«No me gustan las cámaras» Ruven Afanador

Uno de los fotógrafos más codiciados por las grandes revistas y estrellas del mundo del espectáculo, nos abrió las puertas de su apartamento.
«No me gustan las cámaras» Ruven Afanador

Después del colegio iba a la relojería de su papá, que quedaba en el Parque Centenario de Bucaramanga, y le hacía mandados al banco o cosas así, menos los jueves, porque a partir de las tres de la tarde tenía una cita inaplazable en una venta de revistas y caramelos que había cerca de la relojería. Todos los jueves llegaba ahí y sabía que estaba la nueva edición de CROMOS de esa semana. Para él –confiesa Ruven– siempre fue su conexión con el otro mundo, porque su vida en Bucaramanga era muy de Bucaramanga. Por eso CROMOS le traía algo que para él era supremamente internacional, así fuese solo lo bogotano. Fue una relación muy especial. Guardaba las revistas, las coleccionaba, sobre todo las de las reinas, las paredes de su habitación estaban llenas de recortes de la revista. Dejarla a los 14 años, cuando se fue a vivir a Estados Unidos, alimentó su tristeza tanto o más como haber dejado en Colombia a Seiko, su mascota, un pastor alemán bautizado con el nombre del reloj favorito de su papá relojero.

Ahora, muchos años después, la revista golpea en la puerta  de su apartamento en Nueva York, para saber de él, no ya del niño ingenuo de Bucaramanga, sino del  santandereano con 30 años en el mundo de la fotografía, codiciado por las grandes revistas y estrellas del mundo, habitante antiguo del vecindario de Chelsea mucho antes de que se pusiera de moda. Cuando había más gendarmería que galerías y el ambiente bohemio era más rancio, con aire de malandrines y meretrices en sus aceras.

A la entrada de su penthouse, a una cuadra de su oficina, junto a una puerta grande café, y un cuadrado iluminado como un acuario con tres letra adentro, PHE, nuestro anfitrión con sus seis pies y dos pulgadas de estatura nos da la bienvenida, no sin antes prevenirnos de que no se pueden tomar fotos en el apartamento, que con las que le tomamos en su oficina es suficiente. Ya adentro, no me preocupa la prohibición, porque la diferencia entre su casa y su despacho es la certeza de que aquí sus asistentes no entran, de que la cocina abierta sí se usa, de que las ventanas más altas muestran más ciudad y de que hay un cuarto adicional más amplio, con una cama; de resto, en ambos lugares se respira el mismo ambiente inodoro y ordenado, con altas paredes blancas, con fotografías enmarcadas en blanco y negro.

Seguramente, ahí colgará alguna de sus imágenes recientes de Robert Redford durante el Festival de Sundance para la nueva portada de The Hollywood Reporter; o alguna de la modelo Helena Christensen para la portada de Madame Figaro. Lo único que me duele no poder mostrar en estas páginas es la lámpara del comedor, un pesado riel hecho con escombros de las torres gemelas.

 

¿Cuál es su afán cuando va a tomar una foto? Que le caiga bien a la persona, que cuando le muestre la foto sienta que existe una razón por la cual yo se la haya tomado.  

¿Suele andar con una cámara en la mano? Solo la del teléfono.

¿La cámara la usa solo para el photo shoot? Sí, no me gustan las cámaras ni los lentes, nunca he sido aficionado a esas cosas. Mis asistentes manejan mis cámaras. Ni siquiera sé detalles de la cámara. Yo creo las imágenes, sé qué cámara necesito,  pero a mí no me gustan.  A veces cuando me preguntan mi opinión en cámaras o cuál es la cámara con la cual  hice esto, ni siquiera sé.  

Y yo que quería mostrarle mi Nikon J1, a ver cómo le parecía. (Se la muestro.) Me parece bonita que sea blanca. No sabría qué tipo de píxeles, ni qué tipo de tarjeta, ni cómo funciona la tarjeta con el cable, esas cosas jamás me han llamado la atención. O sea,  yo nada de cámaras personales.  

