Charlene de Mónaco, ¿Una princesa de mentiras?

*Al parecer lo que la hace feliz es salirse del protocolo.*
Charlene de Mónaco, ¿Una princesa de mentiras?

Las fotografías publicadas por la revista alemana Bunte, donde Charlene de Mónaco  aparece muy cariñosa con un hombre que no es su marido, aumentaron los rumores de que no es la esposa entregada que todos pensaban. 

Muchas mujeres darían lo que fuera por encontrar a su príncipe azul, caminar hacia el altar con un vestido de diseñador hecho exclusivamente para ellas y vivir felices para siempre en un palacio. Tal como sucede en las películas de Disney. Pero, ¿qué pasa cuando la historia toma un curso diferente, y el cuento parece ser la fachada para un matrimonio por conveniencia?

Esta es la pregunta que varios medios de comunicación están haciendo después de que la revista alemana Bunte publicara unas fotos de Charlene Wittstock, princesa de Mónaco, muy cariñosa con un hombre que no es su marido. El lugar: la isla francesa de Saint Barths. La escena: Charlene sin nada de maquillaje, en jeans y camiseta, bailando con un hombre a quien abraza, besa en la mejilla y le dice cosas al oído.

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«Princesa, ¿Qué estaba usted pensando?» fue el titular con el que la revista Bunte publicó las fotos.

A primera vista es una situación común y corriente. El problema radica en que desde el 2011, cuando se casó con Alberto de Mónaco frente a quinientos invitados, esta hermosa rubia dejó de ser una persona del común. Su estatus de realeza no solo le ofrece lujos y preferencias. También le trae compromisos y obligaciones dentro de las cuales escenas tan desenfadadas como esa se salen por completo del protocolo. Comentarios y críticas no se hicieron esperar.

Se sabe que en primera instancia Charlene viajó a Saint Barths para donar un equipo de salvamento de 1350 euros, mientras su esposo disfrutaba de los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi. Pero no está claro por qué terminó con el reverendo anglicano Charlie Vere Nicoll; su mujer, Mandie, y otros miembros de la congregación bebiendo y bailando en un restaurante. Aunque el principado no ha emitido ningún comunicado al respecto, las cosas no lucen muy bien para este matrimonio, que ha sido protagonista de más de un escándalo.

No es la primera vez que a Charlene se le vincula con otro hombre. En agosto del año pasado la ex nadadora olímpica estuvo de paseo por las costas de Córcega y Cerdeña en el yate Attesa IV, propiedad del millonario estadounidense Dennis Washington, de 79 años, con quien se le vio cogida de la mano y muy cariñosa. En esa oportunidad, Charlene aseguró que Dennis es solo un amigo y patrocinador de su fundación, pero las fotografías dejaron espacio para la duda. Al parecer, el tema de su fundación (que promueve la natación infantil) es la fachada para sus romances.

Mientras su esposo cumplía con compromisos reales, Charlene viajó a su país para revisar algunos proyectos de su fundación, entre los que se encuentra la promoción del rugby para niños, liderado por el ex jugador neozelandés Byron Kelleher, con quien se le ha visto en más de una ocasión, lo cual ha aumentado los rumores de un supuesto romance, ya que el deportista tiene fama de ser un donjuán. Sean ciertas o no, lo que estas tres historias tienen en común es que en todas Charlene se ve feliz, lo que no pasa en ninguna de sus apariciones públicas junto a su marido.

Incluso desde antes de casarse, ya se rumoraba que dicha unión era única y exclusivamente por conveniencia. Según el diario francés L´Express, horas antes de casarse Charlene intentó huir del palacio de regreso a su país, pero fue detenida por la aduana al tratar de salir de Mónaco. Si a esto se le suma que en la luna de miel en Sudáfrica, en lugar de tener momentos románticos con su nueva esposa, Alberto asistió a reuniones del Comité Olímpico Internacional, y que al descubrir la prensa local que estaban durmiendo en hoteles separados, «por comodidad», según declaró el propio príncipe, no resulta extraño que Charlene se olvide del protocolo. 

¿Qué gana cada uno manteniendo este matrimonio de mentiras? Según la revista Point de Vue, Alberto y Charlene firmaron un contrato millonario que estipula que deben durar casados mínimo cinco años y procrear un heredero. De esta manera, el patrimonio Grimaldi se mantiene en la familia, ya que los otros dos hijos que tuvo como resultado de dos amoríos antes de su matrimonio, no tienen derecho a la sucesión.

Él protege su reino y ella cumple su sueño de ser madre. ¿Un trato justo? Todavía faltan dos años para que el supuesto contrato se venza. Lo cierto es que Charlene no está dispuesta a quedarse sentada esperando que pase el tiempo. Y si puede hacerlo con compañía masculina, pues mejor.