¡Feliz cumpleaños, Roberto Gómez Bolaños!

*/«El Chapulín» guionista, director y actor empírico, es el humorista más popular de Latinoamérica. En sus 85 años recordamos esta entrevista con Cromos./*
¡Feliz cumpleaños, Roberto Gómez Bolaños!

Con seis hijos, Roberto Gómez Bolaños, el guionista, director y actor mexicano capaz de hacer reír a grandes y chicos y movilizar a toda una ciudad que no es la suya, es un hombre sencillo y profundamente tímido que le teme a la gente, a las multitudes, a los ayatollahs, y a los hitlers.

Lee de todo, menos novelas. Juega dominó, colecciona estampillas y apuesta a los caballos pero no para hacerse rico sino para divertirse. ¿Tiene buena suerte? «No. Puro coco».

Le fascina la comida de su tierra y el ron con Coca-Cola porque «el wisky sabe a medicina y el vodka no sabe a nada». No tiene mascotas ni agüeros, aunque simpatiza con el número ocho y el seis le cae gordo. Respeta a los otros números porque no pretende imponer ni adoctrinar a nadie ¡Chanfle!

 

«Soy escritor porque era más cortica la cola»

 

¿Sus guiones están dirigidos a chicos o a grandes?

-A todos, yo escribo lo que me divertiría como público. Yo me siento el público y escribo para mí y he tenido la suerte de que eso le ha gustado a la gente. No hago concesiones. Sé que hay alguna fórmula, desde luego hay varias para obtener risas, pero si a mí no me causa gracia, no lo pongo. Por ejeplo yo sé que con sólo mencionar el nombre de un político sale el chiste, pero no recurro a eso, tampoco a chistes de afeminados. Yo hago cosas que me gusten a mí. 

¿Cómo fue el ambiente de su casa cuando era niño?

-Clase media, Nunca tan pobre como El Chavo, pero tampoco tan rico. O sea, nunca tuve tren eléctrico pero no me faltó una pelota ni unos soldaditos. Mi mamá quedó viuda cuando éramos muy niños. Éramos tres hermanos, yo tenía seis años y el mayor ocho. Mi papá había sido un pintor bohemio y al morir nada más dejó deudas. No obstante mi mamá nos mandó, a costa de muchos sacrificios, al colegio de los hermanos Maristas, el mejor de México, pero nos cobraban una colegiatura por los tres. 

¿Cómo empezó usted?

A los once años escribí una novela en un cuaderno de escuela. Estudié ingeniería y la dejé, pero me ha sido muy útil la disciplina matemática. Porque escribir requiere de un orden mental. Yo había escrito artículos humorísticos y trabajé en una agencia de publicidad. Un día salió en el periódico un anuncio que decía que necesitaban un aprendiz de productor. Yo iba detrás de este último, pero cuando llegué la cola era como de 200 personas y la otra como de 15 o 20.  Entonces soy escritor porque la cola era más corta. Me preguntaron ¿Qué escribe usted? Y yo respondí: estos artículos publicados en un periodiquito juvenil. Empecé a escribir para radio, televisión, comerciales y slogans. Hice un programa para Viruta y Capulina y luego me llamaron para una película «Los legionarios».

¿Lo afecta la crítica?

En calidad, muy poco. De pronto yo leo una crítica desfavorable y me irrito, pero la leo y una de dos, le encuentro algún fundamento o la envío al olvido. Mis cosas han tenido éxito y eso no se puede perdonar, y en la tierra de uno menos. Cuando hice la película «El Chanfle» me criticaban que el personaje fuera un tipo honrado. ¿Hay algo más absurdo que eso? Me han dicho tratando de intimidar, el cincuentón.   

«Politicamente soy apolítico»

¿Cuál es su tendencia política?

Politicamente soy bastante apolítico, aunque tengo mis simpatías, pero hay algo que es definitivo: no me importan regímenes, ni derechas ni izquierdas, sino personas, porque si uno analiza la derecha, la izquierda, los extremos, el capitalismo, el comunismo, en principio tiene cosas buenas y cosas malas, pero son los hombres que tienen el poder lo que definitivamente hacen cosas buenas o malas. 

¿Cómo escogió los actores de su elenco?

