El Aguilucho, el club de los poderosos del Gimnasio Moderno

A propósito de los 100 años del colegio, revivimos esta crónica sobre el periódico en el que hicieron sus pinitos grandes políticos y periodistas del país.
El Aguilucho, el club de los poderosos del Gimnasio Moderno

«La negra se asolea en la playa gritando y los peces de colores se parecen a las flores»

Este fue el primer verso publicado por el ex presidente Ernesto Samper Pizano en El Aguilucho. Tenía apenas 7 años y estaba en II Decroly, que según las cuentas de este siglo, sería segundo de primaria. Lo publicaron, asegura él sin remordimientos, porque los editores de la revista del Gimnasio Moderno descubrieron tempranamente su talento oculto y quisieron realzar el nombre de la publicación, que en aquella época (1957) ya tenía 30 años de historia.

Lo cierto es que a esa tierna edad, Ernesto era apenas uno de los muchos Samper (una docena, tal vez) que publicaría sus textos en esta revista, que se mantiene como la publicación estudiantil más antigua del país. Su padre, don Andrés Samper Gnecco, por ejemplo, había escrito por allá en 1939 varios textos, entre los que se destacan: “Mi primer fracaso en matemáticas”, en el que deja ver el origen de los apuntes llenos de humor que caracterizarían años más tarde a sus hijos.

 

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Benjamín Villegas era reconocido por su habilidad para las caricaturas y las ilustraciones.

 

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Antonio Caballero ilustró uno de los primeros cuentos que publicó en El Aguilucho.

 

Estas primeras e inocentes letras eran apenas una de las manifestaciones de la larga tradición de esta familia en la vida del Gimnasio Moderno, tan vigente que acaba de protagonizar un debate público luego de que el rector Juan Carlos Bayona le pidiera la renuncia al periodista Daniel Samper Ospina como miembro del Consejo Directivo.

De los 17 fundadores del colegio, seis eran Samper, según consta en el acta del 25 de abril de 1914: José María, Manuel F., Antonio, Joaquín, Pedro Miguel y Tomás, este último quien prestó su casa para tan importante reunión, donde decidieron que la sede estaría ubicada en una amplia casona en la carrera séptima con calle 57, donde empezaron con 20 muchachos, divididos en dos grupos, el Bolívar y el Nariño.

Así fue como los Samper se convirtieron en los principales socios de don Agustín Nieto Caballero, otro destacado e inquieto intelectual que después de estudiar en Europa, vino a Colombia con la idea de revolucionar la educación creando un colegio para las familias más adineradas de Bogotá. Su idea era dictar clases al aire libre, acabar con los castigos como bofetadas, coscorrones y gritos y traer profesores de Europa. En esta empresa lo secundaron otros prestantes bogotanos, como Ricardo Lleras Codazzi y don Tomás Rueda Vargas. La saga samperista empezó desde que el bisabuelo del ex presidente, don José María Samper Brush, donó los terrenos sobre los cuales se levantó en 1919, el colegio en la sede que se conoce hoy en el barrio El Lago.

Los varones de esta familia, que por entonces se distinguían como empresarios en el sector de la infraestructura industrial, la energía eléctrica, los cementos, y especialmente, como insignes liberales, pasaron todos por las aulas del Gimnasio Moderno y la mayoría por las páginas de El Aguilucho. Su abuelo, Daniel Samper Ortega, relevaría a Agustín Nieto en la rectoría del colegio. Después de Ernesto, pasarían por la dirección editorial Daniel y José Gabriel, sus hermanos; Daniel, su sobrino, y Miguel, su hijo.

Revisar el archivo de El Aguilucho es descubrir que sus páginas sirvieron de vitrina para los primeros escritos de personajes que marcaron la historia en la vida cultural del país. Varias generaciones de escritores y periodistas, comenzando por su fundador Eduardo Caballero Calderón, quien por los días que le dio vida al semanario gimnasiano ya empezaba a publicar en El Espectador. Su hermano Lucas Caballero Calderón (Klim), y su primo Eduardo Caballero Escovar, cuentista analista político y económico, también dieron sus primeros aleteos con El Aguilucho. Los hijos del fundador de la revista, Antonio y Luis Caballero Holguín, harían honor a la memoria escrita de su padre, con sus cuentos, dibujos y caricaturas.

 

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Los alumnos de último año de bachillerato son los directores de la revista.

 

Los Cano, otra familia de tradición periodística, tuvo sus primeras líneas reservadas en el “semanario gimnasiano”. Don Luis Gabriel Cano Isaza fue el primero de esta familia que pasó por el Gimnasio Moderno, le seguirían sus hermanos Alfonso, Fidel y Guillermo, quienes publicaron primero en El Aguilucho antes que en El Espectador, al igual que sus hijos. Algunos miembros del clan García-Peña, accionistas de El Tiempo, también pasaron por las aulas gimnasianas, junto a Enrique Santos Castillo, el único de los Santos que no pasó por el San Carlos y quien fi rmó en 1934 como director de la revista estudiantil.

Años más tarde, en 1940 se graduó Mario Laserna, quien se llevaría la facultad de Economía que se creó en el Moderno para fundar, nueve años después y junto a otros gimnasianos, la Universidad de los Andes. Vendrían también médicos como José Félix Patiño, corresponsal asiduo de El Aguilucho (ministro de Salud y rector de la Universidad Nacional) y varios Cavelier.

