A 85 kilómetros por hora, Orlando Duque saltó desde un árbol de tres metros

*La travesía de Orlando Duque en el Amazonas continúa y CROMOS sigue llenando el diario con todos los detalles e intimidades de la expedición.*
A 85 kilómetros por hora, Orlando Duque saltó desde un árbol de tres metros

11 de marzo. No ha parado de llover desde las 3 de madrugada. Aun así, los planes de salir temprano hacia Palmarí no han cambiado. Partimos en medio de una fuerte tormenta, no hay tiempo que perder. Orlando quiere llegar cuanto antes a ese árbol y empezar a saltar.

Un poco más de dos horas de preparación y de pruebas fueron suficientes para empezar los saltos. Llegamos al árbol de casi 30 metros hacia las 11:20 de la mañana. El primero en actuar fue Christian, el escalador. Primero tiró una soga y luego subió muy ágil hasta la plataforma que habían construido unos nativos días antes sobre la rama más resistente del árbol.

Los mosquitos fueron el principal inconveniente, porque la lluvia ya había cesado. El sol también tuvo clemencia con el equipo y no se asomó. Pero los mosquitos, las abejas, los jejenes, las termitas, no tienen consideración con los seres humanos que invadimos la selva sin permiso.

Mientras Christian asegura su equipo, Herve, el suizo que sirve de guía, y Ever, se sumergen en el río. Tres días atrás ya lo habían hecho, pero es necesario hacerlo cada vez que los clavadistas se vayan a lanzar. El río arrastra troncos y material, y es necesario verificar cuantas veces sea necesario. Sacaron varios troncos y volvieron a sumergirse. El agua está lista.

Las cámaras del documentalista y de los fotógrafos están listas; Christian ha cumplido su cometido; el río es seguro. Los clavadistas se preparan para subir. La escalera mide 30 metros y se necesita la fuerza de varios hombres para templarla lo suficiente y permitir que Ever y sus 82 kilos repartidos en 1,70 de estatura, y los 72 kilos de Orlando puedan escalar hasta la plataforma.

Ever se lanza primero, Herve se ha quedado en el agua para ayudar a guiar a los clavadistas (salpica el agua) y ayudar en cualquier eventualidad. El silencio es absoluto. Todos contenemos la respiración por unos segundos eternos, mientras esperamos que este hombre que viajó desde los 28 metros de ese árbol, a 85 kilómetros por hora, salga del agua. Cuando lo hace, con los brazos en alto, todos aplauden. Es hora de que el campeón mundial salte.

Hizo un salto mortal hacia adelante. Perfecto, impecable. Otra vez los segundos eternos de espera para que salga del agua y el parte de victoria sea completo. Cuando sale el júbilo es total. Los dueños de las cámaras revisan sus ángulos y todos celebran. Ver video aquí

Un salto más de cada uno para otra toma, para buscar otro ángulo y podremos terminar con éxito la primera mañana de saltos. No hay tiempo para descansar. La caída del día ofrece una luz privilegiada para las cámaras. La hora dorada, la llaman los expertos, y se refieren a la tonalidad entre amarilla y naranja que da el sol sobre los objetos, desde ciertos ciertos ángulos. Y mientras Orlando vuela sobre el río, todo vestido de blanco, se entiende el concepto.

Dos saltos más completan este primer día de trabajo. El atardecer, con sus tonos entre rosados y naranjas nos dan el cierre perfecto para buscar un descanso.

Después de trabajar todo el día del lado peruano, remontamos el río Yavarí hacia Brasil. Un hotel en una pequeña montaña garantiza un ambiente fresco y sin los molestos mosquitos. Evaluar y planear el día siguiente, cargar las baterías de los equipos con la planta eléctrica que se trajo desde Leticia, una cena, un café y, por fin, a descansar.

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