Muy lentamente. Nunca hice caso de nombres ni de fama. Por ejemplo: a Florinda la vi haciendo el papelito de una señora chismosa lavando. Yo pasaba por ahí y me detuve pensando, ¡Qué bien lo hace!, y seguí. Después un productor amigo mío me dijo, Oye, necesito a alguien que actúe bien, ¿A quién me recomiendas? Le dije: a esa que está ahí.Después cuando necesite a alguien le dije a mi amigo ¿Cómo se llama la muchacha que te recomendé? Fui buscando a cada uno de acuerdo a sus características, sin pensar en su nombre o fama. En mi grupo no hay nadie que tenga vicios, son buenas personas todos, y no puedo trabajar con alguien que se histérico.   

«Escribo a mano y a lápiz»

¿Usted escribe a mano o en maquina?

Yo escribo a mano y a lápiz porque así borro mejor. La inspiración no existe. Hay que desperdiciar cuartillas y cuartillas para que salga una buena y a mí me gusta que la hoja quede limpiecita, sin tachaduras. Sé escribir a máquina porque cuando entré a aquella agencia de publicidad me tocó aprender. Aprendí a hacerlo con todos los dedos, pero en el 73 tuve un accidente, un disparo de una bala de salva en la palma de la mano izquierda me dejo insensible el índice y el dedo del corazón. A propósito, cuando me seleccionaron para trabajar en la agencia de publicidad me sentí muy feliz, luego supe que me contrataron porque fui quien acepto el sueldo más bajo.   

«Yo no me aplatano»

¿Trabaja de día o de noche? Cuando caiga, de día o de noche. No tengo horario.  ¿Qué idioma habla? El inglés lo leo pero si me hablan rápido no entiendo. El francés se puede entender más o menos leído pero no hablo ninguna palabra. El italiano lo entiendo. 

¿Qué ciudades le gustan?

Yo me dijo más en la gente que en los lugares. París me parece una ciudad preciosa, aunque los parisienses son insoportables. Madrid es bastante feíta, pero la gente es muy linda. No soporto a los italianos, su extroversión me molesta, mucho menos a los suizos, que no se dignan a verlo a uno. A mí me encanta la gente latinoamericana. 

¿Alguna vez ha estado cerca de la muerte?

En una ocasión, en una cacería, cosa que antes hice porque a mi hermano mayor le gustaba y yo lo acompañaba, pero ahora ya no lo hago. Un día al jeep que llevábamos se le rompieron los vidrios y las llantas y quedamos desprotegidos de una tormenta en la Sierra, con un frío increíble. Le prometí a la Virgen de Guadalupe que iría al santuario si salía con vida y lo cumplí. 

¿Cómo hace para ser tan ágil? 

Por los deportes que practiqué. En realidad jugué todos y me hubiera gustado ser futbolista. Además me conservo joven de espíritu que es lo importante. En México hay un verbo que es aplatanarse. Yo no me aplatano. 

¿Le gusta la música?

Cuando no me molesta, me gusta. Casi no conozco de música clásica. Me gusta lo mexicano y lo romántico. 

 

«Ni Bergman, ni Godard, ni Picasso»

¿Le gusta el cine?

No voy con frecuencia porque me falta tiempo, pero me gusta lo sencillo, nada complicado. Contaré una anécdota: Una vez en México me dijeron que tenía que ir a ver una película de Bergman, Gritos y susurros, porque era una obra de arte. Salí diciendo qué bonita. Un rato después me dije, no seas mentiroso, te aburriste soberanamente, entonces me pareció una porquería soberana, aunque me digan que es arte. Godard por ejemplo lo tiro por una coladera, y la pintura me encanta, pero la clásica, la antigua. No entiendo cómo puede costar tanto una pintura de Picasso, me parece horrible, ahora, puedo estar equivocado, pero decidí no engañarme. Tengo un cuadro de Gordillo, ese si me fascina. Detesto lo complicado. 

¿Nunca usa corbata?

No. Me la tuve que poner para entrar al Palacio pero luego me la quité. No sé a quién se le pudo inventar un trapo colgado en el cuello que ahorca. 

 

«Por bajito fui peleonero»

¿Le importa ser bajito?

Sí, y por eso fui muy peleonero. Todos los bajitos de estatura somos peleoneros por complejo. Con puros grandotes me peleaba yo. Al grado que llegué a intervenir en un torneo de guantes de oro de boxeo. Ahora detesto el box, me parece estúpido.

¿Por qué usa tanto la CH? (Chapulín, Chavo, chipote, chillón, Chilindrina, chanfle) Al principio fue casualidad, y cuando me dí cuenta lo seguí a propósito. 

¿Sus viajes influyen en sus libretos? No con precisión, pero si hay una influencia. Ahora empleo mucho una palabra que he oído en Centro y Sur América: Chévere, y es con Ch.