«Reto a Alberto Coto a que compita conmigo sin papel ni lápiz» Jaime García

*/«Lo mío es memoria y cálculo» dice Jaime, conocido como La calculadora humana. Fuimos a su pueblo natal para desentrañar su secreto. Vive para contar. /*
«Reto a Alberto Coto a que compita conmigo sin papel ni lápiz» Jaime García

Estoy tan cerca al piloto, que evito mover mis brazos por el temor de noquear de un codazo al único que puede llevarnos sanos y salvos sobre el cañón del Chicamocha, en esta estrecha avioneta, hasta nuestro destino final en la cordillera oriental. Allá arriba, con tanta turbulencia, no queda sino alimentar la esperanza de que la prueba matemática que llevo en mi morral ayude a esclarecer la verdad sobre nuestro anfitrión en Málaga, Santander, luego de que su talento fuera puesto en entredicho en la primera página de El Espectador.

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Mis piernas están entumecidas por el miedo de ir a mover algo, frente a un tablero con tantos botones y palancas tan cerca de mis rodillas. El capitán Óscar Moreno, con la veteranía de 35 años volando, de los 53 que ostenta, no pierde la oportunidad de ponerle más emoción al vuelo, diciéndonos que «para ser piloto no es necesario ser loco, pero que ayuda, ayuda mucho». Lo vuelve a decir otra vez y se ríe, mientras el motor de su Cessna 172 XP zumba como un mosquito sobre el lomo inmenso de una montaña desértica en las inmediaciones del parque nacional Panachi. Nos dice que luego de pasar el ojo de agua de una laguna, que vemos a la izquierda y que él llama de Los Ortices, nos faltan dos picos más antes de dar la vuelta y enfilar por la ladera donde aparece un montón de casitas arrumadas alrededor de una iglesia blanca y empinada como una paloma.

Por fin ¡Málaga!  Listos para aterrizar, piloto, fotógrafo y periodista, apretujados dentro de la cabina como en un palco de teatro, asistimos a la extraña función de un hombre de azul en bicicleta y una mujer con sombrilla rosada cruzando la pista ¡segundos antes de nuestra llegada! «Por eso no vengo los domingos –aclara nuestro aviador, mientras nivela y alarga nuestro descenso–. Aquí es costumbre que mucha gente pase de paseo por la mitad de la pista».

En la casa que oficia de torre de control y de tienda nos dan las indicaciones precisas para encontrarnos con el profe García en la casa de su suegra. Es una suerte encontrarlo aquí. En los 24 años que lleva por fuera del país, solo en cuatro ocasiones ha vuelto a su pueblo natal. En el segundo piso de una casa de tres plantas, nos espera «La calculadora humana». En el aire cargado de amabilidad se percibe cierta ansiedad. Él sabe que lo vamos a poner a prueba. Y aunque insiste en mostrarnos lo que es capaz de hacer, prefiero primero sentarme a conversar. Sobre un sofá rojo, con su camisa rosada y su sonrisa nerviosa, el hombre de las 20 000 conferencias sobre cálculos mentales  espera la primera pregunta. Al fondo, dos mujeres, suegra y esposa, lejos de la visita, leen la Biblia.

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¿Se considera un genio? Yo sé que lo que hago cualquier persona lo puede hacer, lo que pasa es que no saben las estrategias que tengo en la mente, que son diferentes a las tradicionales. Por eso la gente queda asombrada. Yo quiero decir de una vez públicamente  que, aunque he participado en programas internacionales, como en Superhumanos, y otro en Sao Paulo, llamado Supercerebros, de National Geographic, no me considero ni superhumano ni supercerebro. Simplemente ellos me llamaron y me escogieron, yo no tengo la culpa.

¿En el pueblo hay más como usted?

Por acá hay bastantes niños despiertos. Esto es un pueblo estudiantil porque hay cinco colegios, una universidad; aquí están la UIS y el SENA. Igual estoy aquí dictando unos talleres en colegios y escuelas, enseñando mis métodos.

¿Quién le puso «La calculadora humana»?