Mucha gente lo debe buscar porque piensa que usted es una biblia en eso.  Sí, pero eso es parte del concepto de que si una persona es un director de cine, va a saber exactamente qué cámaras usar, cómo se usan y todo eso. Lo mismo el fotógrafo. En realidad en muchos aspectos no tiene nada que ver, es más el ojo de la persona.  

¿Para usted qué significa mirar? Es algo tan natural… Al principio, cuando hacía una toma y había como dos mil imágenes, pensaba cómo voy a hacer todo eso. Ahora puedo revisar una cantidad de imágenes supremamente rápido. Hoy estoy haciendo una edición y esta mañana revisaba alrededor de ocho mil imágenes. Frente a la cámara es la misma idea, si estoy haciendo imágenes, también es algo tan natural e instintivo que ya se hace casi sin pensar.  

¿Hay más obsesión a través de la cámara? Sí, yo creo que la cámara es un arma que da más libertad. Cuando estoy haciendo fotos, me siento más cómodo con el personaje cuando tengo la cámara. Con la cámara hay más confianza, se rompen las distancias.  

DSC_0081
Momo / Afp 

 

Los tenistas se lesionan los hombros. ¿Cuál es la dolencia física de un fotógrafo? Normalmente la espalda. En realidad el desgaste físico es tremendo, porque no importa dónde estés ni cuánto te ha costado llegar a la locación. Tienes que funcionar igual como si nada. Físicamente es muy intenso.  

¿Un lugar al que le haya costado trabajo llegar? Uno fue en Islandia, concretamente llegar al punto donde íbamos a hacer unas fotos en un iceberg. Teníamos que llegar en un bote y fue eterno. Cuando llegamos, era súper peligroso. Ese tipo de cosas no las volveré a hacer. A veces, por la emoción de hacerlo,  se corren riesgos que después dices «¡Qué locura!».  

¿Cuánto tiempo estuvo en el iceberg? Estuvimos bastante porque fue durante el tiempo que no oscurece, como seis o siete horas. Por la corriente fue bastante peligroso, todo el mundo tenía entendido que si se caía al agua no había forma de sacarlo. Y ahí es cuando ves todas las situaciones que se vuelven peligrosas sin razón.  

Ese personaje que posó para usted y fue muy difícil, y que todavía recuerda.  Hay tantos... En general todos los personajes tienen nervios, la misma ansiedad, para ellos tampoco es necesariamente fácil. Para mí, si el personaje comienza a ponerse difícil, lo veo como un proceso de seducción. No se me viene a la mente alguien con quien nunca se haya llegado a resolver el asunto.  

¿Es mejor cuando conoce al personaje o cuando no lo conoce? ¿Qué prefiere? Prefiero no saber mucho del personaje. Generalmente, con el personaje que estoy fotografiando hay una razón por la cual está posando, puede ser una película nueva, un libro, lo que sea, entonces prefiero no saber mucho de lo que están promoviendo. Cuanto menos sepa, creo que es mejor. Es más estresante cuando sé mucho y me han dado demasiada información. 

El señor de los espejos

¿Ruven es un hombre de rituales? Sí, pero depende, no es nada obsesivo, pero me gusta la tradición en las cosas. Yo creo que voy más por ese lado.  

¿Y en la fotografía tiene algún ritual específico? Yo soy muy organizado.  Me gusta transformar el espacio donde estamos haciendo el trabajo, porque nunca es en un estudio que sea mío, siempre es en diferentes lugares. Hay una estética en la forma en la que se prepara el estudio. Hay un ritual.  

¿Le gustan los espejos? ¿A mí? Mucho. Hacen parte de todo mi proceso. Mi manera favorita de comunicarme con mis personajes es mirarlos a través del espejo cuando se están preparando.  

¿No los mira directamente, sino a través de los espejos? Sí, cuando ellos se están preparando es cuando yo más hablo con las personas.  