Hay entre los egresados científicos como Rodolfo Llinás y Jorge Arias de Greiff, arquitectos reconocidos como los Pizano, Pradilla y Caro. Hombres de letras como Alfredo Iriarte y Alberto Ángel Montoya, de los medios como Guillermo, ‘La Chiva’ Cortés y Fernando Gómez Agudelo. Apellidos como Casas, Sanz, Santamaría, Restrepo, Rueda, Posada, Ferro, entre otros, con tradición y peso político y económico en el país, quedaron año tras año registrados en El Aguilucho, al lado de los versos y las caricaturas que enviaban los alumnos de todos los grados y que se publicaban bajo la supervisión de los estudiantes de último año de bachillerato que ejercían como directores.

 

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Desde el primer día de vuelo, El Aguilucho se mantuvo independiente de los directivos del plantel. Siempre fueron los alumnos los que se encargaron de conseguir entre los amigos de los papás, la pauta publicitaria que garantizara la supervivencia de la revista. Y se logró. Hoy completa 69 años de publicación ininterrumpida. Los primeros números se publicaron semanalmente, pero luego el impulso de los estudiantes fue decayendo hasta quedar en dos ediciones al año. Los enfoques dependían mucho de los directores. Algunos tenían inclinación literaria y otros más actual y periodística.

Roberto Posada García Peña (D’Artagnan), por ejemplo, hizo una entrevista explosiva al profesor de historia Guillermo Quiroga, en la que reveló su marcado perfil de izquierda y otra con Enrique Santos, a propósito del asesinato del presidente Salvador Allende y el golpe de Pinochet en Chile. Más adelante publicó un artículo de Fabio Lozano Simonelli. Años después, su primo Rodrigo Pardo, hoy director editorial de Semana, se anotó un hit entrevistando al poeta Eduardo Carranza y levantó ampollas con otra entrevista al ex presidente Alfonso López donde contó que salió del Moderno casi echado por criticar la traída de profesores europeos y en la que aseguró que “el Gimnasio era un colegio eminentemente oligárquico, las familias poderosas del país mandaban a sus hijos al colegio, pero el balance académico del gimnasio frente a escuelas semejantes, no era superior”.

Fidel Cano, director de El Espectador, también tuvo problemas con su familia cuando en un arrojo de independencia le dio por criticar el cubrimiento que el periódico le dio a unas elecciones. También generó controversia cuando mostró el abandono en el que estaba la tumba del profesor y rector Ernesto Bein. A pesar de las chivas periodísticas, una de las cosas que más atraía y divertía a los estudiantes eran los perfiles de los graduandos en el anuario. Gracias a ese importante registro histórico, hoy nos podemos enterar de que el ex ministro de Hacienda Guillermo Perry era apodado ‘Gordo’, ‘Ternero’, ‘Bill’ o ‘Peggy’ y que cayó enfermo el día que sacó menos de tres en una previa de química. Que a Daniel Samper Pizano le decían ‘Lavoisier’ y le gustaba asaltar a los chiquitos del Montessori para robarles el comiso.

O que Paulo Laserna atropellaba a medio gimnasio con su bicicleta y que a Ernesto Samper lo conocían como ‘Erne’, ‘Tingol’, ‘Cabezón’, el ‘Sabio’ o ‘Ernesto Tulio’ y que lloró dos veces cuando le quitaron el primer puesto. Un gimnasio con historia.

El anuario Aguilucho describe a Fidel Cano, Daniel Samper y Paulo Laserna, entre otros, cuando estaban en su último año.

 

Fidel Cano

FidelC

«Fichel, Filucho, Canotú. Al llegar el primer día a clase nos sorprendimos al ver a un extraño personaje, atiborrado de sudaderas de El Espectador y viseras del Santa Fe».

 

Daniel Samper

DanielS.

 «Me horroriza decirlo, pero era un poco poeta. Malísimo, eso sí. Mi primer artículo, escrito a los 7 años, era Qué animal me gustaría ser. ¿Adivinan cuál? ¡El elefante!».

 

Dartagnan

Darta

«Comencé a escribir en el 69 cuando lo dirigía Ernesto Samper. Nos reuníamos en el Ranch Burger, que quedaba en la 77 con 15, a conspirar y a organizar la revista».

 

Benjamin Villegas

BenjaminV

«Este técnico en guayabos, a juzgar por sus camisas y por los ojos que trae los lunes y los martes y... en fin, todos los días, ha sido compañero desde el Montessori».

 

Luis Caballero

Caballero

«Posee una prodigiosa facilidad para las ciencias exactas, habiéndose destacado con las mejores notas en física, geometría, álgebra. Tiene gran afición por la pintura».

 

Gonzalo Mallarino

Mallarino

«Poeta, mecenas del arte, puntero izquierdo, habitante de la noche, en algunos casos ‘mariscal de las 48 horas’, desencantador por excelencia de jovencitas».

 

Paulo Laserna

Laserna.

«Han llegado quejas de la Secretaría de Tránsito, de la Defensa Civil, porque un muchachito melenudo en una cicla atenta contra la seguridad de peatones y conductores».

 

Ricardo Santamaría

«No pertenecí a la redacción de El Aguilucho, porque siempre estuve en el grupo de teatro. Sólo  publiqué un artículo sobre la Amazonia colombiana».

Santamaria.

 

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