con ingenio muchas formas de ayudar cuando ya no podían seguir llevándoselos para su casa. 

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Sus hermanos habían creado al Fundación Ponte en su lugar y entraban a las «ollas» bogotanas a llevar comida, ropa, medicinas, a curar heridas y llevar consuelo. Ricardo se conectó otra vez con aquella realidad. Y esta vez lo hizo con cámara en mano. Fueron muchas las horas que pasó fotografiando niños de la calle. Tenía la idea de dejar plasmadas sus experiencias, pero luego pensó que esas imágenes servirían para algo.

Finalmente encontró que lograrían sensibilizar más afuera que dentro del país. En el año 2000 se ganó un premio convocado por Amnistía Internacional y sus fotografías estuvieron en varias oportunidades en exposiciones itinerantes por el mundo. El drama de un país que arroja a sus niños a la calle, a la droga y el delito, logró despertar solidaridad en el exterior y encontró la manera de hacer su aporte al trabajo que su familia ya había desplegado con tanto esfuerzo. «Yo creo que ese es mi servicio por estar en este mundo. Hay gente que se va de vacaciones o de cacería; yo trato de ayudar».

El trabajo lo llevó de nuevo a Estados Unidos, exploró los documentales, hizo magacines, películas. Volvió a Polonia, se casó, tuvo una hija. Iba y venía. No se volvió a desconectar de Colombia. De hecho volvió a trabajar en televisión. Pero hace cinco años decidió quedarse otra vez y lo hizo vinculándose a los proyectos más exitosos del Canal Caracol en estos años: ha trabajado en fotografía de novelas como Vecinos, Amar y temer y este año se ganó el Premio India Catalina por Escobar, el patrón del mal. Su más reciente éxito ha sido con La Selección, que termina esta semana en su primera temporada (ya está trabajando en la segunda). 

Lo más importante, finalmente, es que Ricardo Torres sigue explorando con la misma sensibilidad del primer día los problemas sociales del país. 

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