¡Ah!, a través del espejo. Sí.  

Dígame algo que le dé mucho gusto mirar en la calle. ¿En la calle? Si estamos hablando de algo, diría que la gente. Cuando yo voy en el carro, sin mirar el celular ni nada, quiero aprovechar el momento del tránsito. No importa que haya mucho tráfico, observar toda la gente es estimulante.  

¿Ese gusto de mirar a la gente lo ha tenido desde niño? Siempre.  

¿Mirando tías, familiares, vecinos? Siempre mirando.  

¿Más mirando que hablando? Sí. Siempre he sido así. Soy tímido. He asimilado muchísima información visual.   

Dicen que uno es lo que ha visto en su infancia. Visualmente, ¿qué vio de niño? Pues toda mi niñez en Bucaramanga fue especial. Muy agradable en todos los aspectos. Ahora me acuerdo de los paseos al río, a La Mesa de los Santos, a varios lugares del área. De todo, al lado de mis hermanas. Mi vida era muy centrada en Bucaramanga, mi familia no viajaba por todo el país, ni al exterior.  

Santander era el país.  Bucaramanga.  

¿Qué pasa en la familia de Ruven Afanador para que se vayan a buscar fortuna a Michigan? ¿Alguna quiebra, inseguridad? ¿Qué pasa en la familia? Simplemente mis padres tenían cuatro hijos y ya había llegado el momento de que fueran a estudiar sus carreras en el extranjero. Que yo sepa no había una quiebra de por medio o un momento de inseguridad. Lo que ellos han dicho era que querían poder proveer una educación, que se las podían brindar mejor en Estados Unidos. Además, en esos tiempos la educación en Colombia no es como es hoy.  

¿Usted llega a Michigan a los catorce años? Sí. Fue un cambio muy duro irme de lo que había conocido toda la vida… dejar casi de un momento a otro tu esencia. El entrar a otro país, a otra cultura donde quedas literalmente mudo. Hubo una época, como de tres años, muy difícil. Porque a mí me costó mucho aprender el idioma. Eso fue muy fuerte.  

¿Tenía alguna mascota? Un perro. Que tuve que dejar en Colombia. Se llamaba Seiko.  

¡Seiko! ¿Cómo la marca de relojes? Sí. (Se ríe llevando sus dientes hacia adelante). Era una de las marcas favoritas de mi papá.   

DSCN3293
Momo / Afp   

¿Y qué perro era? Un pastor alemán. Me dio lástima dejarlo, pero siento que ya había tenido una vida muy completa con él. En realidad esa parte no me dolió… Yo no me fui llorando. Fue la siguiente semana cuando llegué y me encontré totalmente desconectado de todo. En tiempos donde no había correos electrónicos y nada de eso. Ahí fue cuando caí en cuenta de lo que estaba sucediendo.  

¿Hubo algo de Michigan que le gustó desde el primer momento? No me gustaban muchas cosas. Pero, bueno, en esa época una de las cosas que más me gustaban en Michigan era que no había temblores (vuelve su risa tímida de niño).  Esa parte me gustaba mucho, porque en Colombia era una de las cosas a las que yo les tenía pánico. Fuera de eso, nada.   

Después del colegio, ¿quiso estudiar administración? Sí, pero fue algo muy corto. Yo apenas duré un semestre. Fue un cambio pasar de un colegio chiquito a una universidad tan grande, y con tantos conceptos de estudio diferentes. Lo que yo conocía era muy distinto, yo nunca encajé. Después ya estaba en el departamento de arte, que era mucho más pequeño y despejado.  

¿Ya manejaba el inglés? En esa época la cultura estadounidense ya me había atrapado. 

Los Ojos de Laura Mars

¿Es cierto que una película que vio fue lo que lo apasionó por el cine y la fotografía? Sí, hay una película, y eso fue cuando estaba en la universidad.  