No, yo no sé, eso han sido los periodistas. Yo no sé quién resultó con eso. El primer titular que pareció fue en El Tiempo. Y con eso de «La calculadora humana», ¿ha viajado mucho? Sí, he estado en muchas partes. Europa, todo Sudamérica y hasta Japón.

¿Y los japoneses cómo lo trataron?

Quedaron sorprendidos y más porque era colombiano, entonces dijeron que era más factible que un alemán o un francés le ganaran a una calculadora, pero no un colombiano.

¿Calculista o memorioso?

Yo lo que veo es una combinación. Los que quieren cuestionarme dicen que yo puedo ser primero producto del cálculo rápido; segundo, de la memoria, es decir, que yo memoricé una cantidad de números; y la tercera, que es trampa. Si lo mío es rapidez de cálculo, estoy mintiendo; si le digo que es memoria, estoy mintiendo; entonces les respondo que lo mío es memoria y cálculo,  ambas cosas. Pero, sobre todo, yo soy un curioso de las matemáticas y los números.

Y a  la gente que cree que solo es un truco, ¿qué le responde?

Pero es que no sé a qué se refieren. Si por truco se refieren a un método, sí, tienen razón, es un truco. Pero si creen que es trampa, en eso no estoy de acuerdo. Lo mío es un método, y me gustaría divulgarlo al Ministerio de Educación y enseñárselo a los niños.

¿Usted no tiene un apuntador en el oído?

No, nada, la gente cree eso cuando voy a los eventos con mi señora, Marlene. Ella me acompaña por todo el mundo y la gente no deja de mirarla a ver si me está ayudando o qué, pero no, nada de eso.

Dígame ¿cuál es su habilidad?

No sé, digamos que cuando voy a hacer una cuenta tengo que estar muy concentrado. Cuando voy a hacer un cálculo, rápidamente lo analizo. Es que los números son un poco delicados, hay unos que son fáciles y otros difíciles. Cuando yo veo que es difícil lo paso rápidamente a fácil para poderlo trabajar, rapidez de cálculo se llama eso. Lo llevo al ábaco que tengo en la mente y lo proceso. Yo tengo el ábaco en la mente, tengo fórmulas, según la fórmula que voy a hacer, la aplico, entonces tengo que traerla y procesar.

Me decía que hay números fáciles y números difíciles. Los fáciles son los pares, los difíciles son los impares. Cuando voy a hacer una cuenta, lo llevo a pares. Para convertirlo en par le quito uno al número, si es cuarenta y siete sería un número difícil, entonces lo convierto en 46 y luego lo trabajo.

¿Desde cuándo se interesó en los números?

Cuando yo tenía por ahí ocho años me enseñaron a manejar el ábaco, incluso me fabriqué uno con tapas de Coca Cola y  alambritos. Eso me llenó la imaginación para hacer todo lo que hago. Me la pasaba jugando al cálculo: cuánto es 15+8-2+32, practicaba solo porque los niños no me ponían cuidado. Más tarde los que no me paraban bolas, al ver el alcance de mis fórmulas, ahí sí empezaron a invitarme a tomar café. Lo hacían para saber cómo hacía las cosas. Entonces me desquitaba y, si me presionaban, les explicaba con las fórmulas más difíciles. Eso fue ya como en el bachillerato. Pero nunca pensé que yo iba a poner a pensar a más de una persona.

***

Por las calles de Málaga, Santander, la gente se acerca y lo saluda. Lo insólito es que la mayoría de los que nos abordan, no es para hablarnos del matemático sino de la estrella de fútbol que fue en su tierra. Según los viejos del pueblo, en los últimos cincuenta años no ha habido un «diez» en la selección de Málaga como Jaime «El cuni» García.  Gracias a él, su pueblo ha ganado una vez, una gloriosa vez, el campeonato departamental. «Él quiso ganarse la vida con los pies –dice su esposa Marlene– y terminó haciéndolo con la cabeza».

***

¿Usted con qué sueña? Cuénteme un sueño.

