Bici power, la cultura ciclista por un mejor futuro para Bogotá

La bicicleta es más que una alternativa de transporte, es un estilo de vida.
Bici power, la cultura ciclista por un mejor futuro para Bogotá

En las calles de Bogotá hay una jerarquía. Los buses son los dueños de la vía, recorren sus rutas parando donde quieren y usan su tamaño para hacer lo que quieren. Después están los vehículos con sirena, los que abren el tráfico como Moisés abrió el Mar Rojo. Después están los taxis, los hábiles de la calle, los que conocen todos los trucos y rutas. A ellos les siguen los autos particulares y luego van las motos, aunque se podría argumentar que es al revés. Después están los peatones en los desnivelados y angostos andenes, los que no tienen el derecho a la vía ni en los semáforos. Y por último están los ciclistas, los invisibles, a los que se les atraviesan los peatones por la cicloruta y en la calle les gritan que se suban al andén.

Pero a pesar de que son los menos privilegiados en la pirámide de poder vehicular, hay muchas personas que usan la bicicleta como principal medio de transporte. ¿Por qué? El tráfico en Bogotá es infernal, espantoso, inquietante, maléfico, perverso, simplemente aterrador. ¿Por qué a algunos les parece prudente bajarse del bus y montarse en una bicicleta con solo un casco de protección?

Para Matilde Cárdenas y Charlie Galkiewicz la decisión es fácil. «Puede estar lloviendo, pero prefiero mil veces mojarme que irme en un taxi», dice Matilde haciendo una cara de disgusto, como si alguien le estuviera sugiriendo que se montara en un taxi.

«En un carro vas estresado, hay que estar esquivando todo tipo de cosas. Estás estresado porque en cualquier momento te estrellas y te toca pagar millonadas de plata», sigue justificando Matilde. «Además en el carro siempre estás buscando algo para entretenerte porque uno no tiene mucho que hacer».

Charlie es su novio. Viven juntos en un apartamento en el primer piso de un edificio de los años sesenta en Chapinero, aunque puede que sea un poco más viejo. Al abrir la puerta principal lo primero que uno se encuentra es un montón de bicis, un parqueadero debajo de las escaleras que llevan a las habitaciones.

«Yo uso la bicicleta porque así estoy optimizando mi tiempo. Cuando yo voy en un carro puedo ir muy cómodo, pero estoy en un trancón, y el trancón nunca es amable», explica Charlie.

La razón principal es calidad de vida. A pesar de los riesgos de movilizarse en bici, sus vidas mejoran cuando están pedaleando. «No es solo que uno dura menos tiempo de un sitio a otro, es tiempo de calidad, uno está haciendo ejercicio, y además de ser bueno para la salud, eso mejora tu estado de ánimo», dice Charlie. «Y si duras menos tiempo transportándote, tienes más tiempo para disfrutar la vida».

Esas son sus razones. Matilde y Charlie montan bici porque no se aguantan estar metidos en un carro o en un bus esperando a que cambie el semáforo para avanzar unos pocos metros y volver a parar y esperar a que vuelva a cambiar el semáforo. Montan bici por las endorfinas, para llegar con tiempo a la casa a disfrutar el uno del otro. Pero principalmente es por amor a la bicicleta y todo lo que representa.

Matilde tiene una bufanda blanca con un patrón de pequeñas bicis negras, y Charlie se puede quedar horas discutiendo el sillín. Es imposible separarlos de la bicicleta; ellos no la montan, la viven, la respiran. A diferencia de los otros modos de transporte, es una extensión del cuerpo que responde a cada movimiento, cada inclinación e impulso.

 

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Matilde Cárdenas y Charlie Galkiewicz, los creadores de La Gran Rodad en sus respectivas bicis.

 

Fue por este amor que fundaron La Gran Rodada con Alejandra Wilches y Andrés Felipe Peña, un colectivo que «...busca mayor seguridad, respeto y protección para bicicletas». Surgió por indignación y empatía al caso de un ruso al que le robaron la bici cuando estaba de visita en Bogotá. La idea era hacer ruido y reemplazarla. Recibieron el apoyo que esperaban, pero decidieron que esta no era una causa que podían abandonar. Después de todo, el ruso se iba y les dejaba el problema a los ciclistas de la ciudad.

La Gran Rodada surgió porque solo los ciclistas entienden la relación que tienen con sus bicicletas. Es un amor que parece irracional. Esa pasión que tienen en común es lo que crea la comunidad del «biciusuario», como suelen llamarse entre ellos.

«Como integrador social la bici es muy buena», dice Charlie. «Yo me he pinchado y otro ciclista me ha prestado parches. Yo he hecho carreras con gente que nunca en mi vida había visto. Hemos hecho amigos, hemos llevado a gente a la casa a comer», cuenta con emoción y un poco de incredulidad.

«¿Cuándo te pasa eso en el bus? ¿Cuándo te pasa en el carro?», continúa Matilde. «La mayoría de la gente siempre se ve con las mismas personas; la familia en la casa y los colegas en la oficina».

«Una vez estábamos montando de noche, y por el otro carril venía otro ciclista» cuenta Charlie. «Yo alcé la mano haciendo un puño y grite ¡bici power!».

Eso fue suficiente para que empezaran una conversación, ahí en la calle, de noche, como si ya se conocieran, solo porque había bicicletas de por medio.

Y el poder social de la bicicleta va más allá. Hay varias organizaciones y grupos que se reúnen para montar juntos por la ciudad. Como el BikeFest Cinema, una especie de bazar ciclista mezclado con cine, música y gastronomía. Durante el Día sin carro en Bogotá, hay una Rodada de cierre para conmemorar a los ciclistas fallecidos. Y también está Masa Crítica, que no es una organización, es un encuentro de coincidencia, un paseo mensual que ocurre cuando los ciclistas quieren que ocurra. Nadie decide la ruta, es una decisión democrática. Lo único importante es celebrar el amor en común a la bicicleta.

La Gran Rodada comparte la filosofía de Masa Crítica, sobre todo en un punto en particular: para promover el uso de la bicicleta en la ciudad no se necesita invertir en infraestructura. Es más económico educar al ciudadano para que la respete como un vehículo más que transita por las vías.

Eso es todo lo que quieren. Matilde y Charlie aspiran a ser parte de una comunidad que se respeta, con voz y voto. Quieren que la ciudad mejore, y la solución que proponen es la bicicleta.

Hoy por las calles hay miles de ciclistas en lugar de carros particulares, y la calma se siente. Es un día para reflexionar sobre el presente y caótico estado de las vías en Bogotá, y nos demuestra que no tiene que seguir así si se toma en serio la bicicleta.

Fotos: Cortesía y cuenta oficial en facebook de La Gran Rodada