La apuesta que perdió Diego Costa, el brasileño que prefirió jugar con España

Tras la eliminación de la selección española de Brasil 2014, el delantero terminó doblemente damnificado. Salió chiflado del Maracaná después de jugar un discreto primer tiempo ante Chile y perdió la apuesta que hizo al renunciar a ser miembro de la selección anfitriona. Perfil del niño pobre que guerreaba el balón en las favelas brasileñas.
La apuesta que perdió Diego Costa, el brasileño que prefirió jugar con España

Como otros futbolistas brasileros, Diego Costa empezó jugando en las calles de su pueblo. A codazo limpio (expresión que en este caso aplica literal) se abrió camino en improvisados campos de fútbol callejeros porque las necesidades en su hogar no le permitían ir a una escuela para practicar el deporte para el que había sido destinado al nacer: su papá lo bautizó así, en honor a Maradona.

Sin formación en categorías inferiores, Diego forjó su estilo en la calle. “Me acostumbré a un fútbol en el que veía a los mayores soltar codazos a los demás. Y creía que era lo normal”, dijo alguna vez recordando sus inicios.

Así, sin mucha orientación, Diego llegó a los 16 años, momento en el que su familia consideró necesario buscarle una oportunidad seria de mostrar el talento que veían en el adolescente. Y fue un tío el que consiguió que presentara una prueba la división juvenil del Barcelona Esportivo Capela, en Sao Paulo.

Y como sucede en las historias de deportistas que superan la adversidad, tuvo la buena suerte de que allí, en el campo de juego, estaba un reconocido representante de jugadores, Jorge Mendes, quien le dio un contrato para ir al Sporting de Braga, en Portugal

Costa llegó a Europa a los 18 años, sin experiencia y con un talento en bruto. “En el campo me peleaba con todos, no podía controlarme. Insultaba a los demás, no tenía respeto por el contrario. Pensaba que había que matarse. Ahora he aprendido que si no respetas al rival te quedas atrás”, recordó.

Ese fue el comienzo de una carrera en lo profesional que lo llevaría a deambular por siete equipos en seis temporadas: Estando en Portugal, el Atlético de Madrid lo fichó, pero lo vio tan biche que lo puso a rodar primero por el Celta, el Valladolid, el Albacete y el Rayo Vallecano, antes de jugar en firme con su escuadra colchonera.

ESPAÑA FÚTBOL ATLETICO MADRID

Costa junto a su compañero Tiago en pleno entrenamiento.

La temporada 2011 - 2012 fue la que lo vio brillar. En tres partidos hizo cuatro goles y puso a la afición a hablar de él. Y al Atlético también, porque recordaron que ese jovencito que habían cedido de equipo en equipo era de ellos y era hora de traerlo a casa.

Pero a pesar de que había probado su fuerza, la llegada al Atlético fue difícil. Tuvo que ganarse un cupo primero en contra de la norma que impide a los equipos tener más de tres jugadores de nacionalidad diferente a la Unión Europea y, segundo,  pelando contra figuras como el Kun Agüero y Diego Forlán. No fue a la Supercopa de Europa ante el Inter de Milán y jugó 28 partidos de la Liga en condición de suplente. Luego llegaron Falcao y Adrián y la titularidad se venía cada vez más lejos.

Fue en ese momento que una grave lesión de rodilla (rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco interno de la rodilla derecha) lo dejó seis meses fuera de juego. Su regreso fue igual de disputado, pero esta vez contó con la fortuna de que Salvio fue vendido al Benfica y le dejó el camino libre a Costa para, por fin, tener la titularidad asegurada.

Tendría que seguir a la sombra de Falcao para volver a brillar, pero Diego no se venció: “Cuando las cosas no me salen, por lo menos me peleo. Hay días en que todo te sale con la pelota, te vas de uno, de dos… Pero cuando no me sale, pues intento suplirlo con la pelea. Corro… Si corres al menos engañas un poco”. Esa fue su consigna.

Y le sirvió porque demostró que podría convertirse en un excelente compañero de Falcao. Fue ahí donde mostró su coraje y corazón, según le reconocería después Vicente Calderón. De ahí en adelante su campaña es mucho más reconocida, al punto de que Vicente del Bosque lo convocara para la sección española.

Su actitud fue tan criticada que el propio Diego Costa tuvo que grabar un video que se colgó en la página del Atlético para explicar su decisión:

“Ha sido una decisión complicada por todo lo que supone decidir entre el país donde naciste y el país que te lo dio todo, que es España. Lo pensé muchas veces y lo correcto es jugar en España porque aquí lo he hecho todo. Todo lo que tengo en mi vida me lo ha dado este país, al que tengo un cariño muy especial. Aquí me siento muy valorado por todo lo que hago diariamente y siento el cariño de la gente”.

“Quiero que la gente entienda que en ningún momento hago una renuncia a Brasil. No lo veo así. Simplemente que aquí me siento valorado, he hecho mi carrera. Todo lo que soy se lo debo a este país. Ha sido una decisión muy pensada, pero no ha sido una renuncia”.

La polémica fue muy dura. En Brasil lo tildaron de traidor, aunque en Lagarto, su pueblo natal, una encuesta marcó que el 90% de la gente apoyaba su decisión. El técnico del seleccionado brasilero Luiz Felipe Scolari lo atacó sin misericordia. Varios futbolistas de su país lo apoyaron y la Confederación Brasileña de Fútbol llegó a considerar sancionarlo quitándole la nacionalidad brasileña, para que otros futbolistas se alejen de la idea de seguir sus pasos.  

Él, en su momento, dijo que no se arrepientía y que tenía razones suficientes para argumentar su decisión. Y para comprobarlo anunció que quiere terminar sus días de futbolista jugando en Brasil.

Habrá que preguntarle si después de la estruendosa derrota de la selección española, sigue pensando lo mismo. Definitivamente a Costa no le salió bien la apuesta.

 

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