Como a los 16 años, yo trabajaba investigando en sacar las raíces cuadradas, cómo hacerlo con más rapidez. No sé si usted recuerda que uno para sacar la raíz cuadrada tiene que coger el número, sacar la raíz cuadrada y luego va aumentando el número. Entonces yo empecé con que, en vez de duplicarlo, lo dividí en dos, y resulta que con unos números me daba y con otros no. Y una madrugada me paré con una sensación de que sabía cómo se podía hacer y resulta que sí, cogí la fórmula y esa fue la fórmula general. Eso fue como en el 73,  cuando vivía aquí en Málaga.

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Actualmente, ¿usted dónde vive?

Exactamente en Brunete, un pueblo pegado a Madrid, España. Vivo allá desde el noventa, ya voy para 24 años.

¿Y por qué se fue para allá?

Cuando hice el primer récord, me fui para allá. Me entrevistó el diario El País, la televisión española; me invitó la Universidad Complutense, donde dicté una conferencia. Vi que el futuro mío estaba allá y mis hijos estaban muy pequeños: Jaime Alexis tenía nueve años y Ubeimar Arley iba a cumplir siete. En ese entonces fueron con mi señora para pasar las navidades y mire que ya llevamos todo ese tiempo allá. Los españoles me han tratado muy bien.

¿Y la casa en Brunete la compró gracias a sus cálculos numéricos?

Sí, a las conferencias que he impartido.

¿Cuánto cuesta una conferencia suya?

Pues depende, porque hay conferencias que cuestan 200 o 300 euros.

¿Y cuánto hace al mes?

Más o menos doy unas diez o quince conferencias.

¿Lleva la cuenta de cuántas lleva en la vida?

Unas 20 000. Con eso saqué a mis hijos adelante. Ahora Jaime Alexis  tiene 35 años y Ubeimar Arley,  31. Ambos estuvieron en un programa de televisión que se llamaba Hablando se entiende la basca. Los pusieron a hablar de matemáticas. A final de año hicieron un especial de los mejores niños y a los míos los invitaron de nuevo. Estoy hablando de 23 años atrás. Hoy el mayor es economista y el menor es pediatra.

Pero, ¿ninguno siguió con lo suyo?

No, es que lo mío requiere de mucha continuidad. Para lo que yo hago se necesitan varias cosas: rapidez de cálculo, concentración, memoria y manejo del ábaco.

El año pasado, ¿cuánto estuvo fuera de su casa?

Digamos que de doce meses, yo le calculo siete viajando, dando conferencias.

¿Cuántas conferencias tiene?

Cinco. Hay una conferencia, por ejemplo, en la que hablo de las tablas de multiplicar porque los chicos, para que se aprendan las tablas de multiplicar del uno al diez, duran un año, digamos que esa es la media. ¡Póngale cuidado! La media está en un año, pero yo saqué un método propio que una persona en tres horas domina las tablas de multiplicar no del 1 al 10 sino del 1 al 100, y no es que se las aprendan de memoria. Ahora se la enseño si quiere. (Lo pueden ver en jaimegarciaserrano.com.)

Al principio eran multiplicaciones rápidas, ahora, ¿en qué va?

Sí, claro. Cuantos más días me ejercito, voy más rápido. Voy en logaritmos, razones trigonométricas, que me están cuestionando. Cuando me vean hacer todo lo que yo hago, van a quedar más locos.

Tiene 57 años, ¿la memoria disminuye con los años?

Yo he visto que no. Cuanto más me entreno, veo más seguridad y rapidez. Lógicamente que todos tenemos nuestra cuesta abajo,  pero por el momento veo que estoy arriba, que todavía no he empezado a descender.

Así como un atleta para estar en forma corre todos los días, ¿usted cómo se prepara? Con el Jaimental, el que yo inventé, un instrumento para desarrollar el análisis, la lógica y el cálculo mental. Es mi ábaco personal.

¿Pero mentalmente qué operaciones hace?

Sobre todo ahora, que trabajo mucho con las razones trigonométricas, me he metido en ese campo, dele y dele, y tengo mi estructura por dentro. ¿Usted se acuerda del seno, el coseno, la tangente y todas esas cosas? Estoy enamorado de todo eso. Yo llevo casi 50 años haciendo razones trigonométricas que una persona no puede hacer ni en papel y lápiz.  Y yo sigo  capacitándome más, sacando más decimales.

