Megan Ellison, la millonaria que desafía a Hollywood

Su padre, el fundador de Oracle, le regaló 200 millones de dólares y se dedicó a patrocinar películas que la gran industria ha descartado. ¡Y le va divinamente!
Megan Ellison, la millonaria que desafía a Hollywood

Algunos la llaman la salvadora del cine independiente; otros aseguran que está revolucionando Hollywood; sus críticos dicen que no es más que una niña rica gastando el dinero de su padre financiando películas de niños «cool» para vivir como una chica «cool»; los más prudentes indican que se trata de una joven con buen ojo para el cine, que ha tenido suerte con un par de cintas en medio de su derroche de dólares.

Lo cierto es que Megan Ellison está en boca de lo más granado de Hollywood porque con apenas 27 años y una billetera alimentada por su padre, el fundador de Oracle –la gigante compañía de software–, se ha dedicado en los últimos cuatro años a financiar películas que los grandes estudios han desechado. No hay duda de que es arriesgada, que tiene un gusto particular y que está enfocada en el cine de autor.  

El primer proyecto en el que Megan participó y que tuvo algún reconocimiento fue True Grit (Temple de acero), en 2010, una cinta de los hermanos Coen en la que apareció como productora ejecutiva. Hasta ese momento, ella no era visible. Había crecido en medio del lujo que le permitía una de las fortunas más grandes del mundo (la quinta en este momento, según Forbes), codeándose en su casa con las figuras más importantes de Hollywood, amigas de su padre. Había abandonado sus estudios de cine en la Universidad de California y se había ido con una mochila al hombro a recorrer el Himalaya.

Tráiler de True Grit, en español Temple de acero.

De tal manera que cuando empezó a financiar películas algunos creyeron que era el pasatiempo perfecto para gastar el regalo que su padre le hizo al regresar de su travesía, y que algunos medios han situado en 200 millones de dólares. Incluso la productora que fundó con ese dinero se llama Annapurna, un monte en la cordillera del Himalaya donde ella pasó gran parte de su sabático.

Fue en 2012 cuando su nombre empezó a inquietar a  la industria con la película Zero Dark Thirty, en español Objetivo Bin Laden, dirigida por Kathryn Bigelow, que se rodó en la India, recreando la operación militar estadounidense que dio muerte a Osama Bin Laden. Ese año la cinta recibió cinco nominaciones a los Óscar: mejor película, mejor actriz (Jessica Chastain), mejor guion original, mejor montaje y mejor edición de sonido. Y para completar, recogió más de cien millones de dólares en taquilla.

Tráiler oficial de Zero Dark Thirty, en español Objetivo Bin Laden.

Por esa misma época hizo su apuesta por otra cinta que rechazó Universal, y destinó 40 millones de dólares para producir The Master. Aunque la película no fue precisamente un taquillazo, Paul Thomas Anderson, el director, y Joaquin Phoenix, el protagonista, fueron alabados por la crítica.

Incluso la actriz Kirsten Dunst trinó días antes del estreno que le daría un Óscar a Phoenix por su trabajo en The Master «solo por el trailer». La película cuenta la historia de un carismático intelectual que inicia una religión  llamada La Causa, en una clara alusión a la cienciología.

«Ellison parece admirar a directores únicos con gustos muy particulares. Está produciendo películas inteligentes y, si bien es cierto que está aprovechando el dinero de su familia, parece que sabe lo que está haciendo. Gente como ella es necesaria en la industria», dijo Tim Gray, editor de la revista Variety, a BBC Mundo, que le dedicó un amplio reportaje.

Tráiler oficial de The Master.

Eso es lo que más le valoran a Ellison, esa firme decisión de irse por las orillas y desafiar a los poderosos de Hollywood: «Los grandes estudios hace años que han dejado de financiar producciones independientes. Tan solo hay que ver el número de secuelas que se estrenan cada año. Solo les interesa hacer películas que cuestan mucho y recaudan mucho», reseñó Jeremy Kay, editor de Screen International, en el mismo artículo.

Vanity Fair dedicó varias páginas a un extenso perfil de la joven millonaria, en el que varias fuentes la criticaban por una actitud  demasiado estudiada de chica rebelde que con su dinero se da el lujo de retar a los poderosos de una industria en la que ella es apenas una advenediza.

Se refieren tal vez a su figura un poco pasada de peso, a su andar un poco encorvado, a su cara sin maquillaje y a sus paseos en un Aston Martin de 1989, con un cigarrillo Camel en la mano. Casi siempre se le ve de pantalones, botas militares y una sudadera con capucha que deja ver camisetas de bandas de rock como Led Zeppelin o AC/DC.

Tráiler oficial de American Hustle, en español Escándalo Americano.

Y seguramente hacen referencia a su decisión de no conceder entrevistas ni aparecer en las alfombras rojas, a su costumbre de no contestar correos electrónicos y a su terca manera de sentarse sin musitar palabra, bien sea en un rodaje, en una reunión o en una cena. Como lo sentenció el director Andrew Dominik: «Ella no va discutir con usted, pero hará lo que quiere».

Bien habría podido dedicarse a girar cheques para las producciones, pero ella prefiere viajar al rodaje que ir a los estrenos; promocionar las películas por Twitter, que conceder entrevistas. No tiene oficinas sino un complejo de tres grandes casas cerca de Beverly Hills, donde trabaja y tiene su casa de habitación. Ese estilo es el que le ha ganado admiración en unos y críticas en otros.

Lo cierto es que en la próxima entrega de los premios Óscar, esta joven rebelde y multimillonaria tendrá las cámaras encima por las 10 nominaciones que recibió Escándalo americano, dirigida por David Russell, y por Her, de Spike Jonze, que se atreve a contar la historia de un hombre (Joaquin Phoenix) que se enamora del sistema operativo de su computadora (la voz es de  Scarlett Johansson). Aunque a la gran industria puede que le tenga sin cuidado. 

Tráiler de Her.