Diario de una hazaña en el Amazonas

*CROMOS acompaña minuto a minuto a Orlando Duque en su travesía por el Amazonas. Esta vez, saltos de hasta 35 metros son el reto del clavadista.*
Diario de una hazaña en el Amazonas

Así transcurren los días del aventurero caleño en busca de los arboles más altos para lanzarse:

9 de marzo 

Salimos de una Leticia muy caliente, no sólo por los 35 grados de temperatura sino por el ambiente electoral. Indígenas y colonos vestidos con camisetas que a pesar de no tener logos ni marcas, identificaban a sus candidatos, se agolpaban en la entrada del puerto Victoria Regia. En medio de la muchedumbre que avivaba y atacaba a un candidato que recién llegaba, pasó el equipo Redbull, con el campeón mundial de saltos de altura, Orlando Duque. 

Parece increíble pero en este remoto lugar de Colombia conocen a Duque. La noticia de que estaba en este puerto limítrofe se regó como pólvora, y hasta la policía y la Armada que ejercen el control, querían fotografiarse con él. 

Finalmente, después de superar varios obstáculos, salimos en dos lanchas hacia Yavarí, a eso de las 2 de la tarde. 

El viaje de más de dos horas estuvo tranquilo. Orlando y su equipo revisaron dos de los árboles de donde saltará en los próximos días. Eber Pava, un clavadista ibaguereño, amigo personal del campeón, le explica en cada sitio las condiciones para saltar, cuál rama es más segura, por dónde subir y qué tipo de salto puede hacer. 

Eber hizo la avanzada de este equipo, al lado de Christian Aristizábal, un escalador profesional, quien se encarga de garantizar las condiciones de seguridad para que los dos clavadistas suban a lo más alto de los árboles sin ningún riesgo para su vida.

Ambos le dieron su parte técnico al campeón, mientras el austriaco Tomas Miklautsch, director del documental que dejará registrada esta hazaña, también daba indicaciones. Dos fotógrafos de Redbull, un colombiano y un brasileño, tomaron observaron la luz, midieron ángulos y sacaron conclusiones.

La tarde ya caía y rodeados por unos delfines rosados, que tímidamente se asomaron mientras las lanchas estaban pagadas, el equipo se retiró para evaluar, programar y preparar todo. Al día siguiente empezarían los saltos. 

El lugar de alojamiento es el típico que se encuentran en esta zona. En una construcción de madera, elevada con pilotes sobre el río, nos recibieron Jorge, un colono peruano y su esposa brasileña María Helena. Hay cuatro casas más en este sitio que se conoce como Zacambú. 

Nos quedan pocas horas de luz día y la planta eléctrica solo funcionar hasta las 9 de la noche, así que el trabajo de plantación comienza rápido. Antes de que se apague la planta y luego de una deliciosa cena casera, el equipo decide que partiremos el lunes muy temprano en búsqueda de un tercer árbol, el más alto (27 metros) y el más lejano, está en un lugar llamado Palmarí, a unas dos horas en lancha, río arriba.

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10 de marzo

No ha parado de llover desde las 3 de madrugada. Aún así los planes de salir temprano hacia Palmarí no han cambiado. Partimos en medio de una fuerte tormenta, no hay tiempo que perder. Orlando quiere llegar cuanto antes a ese árbol y empezar a saltar.

 

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