¿Qué película era? Los ojos de Laura Mars, película rodada en Nueva York y dirigida por Irvin Kershner, sobre una fotógrafa de moda interpretada por Faye Dunaway. Una película bien hecha para la época, fue de las pocas que en realidad captaron cómo es el proceso de la fotografía de moda en esos tiempos. Antes de esta cinta yo no sabía qué era eso.  

¿En esa época qué estudiaba? Arte. Mi concentración en ese momento era la escultura. Yo estaba bastante frustrado en el proceso de mis estudios y quería irme por la fotografía. Cuando empecé a tomar mi clase de fotografía, a la vez salió la película y me llamó mucho la atención. Fui con unas amigas a verla y me impresionó porque las personas que trabajan en una toma de fotografías de moda estaban representadas perfectamente.  Me pareció increíble, sobre todo cuando mostraban a la protagonista tomando fotos. Retrataron casi a la perfección el ambiente del estudio.   

¿Bastó con ver la cinta para que se despertara su atracción por la fotografía? No. Cuando me establecí en Nueva York, durante una época trabajaba con personas que estuvieron en la película haciendo lo mismo que hacían ahí, y ese tipo de cosas para mí son mágicas. Yo soy mucho de ese tipo de cosas, o sea, la idea de esa película es algo que tiene mucha historia, no fue simplemente que vi la película y ya.  

En esa época, cuando estudiaba escultura, ¿qué lo mortificaba? Era mi conflicto con mi profesor, porque yo quería hacer otro tipo de escultura y no nos encontrábamos. Él era mucho más clásico y realista, y yo era más abstracto. Había un conflicto total. Pero el encuentro con la fotografía no fue porque yo estaba pensando «qué más hago», sino que eso era lo que estaba sucediendo en ese tiempo.  

Y apareció ese curso de fotografía. Sí, lo tenía que tomar, era requisito. Cuando empecé a hacer fotos durante esa clase sentí que era lo mas natural de todas las cosas que había hecho. Simplemente fluía. Yo creo que en cualquier vocación, cuando encuentras el momento,  lo que es para uno no lo puedes rechazar, se siente muy natural, no lo puedes rechazar.  

Cierre los ojos y dígame de qué eran esas primeras fotografías, ¿se acuerda? Claro, eran fotografías de personas que había tomado en las calles de Washington, en  blanco y negro, formato pequeño.  

¿El profesor qué dijo? ¿Le gustaron? Sí, desde la primera tarea de clase de fotografía, todo resultó… Era algo tan natural y fluyó con tanta abundancia que todo el proceso fue especial.   

¿Un ídolo de su infancia? Mis primeras memorias con mi mamá; ella tenía el pelo muy largo y se lo peinaba en el patio de la casa donde crecí. Ese gesto tan femenino, tan de allá y de esos tiempos es algo a lo que he vuelto innumerables veces por una razón o por otra. Es una memoria con sentido, ella me enseñó muchísimo, lo femenino de una mujer, un tema muy recurrente que he usado en todo mi trabajo.  

¿Hasta dónde tenía el pelo su mamá? Hasta la cintura. Mi mamá, como era la directora del  Colegio Adventista Libertad, fue supremamente estricta, al estilo santandereano. Ese tipo de disciplina que ella ejercía yo no la cambiaría por nada, para mí ha sido una gran ayuda.  

¿Y de su padre qué aprendió? La dedicación al trabajo. Me enseñó desde muy temprano esa parte, pero yo diría que lo más hermoso que me regaló fue el mismo  arte de regalar, porque yo de pequeño era muy dado a decir «me tiene que comprar, me tiene que regalar...» y él, poco a poco, me fue enseñando que yo debería aprender lo opuesto, a regalar en vez de pedir. Me enseñó que disfrutaría mucho más así. Mi papá era una persona suave y mi mamá era una persona fuerte, el balance de los dos funcionó.  

¿Sus papás le ponían muchas actividades? ¿Eran de la creencia de que el ocio es madre de todos los vicios? Sí. Yo estaba muy ocupado en el colegio, las clases de piano y en otro mundo de cosas.   