¿También calcula fechas?

Sí, sí. ¿Usted en qué fecha nació?

El 14 de septiembre, entonces... ¿qué día cae mi cumpleaños en el 2030?

Va a ser un sábado, y un domingo cae este año. Son fórmulas matemáticas nada más.

¿Le han robado sus fórmulas?

Un dato curioso: en el 2001 salió el euro en España y la gente quedó perdida. Entonces, si usted tenía equis mil pesetas, no sabía cuántos euros tenía. Yo saqué una fórmula y se las di a los españoles y después resultó otro diciendo la misma fórmula mía y con los mismos ejemplos.

***

De paso por su colegio, Instituto Técnivo Industrial Emeterio Duarte Suárez, nos cruzamos con el coordinador de primaria, Emilio Márquez Prieto y, antes de que nos presenten, vocifera en el corredor, como buen profesor, que Jaime se tiraba matemáticas. Acto seguido le presta un balón al goleador de la época para que salga de nuevo a la cancha donde vivió sus recreos. Los alumnos por las ventanas de los salones lo animan, mientras «El cuni García», así le decían, intenta hacer una bicicleta con la misma naturalidad con que saca un seno o un coseno en fracción de segundos.

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¿Cuando niño qué quería ser?

Como todo el mundo, futbolista.

¿Y cuál era su ídolo?

En ese tiempo estaba el «Papo» Flórez, del Bucaramanga, que a mí me gustaba ver jugar. Y a nivel nacional, en ese tiempo, estaban Alejandro Brand y Jairo Arboleda.

Y como futbolista, ¿sí era bueno?

Pues tuve la oportunidad de ser parte de la selección juvenil de Santander. Compañeros míos llegaron a ser jugadores profesionales  como Eusebio Vera Lima, el «Pitirri» Salazar y «Paquetico» Riveros.

¿De qué jugaba?

Yo jugaba de diez.

¿Sus papás qué estudiaron?

No, por ahí ellos... segundo, tercero de primaria, nada más.

¿Y a qué se dedicaban?

Mi papá, Eleuterio, era taxista aquí en Málaga, y mi mamá, Leonarda, era ama de casa. Imagínese que yo soy el décimo de once hijos. Usted se imagina el trabajo para un taxista mantener a once personas. En mi casa dormíamos cuatro o cinco en la misma cama.

¿Y usted qué estudió?

Yo soy bachiller técnico mecánico. Estudié en el Instituto Técnico Industrial de aquí de mi pueblo.

¿Cómo era su vida en Málaga?

Me la pasaba jugando fútbol con los amigos en un potrero que llamaban «mataperros». En Málaga estuve hasta los 21 años, cuando me casé. Primero pasé por Pamplona, de Pamplona pasé a Cúcuta y después me fui a Bucaramanga.

¿Y en qué trabajó?

Empecé a dar clases, a dar conferencias. Iba por pueblos pequeños. La primera la di en Enciso. Fui a un colegio para preguntarles si me dejaban explicar lo mío y me dejaron. Comencé con sumas y con cómo hacer una multiplicación.  Operaciones básicas. Entonces, para poderme financiar, me hice un folletico en un mimeógrafo anunciando el tema de mis charlas sobre «Técnicas para tener habilidad mental». Así empecé por todos estos pueblos: Enciso, Miranda, Capitanejo, Carcasí... después ya me fui y mi explosión grande fue en Bucaramanga.

¿Su explosión grande?

Sí. En la capital ya había compañeros que me conocían y le habían comentado a los profesores que yo le podía ganar a una calculadora. No faltaba el comentario: «¿Le gana a una calculadora? Seguro la compra a 500 pesos y la vende a mil». Hasta que resulté en la universidad, y ahí supo Vanguardia Liberal, y rápidamente supo Pacheco, que fue la primera persona que  me sacó en televisión. Por ahí en el 81, algo así. Pacheco insólito, se llamaba, después me presentó en Cita con Pacheco y en Animalandia. Más adelante, estuve con Daniel Samper en España, cuando me dieron los premios.  Me puso a trabajar en televisión, yo fui actor. (Risas.)

