¿Qué tan descarriada es una oveja negra?

 ¿Es en realidad la encarnación del pecado? A propósito de la Semana Santa, una visión moderna acerca del sacrificio de Cristo.

Un aspecto de la pasión de Cristo que muchas veces dejamos pasar es el hecho de que haya sido sacrificado, que se le aluda como al cordero que se entrega en sacrificio. En la actualidad podríamos decir que Cristo fue un chivo expiatorio o una oveja negra. ¿Qué podemos sacar del mito? ¿Cómo podemos iluminar nuestra realidad actual con este poderosísimo símbolo, y honrar de esta manera la grandeza del sacrificio, usándolo a favor de la consciencia, la vida y la realización?

 

Creo que podemos empezar por esa bella escena en la que los fariseos condenan a Jesús por comer con «pecadores». Este les responde así: "¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido". Y concluye diciendo: "Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento".

 

Hay dos elementos importantes en esta respuesta que son la llave para entender el simple y oculto sentido de estas imágenes. El primero de ellos es que el pastor abandona todo su rebaño por la oveja descarriada. ¡Qué bella y contundente imagen! Es un asunto de valor: vale más una oveja perdida que 99 ovejas acomodadas. Pero, ¿por qué? ¿No es la oveja descarriada la imagen del pecado? ¿No valen más 99 justos que un pecador? En términos morales, sí. Para los fariseos, sí. Pero en términos de profundidad humana y de potencial de realización, no. Porque es la oveja descarriada la que toca la verdad, la que conoce el límite, la que, perdiendo el camino, se encuentra a sí misma.

 

Por eso, y esta es la segunda clave, encontrarla es un gozo. Lo es porque la vida no es un problema moral, sino un problema de consciencia. Cuando en estas imágenes se habla de pecado, yo entiendo ceguera, contradicción, ignorancia básica de aquellas cosas que en realidad nos realizan y de aquellas que no lo hacen.

 

Por eso, cuando se habla de arrepentimiento en este contexto, no lo entiendo como la culpa de los moralistas, de los perfeccionistas y de los adictos a la gloria. El arrepentimiento lo entiendo como ese instante de conciencia transformadora cuando nuestra visión se aclara, el corazón se abre y tocamos las fibras profundas de nuestra naturaleza humana. Esos instantes en que vemos la mezquindad de nuestras pasiones y la verdadera dimensión de nuestras virtudes más humanas.

 

 

El papel del chivo expiatorio

 

En la psicología también usamos el término de oveja negra o chivo expiatorio. Con él nos referimos a aquella persona que se hace cargo, inconscientemente, de las dinámicas emocionales inadmisibles, de las contradicciones, de los secretos, de las mentiras, de las injusticias y, en general, de la sombra de los diferentes sistemas humanos. El chivo expiatorio puede ser el niño con dificultad escolar, el hombre alcohólico, la mujer con trastorno bipolar, el criminal o, por qué no, esa persona que piensa distinto y denuncia de múltiples formas su desacuerdo con aquello que nadie más se atreve a denunciar en un sistema.

 

Las ovejas negras comparten varias características: en primer lugar son rechazadas o excluidas; o se les da una etiqueta psicológica; o se les crucifica; o se les encarcela, o se les niegan derechos. En segundo lugar, con su marginación pagan el precio que la colectividad debería pagar por las dinámicas que en realidad son de todos. Y en tercer lugar, son los miembros más lúcidos y sensibles de dichos sistemas, y por ello mismo pueden denunciar o manifestar lo que nadie más puede.

 

La ovejas negras denuncian y silencian a la vez. Denuncian con sus síntomas o expresiones. La conducta del adolescente contestatario denuncia a su familia disfuncional; el histrionismo exagerado de un homosexual denuncia la sexualidad no asumida por sus padres; el esquizofrénico denuncia la incoherencia y la inhumanidad de una sociedad perturbada. Tanto sus síntomas disruptivos como su palabra desafiante muestran siempre una verdad de la que no se quiere hablar. Ellos son los verdaderos frutos de las mentiras que día a día sembramos.

 

Pero también ocultan: la ritalina del niño encubre el problema de pareja de los padres; la promiscuidad de la adolescente no acaba con la sexualidad primitiva y satanizada de una familia; los manicomios no curan nuestra violencia y egoísmo; y las cárceles no terminan con el desequilibrio estructural, que es la verdadera violencia que perpetramos a diario. 

 

 

Una doble posición

 

Nos rasgamos las vestiduras cuando un niño hace una masacre en un cine, pero pagamos para ver masacres ficticias en la misma sala. Odiamos a los criminales de la cárcel, pero seguimos perpetuando la violencia. Juzgamos la corrupción y la decadencia de nuestro congreso, cuando nosotros los elegimos. Juzgamos la pornografía, cuando nosotros la consumimos. Y nos indignamos ante el mafioso cuando somos el mercado que lo lucra. Esa es la dinámica del grupo, del redil de ovejas, ante la oveja descarriada.

 

Pero creo que es hora de hacernos cargo. No tiene sentido que sigamos sosteniendo una cruz en el cielo, mientras permanecemos inconscientes y desentendidos. Reconozcamos en las ovejas negras una manifestación externa que habla siempre un poco de nosotros y de las mentiras que nos echamos y del trabajo que tenemos por hacer.

 

Mientras no asumamos nuestras mentiras, nuestras incoherencias, nuestra forma de darle la espalda al amor, nuestra indolencia ante lo profundamente humano, nuestra maldad y nuestro egoísmo, la imagen de Cristo en la cruz solo será la imagen de un atroz crimen político, como los que se cometen todos los días. La verdadera dimensión de un sacrificio es dada por la consciencia y la transformación que pueda suscitar en los que lo atestiguan.

 

Foto: iStock.

 

 

últimas noticias

Los hábitos matutinos de la gente exitosa

Beneficios de la vela de soya