«Soy un esposo machista pero jamás un muñeco de la sociedad de consumo» Paco de Lucía

*/Murió el famoso músico español. Cromos lo recuerda con esta entrevista realizada en 1980./*
«Soy un esposo machista pero jamás un muñeco de la sociedad de consumo» Paco de Lucía

No saluda cuando entra al escenario, tampoco lo hace cuando sale «¿Para qué?, pregunta, si lo tengo que decir, lo digo cantando».

Así es Paco de Lucía, un hombre de pocas palabras y de rostro inexpresivo. Otra cosa es cuando se sienta en la butaca y empieza a rasguear su guitarra con alegrías, tarantas, guajiras, bulerías y fandangos extraídos de las raíces del folclor flamenco.

Le dicen Paco por llamarse Francisco, y De Lucía por su madre. Lucía también le puso a una de sus hijas, y a la mayor la llamó Casilda, como su esposa, a quien él define como «una mujer guapa, inteligente y buena». Bailaba flamenco y se la presentó la famosa bailaora Regla Ortega, cuyo arte plasmó una época de baile jondo y zapateo.

«Para mí la guitarra es lo que la pluma significa para el poeta», dice. «Jamás he ido a una escuela a aprender a tocarla, me enseñaron mi padre Antonio y mi hermano Ramón de Algeciras. Ramón siempre me acompaña en los conciertos».

De este hombre con fama de gruñón, que elude a la prensa y contesta a algunas preguntas con altivez, ha quedado un español sin problemas, con tanta hambre que desea devorarse cuanto antes una libra de carne convertida en bistec. Pide a su hermano un cigarrillo de los fuertes, de los que llaman negros, que solo resisten los grandes fumadores.

Extiende sus manos largas y huesudas, con dedos manchados por su afición al cigarrillo, con uñas de poca punta, pintadas de esmalte transparente. Su piel es morena y pareja. Sus ojos grandes no traslucen algún sentimiento. Casi no modula al hablar y su sonrisa es escasa.

 

«Mi boda fue en Holanda y el brindis en un bote cubierto de cristales»

Le gusta hablar de su familia. Sus palabras salen lentas, rememorando cada instante de felicidad. «Hace tres años me casé. La ceremonia por lo católico se celebró en Amsterdam invitados por mi padrino, el presidente de Philips, disquera que me graba. No fue una boda corriente. Llegamos y partimos en un coche tirado por dos caballos blancos. Era invierno pero suave. Después hicimos un brindis en un bote que pasaba por el canal, mientras el sol tímido entraba por los cristales. Fue inolvidable». «Todos los días son domingo para mí -continúa-, porque no trabajo. Soy un artista burgués. Me gusta estar en mi hogar bien cómodo, jugando en el jardín o tocando guitarra y enamorando a mi mujer. Soy un esposo machista, pero no como en la época cavernaria. ¡Faltaría más! Soy un machista modernizado. Mando en mi casa pero suavemente, que Casilda no se dé cuenta que yo soy el que llevo el timón».

El bistec se ha terminado y pide un monumental helado. Lo disfruta como chiquillo olvidando que tiene 32 años y que es famoso. «¿Saben?, la fama llega poco a poco, no se nota el proceso. De pronto, uno voltea a mirar y se da cuenta de que se tiene un nombre, que te buscan, que te acosan, que te salen estupendos contratos. Pero a veces, muchas veces, te molesta. La fama es difícil, no es agradable, a no ser que sea un acomplejado del carajo que la necesite. Por eso en mi hogar encuentro la felicidad, la misma que debe sentir un guerrero cuando vuelve de cada batalla. Cuando estoy en mi chalet de Mirasierra, a la salida de Madrid, olvido todo. Nada ni nadie hará que me convierta en un muñeco de la sociedad de consumo».

 

«No creo en los genios escondidos»

En minutos el helado ha desaparecido. Paco de Lucía se pasa una servilleta por los labios y esboza una sonrisa.  

«A veces pienso que si no hubiera nacido en el hogar de mi padre, sería un don nadie, un papanatas, cualquier cosa. Yo no creo en los genios escondidos. El artista que es bueno, así esté debajo de una piedra, es reconocido. Pero no basta el talento y el arte que se tenga, hay que seguir luchando como siempre, como el primer día».

La boletería del teatro Colón, durante las presentaciones de este guitarrista, se ha agotado. Asiste gente de diferentes estratos sociales. Desde el ejecutivo y la dama sofisticada, hasta la estudiante con tobilleras y el ama de casa con su atuendo sencillo. «No tengo preferencia por el público -dice-, toco primordialmente al ser humano, a aquel que es capaz de captar la sensibilidad de la música. No me importan edades ni condiciones sociales».  

«Con Franco, el arte era para los privilegiados»

En el repertorio de Paco de Lucía, ese guitarrista que le ha dado la vuelta al mundo con el arte de su guitarra, incluye temas de su propia inspiración y últimamente temas del famoso compositor Manuel de Falla. «Lo hago porque Falla se inspiró en nuestra tierra, en el folclor flamenco, como por ejemplo La danza del fuego y La danza de la vida. La rumba Entre dos aguas, y el taranto Fuente y caudal, las compuse por sensaciones de mi niñez y de mi vida».

No hay terreno vedado cuando se habla con Paco de Lucía. Así que no le sorprendió hablar de la situación por la que atravesaba España en 1980. Responde sin vacilar: «Estamos en plena etapa de transición, pasando de una dictadura como  la de Franco a una democracia con Juan Carlos. Salimos de una época de represión en la que el arte era solo para privilegiados. Ahora hay un sistema organizado, más oportunidades, tenemos una democracia. No es fácil; es cierto que estamos pasando un momento difícil, también lo es. Pero apoya cualquier manifestación artística de calidad. Veamos el caso de Antonio Gades, con quien vine en 1967 a Colombia, ahora tiene su ballet nacional y eso es importante».  

«Saqué el flamenco de las tabernas»

Para que el flamenco sea auténtico debe llevar tres ingredientes: baile, guitarra y canto. Paco de Lucía corre el riesgo de presentarse solo con su guitarra y el folclor no pierde su esencia. Cuando ofreció su concierto en el teatro de France Odeón en París, Patricce de Nussac, uno de los críticos más exigentes, dijo de él: «Su guitarra es fresca, franca, un torrente de notas límpidas. Es uno de los guitarristas capaces de volver clásico un aire popular y popular un aire clásico».

Paco de Lucía complementa ese concepto cuando le preguntamos: ¿Cuál es su mayor satisfacción como artista? «La música flamenca hasta hace unos años estaba marginada, solo era de las tabernas, de las noches de juerga para distraer a las parejas. Yo la saqué de allí. Como artista tengo la satisfacción de haberla hecho llegar a todo el mundo y darle más categorías».

Por: Ligia Riveros.