¿En qué actuó?

Trabajaba en un programa que se llamaba La de los tintos. Digamos que, como Daniel Samper era el de los libretos, él me puso como vendedor de lavadoras que hacía las cuentas sin papel ni lápiz, y por mi habilidad por ahí unas chicas me querían conquistar. Fueron como tres capítulos.

¿Ha probado suerte en otra cosa con sus cálculos matemáticos? ¿Ha intentado las cartas, la lotería?

He intentado con eso y he visto que no. Incluso, cuando actuaba en La de los tintos, mis admiradoras me llevaban a un casino y yo con mis cálculos matemáticos les decía a qué número jugar, entonces ellas jugaban y ganaban un montón de plata. La gente vio eso y no sabía que era un libreto y mucha gente en Colombia creía que yo jugaba a eso. Y eso era mentira.

¿No se puede?

No, no, no se puede.

Bueno con los números, ¿bueno en los negocios?

Cada uno está en su sitio, y yo para los negocios no. Tuve un negocio en España que desafortunadamente no me funcionó por la crisis. Era un restaurante, Planeta Hotdog, de comida colombiana, en un centro comercial en Madrid, al que le invertí bastante dinero. Tenía nueve empleados, luego bajé a siete, a cinco y luego quedé con dos. Antes las ventas, de una media de 2500 euros diarios, bajaron a 100 euros. A los cinco años cerré.

¿Ha pensado usted en el ahorro de dinero que significaría un algoritmo como el suyo, capaz de calcular cientos de veces más rápido que con los algoritmos conocidos por los ingenieros de software? Si usted le ofreciera esto a una compañía como Casio o IBM, ¿no cree que estarían dispuestos a darle mucha plata?

Pues sí, si me dan buena plata pues yo doy mi sistema.

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¿Y por qué no lo ha hecho?

Porque no me lo han ofrecido. Si alguien me lo ofrece, con mucho gusto.

¿Y funcionaría para las computadoras, para hacerlas más rápidas?

Pues no sé, porque yo de computadores no tengo ni idea. La gente me dice: «Bueno, Jaime, ¿usted trabaja en empresas que desarrollan programas de computación?». Y yo no tengo ni idea. Yo mis cosas las hago a mi manera, con colores, aplico cálculo, memoria, una combinación de cosas.

¿Cuáles han sido las pruebas del Récord Guinness que usted ha realizado que lo avalan como una calculadora viviente?

Hay récords que uno hace que no salen en el libro; está la constancia, está el diploma y yo tengo los diplomas ahí, tengo por el momento cuatro diplomas de cuatro récords.

En este punto, hablemos de un récord suyo: extracción de raíz 13 de un número de 100 dígitos en 0,15 segundos. El periodista Klaus Ziegler dice que semejante tiempo récord superaría por un factor de 90 la marca mundial del francés Alexis Lemaire. Otros críticos dicen que solo leer la respuesta tomaría dos segundos al menos, solo leerla. Y usted gastó 0,15 segundos, un tiempo imposible.

Es que antes de acabar de decirme el número, ya tengo la respuesta.

Pero, este récord, ¿se publicó o no se publicó?

No se ha publicado. Eso fue en 2008.

¿Por qué no se ha publicado?

Porque empezaron a cuestionarlo. Lo que pasa es que tengo dos personas que son del mismo gremio y me están haciendo mala campaña. Está en standby, pero de todos modos ya está confirmado que se hizo, con notario y todo.

¿Es verdad lo que afirma el maestro internacional José María Bea, que usted no ha competido en ningún torneo internacional o en una competencia mundial de cálculo mental?

Digamos, por hablar, hace cuatro días estuve participando en una olimpiada de matemática que hubo, por Skype, desde Marruecos. Hace poco aquí el SENA me prestó una sala de conferencias para estar en competencias mundiales como invitado de honor.

Pero dígame la más importante.

Olimpiadas de matemáticas Alfas del pi, es un nombre valenciano.

¿Con jurados?

Claro.

¿En qué año?

Exactamente no le puedo decir el año, pero hará unos doce años.