¿Iba a ser pianista? Sí, entre otras actividades iba a ser pianista.  

¿Se le facilitaba como la fotografía? Sí. Tenía muy buena profesora. Ella era ciega y me enseñó muchísimo. Después fui a clases con una alemana muy reconocida en Bucaramanga.  Me enseñó muchísimas cosas, no solamente clases de piano, también íbamos a ver películas. Todo tipo de urbanidad. Me mantenía ocupado.  

¿Cuántos años tocó el piano? Hasta cuando tenía 17. Uno de mis problemas era que yo podía tocar todo al oído, en vez de aprenderme las obras con partitura. Hoy si estoy solo todavía puedo tocar las que me aprendí antes. Mi recuerdo de eso es todo al oído.  

¿Hoy en día se sienta frente a un piano?   Si estoy solo con el piano, sí. Con gente, no. Todavía lo puedo hacer sonar (sonríe y se ve menos tieso).

La primera modelo

¿Qué recuerda de su primera modelo, su hermana Elizabeth? Simplemente ella se prestaba para todo. Ella tenía seis años y era cuando yo estaba empezando a hacer fotos.  

¿Qué la puso a hacer para tomarle fotos? Lo que fuese, ella lo hacía, era muy entregada, si le quería cortar el pelo, se dejaba.   

Era su muñeca. Totalmente, yo le teñía el pelo, lo que fuese. Eso me ayudó mucho porque no me daba miedo decir mi opinión. Ella en realidad vivió ese momento conmigo en la inocencia de jugar a eso.  

¿En qué año murió su papá? Hace cuatro años.  

¿Y su mamá dónde vive? En Washington.   

¿Cerca de usted?  A cuatro horas.  

¿Hay una conexión con ella? ¡Pues claro! Totalmente.  

¿Y sus hermanas? Ellas viven también cerca de mi mamá. Viven en la misma área.  

¿Y qué pasó con Elizabeth, su primera modelo? Es casada, tiene hijos.  

¿Se sientan y recuerdan la época en que usted muñequeaba con ella para las fotos? No mucho... rara vez.  

¿Se acuerda de su primera portada aquí en Nueva York? Mmm. No tengo presente mi primera foto.  

Pero usted tuvo un muro para colgar sus portadas. ¿Qué pasó con esa pared? ¿Cuántas alcanzó a colgar? Alcancé a llenarla, pero me cansó eso y, en el proceso de sindicación de imágenes, descubrí que no había forma de mantener el tracking de todas las tomas. Digamos que yo hago una portada para una revista de acá y esas imágenes, por medio de la compañía que me representa, las vendo. Ellos las distribuyen a otros países del mundo y las usan como portadas. Por eso yo normalmente no las veo todas. Nunca voy a poder colgar todas las portadas; digamos que ya desistí.  

En su casa y oficina veo mucho blanco. ¿Qué es el blanco para usted?  Es muy puro, te deja pensar.  

DSC_0082
Momo / Afp 

¿Le gusta vivir entre el blanco? Sí. Es que antes yo he pasado por otras etapas.  

¿Por cuáles ha pasado? Bastantes, pero en una época mi casa era como una casa en Colombia. Todos los aspectos eran colombianos, las paredes eran de color rojizo y tenía muchas cosas tradicionales. Fue una etapa en que me hacía falta mi tierra, yo todo lo convertí como si fuera allá. Era una casa de campo, llena de santos y cuadros.  

¿Entonces ha soltado mucho equipaje? Muchísimo, a través de los años.  

Va en el blanco. Pasé por todas las etapas y fue muy rico. Pero ahora simplemente me gusta el blanco, es como el más elemental de todos.  

Cuando se cansa de mirar, ¿qué hace para relajarse? Mi tiempo en los aviones, por ejemplo, es uno de los momentos más relajantes. Veo las  series de televisión que me gustan. Tengo todo preparado. Es el único momento en que tengo varias horas para hacer lo que me gusta hacer.  

¿A dónde va en su próximo viaje? A los Ángeles.   

¿Y qué planea ver, qué series? Voy a ver Game of Thrones. Me encanta y he trabajado con los mismos artistas de la serie. También quiero ver Scandal, que me gusta mucho. Yo hice un proyecto con ellos recientemente, con cada uno  tengo mi historia fuera de mi relación de televidente.   

Ruven, ¿sueña en blanco y negro, o en colores? No lo defino de esa manera. Hubo un tiempo que todo para mí era en blanco y negro, pero aprendí que, para  mi carrera de fotógrafo, tenía que saber sentirme totalmente cómodo también en colores e insertarlos y apreciarlos de cierta manera que fuera mi propio estilo. Fue algo muy difícil, que tomó tiempo, pero en realidad lo entendí.  

¿Cualquier cosa puede ser blanco y negro o color? Bueno, hay ciertas cosas o personas que cuando te las mencionan o sabes que les vas a hacer fotos, uno siempre va a tener una primera intención. A algunos los ves más en blanco y negro o viceversa. Pero todas las revistas hoy en día  quieren color. Generalmente pienso que lo más seguro es que todo va a ser en color y me gusta. Nunca se me ocurre, cuando estoy trabajando, que esto sería mucho mejor en blanco y negro.   

¿Todas las modelos han pasado por su lente? Linda Evangelista, Cindy Crawford, Naomi Campbell… No todas, pero casi todas (se ríe). Lo que a mí me agrada de todo esto es que siempre pensé que jamás tendría la oportunidad de trabajar con Lauren Hutton, una de las mejores modelos que ha existido. Sus imágenes han sido una inspiración y referencia en tantísimos trabajos, y de repente después de conocerla y trabajar con ella, me encuentro en su casa atendiéndola después de que le hicieron una cirugía, sacándole cosas de la nevera, llevándole cosas a la cama. Esas cosas son hermosísimas porque es una persona que me inspiró muchísimo… Son cosas que uno nunca se imagina.  

¿Una equivocación en su vida? La principal, seguro la has oído porque yo la he contado muchas veces, pero es la que considero mi principal equivocación, cuando rechacé la oportunidad de hacerle fotos a Michael Jackson solo porque él no quiso ir a donde yo quería que fuera, y me puse terco, dije «si él no va, entonces no», y perdí la oportunidad. Para mí eso fue un gran error, algo de lo que aprendí mucho.  

¿Hay algún lugar en especial al que no haya ido, donde le llamaría la atención hacer fotos? Un lugar donde he querido mucho hacer fotos y he tratado muchas veces pero nunca se ha logrado, y espero poderlo hacer algún día, es la Isla de Pascua.  

¿Hasta cuándo la fotografía va a ser parte de su vida? Hasta cuando me retire. Yo no voy a ser de esos fotógrafos que se mueren tomando fotos. No, yo no creo en eso. Yo quiero disfrutar de todo lo que he visto, sin tener el afán de las cámaras y de los trabajos, y mucho menos de estar corriendo con las revistas, los aviones, no. El punto de parar ya lo tengo en mi mente.  

Pero, ¿hay una fecha? Pues ya tengo mi plan. No es algo que uno no vea a la distancia, ya está más cerca.  

¿A Ruven Afanador quién le toma fotos? Edward me toma fotos a mí.  

¿Edward? Mi pareja. Edward Bess. Él es de las pocas personas que sabe tomar fotos a mi gusto.  

***

El fotógrafo sale de cuadro y en dos minutos regresa con una delicada caja blanca de regalo. Pesa como un yunque. Adentro hay un cubo cristalino con una lágrima ámbar en su centro. Es Eau La La, una de las  fragancias que hace su novio, Edward Bess, un exquisito perfumero nacido en Charleston, Carolina del Sur. Ruven está enamorado.   

 


Así se hicieron las fotos para Mil besos, exposición de Ruven Afanador