¿Y por qué no ha estado en olimpiadas recientemente? ¿Por qué no participa para callar a sus detractores?

Pero es que mire, hablando de estos tipos, ellos andan ardidos es porque no son capaces de hacer una cuenta en menos de un segundo. Usted ve el récord, ellos tienen creo que 17 segundos en hacer una cuenta, y Alberto Coto lo hace escribiendo. Él es discípulo mío porque yo estuve por allá en Asturias dictando unas conferencias.

¿Cuál es el mensaje para Alberto Coto?

Yo le pido a El Espectador que lo traiga, con comisión extranjera, para que compita conmigo y que demuestre lo que él hace, sin papel ni lápiz; puro cálculo mental. Desde aquí lo estoy retando.

***

Al fin llega el momento de la prueba. Lo que ignora el personaje es que hay ciertas exigencias para disipar cualquier duda como, por ejemplo, que alguien le sople las respuestas. Le daré cuatro papelitos con cuatro problemas, con la condición de que los lea mentalmente e inmediatamente me diga su respuesta. Los problemas se los pedí a Klaus Ziegler, autor del artículo de prensa que me animó a venir hasta este rincón en las montañas santadereanas, con el ánimo de comprobar si estamos de verdad frente a una calculadora humana.

 

***

 

Calculadora Humana

Lo que certifica el libro de los Guinnes Récords: en el diploma entregado a Jaime García en 1989 y en las páginas de los libros del 90, 91 y 94 es «la extracción más rápida que se conoce hasta la fecha de la raíz 13 de un número de 100 dígitos, invirtiendo tan sólo 0,15 segundos. Asímismo, memorizó con una sola mirada una cifra de 200 dígitos, repitiéndola en fracciones de segundos». Lo curioso es que esta misma prueba, realizada en 2008, ha sido cuestionada por personas del mundo de los números, al punto de no publicarla en la edición correspondiente.

 

¿Cómo explica que en la última prueba falló?

No sé, falló el exponente, lo que le digo, soy humano.

¿Qué le hizo falta ahí?

No sé, más visión.

¿Se ha equivocado en otros cálculos?

Soy una persona normal, y me he equivocado no una sino muchas veces. Afortunadamente, cuando he estado en televisión, no, pero en otras ocasiones sí. Pero me equivoco es porque cojo mal el número, los nervios, todo eso influye bastante... El estar usted aquí cuestionándome, todo eso es  complicado.

***

Jaime García no quiere parar. Tiene la boca reseca. Su esposa le da un vaso con agua. Él quiere más. En una calculadora saco 30 000 dígitos de pi. Tan pronto aparecen más de 700 números, en cinco columnas de 12 números y 13 filas en cada una, Jaime comienza a recitarlos de manera frenética, a veces falla en uno, cierra los ojos, retrocede tres cifras y vuelve a su conteo exacto; cuando se acerca a la mitad de la inmensa masa numérica, lo detengo. Ya basta. Para CROMOS no hay dudas del calculista.  

***

¿Ha pensado, con su habilidad numérica, en qué empresas quisiera pasar hojas de vida?

A mí me han llamado de varias, bancos, que por qué no voy a trabajar, pero yo les agradezco la invitación. Es que yo llevo 57 años en lo mío, trabajando solo, yo nunca he estado habituado a cumplir un horario. No, yo no sirvo para eso, para mandar o ser mandado, nunca he sido empleado.

¿Cuál es la gran prueba que usted sueña hacer?

Calcular las razones trigonométricas de números de más de diez dígitos, la de los calendarios de billones de años. Es que yo ya lo tengo y me gustaría hacerlo. Ya estoy preparado, ahora hacemos una prueba de billones de años.

¿No le da dolor de cabeza calcular tanto?

No, no, ya lo tengo como un hábito. Dolor de cabeza me da pagar las cuentas, la luz y el teléfono. (Risas.)

¿Quién es su ídolo?

Falcao, por cómo está representando a nuestro país por allá.

¿Le gustaría llevarle las cuentas a Falcao?

¡Ojalá!

Su frase de cabecera.

«El éxito de los luchadores es el dolor de los mediocres».

 

 

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