¿Cómo es Clara López cuando las cámaras no la ven?

Sonríe con ganas y picardía. No le interesa revisar cifras porque las lleva en la cabeza. Y siempre es serena y amable. Así fue su entrevista en Blu Radio.
¿Cómo es Clara López cuando las cámaras no la ven?

Poco después de que terminara la entrevista, Clara López levantó los brazos una y otra vez eufórica, como celebrando la victoria. Néstor Morales, el director de la emisora, acababa de anunciar que la conversación entre la candidata y el equipo de Blu Radio era tendencia nacional en las redes sociales. Y ella también. López estaba en boca de todos. La mañana anterior el presidente Santos había estado en la misma mesa, contestando las mismas preguntas, pero no revolcó Internet. Así que tenía buenas razones para festejar, así sea un triunfo mínimo en esta enrevesada carrera a la presidencia. 

Desde que llegó a la emisora estuvo tranquila. Muy tranquila. Tomó café y observó atenta a los periodistas mientras anunciaban que Falcao posiblemente no iría al Mundial. Uno podría imaginársela revisando papeles, datos y tuits, para estar preparada para el bombardeo de preguntas y posibles ataques que se avecinaba, pero ella no tenía nada de qué preocuparse. Entró a la cabina solo con su celular –que miró un par de veces sin urgencia– y una pequeña libreta negra –que ignoró la mayoría del tiempo–. Estaba muy segura de lo que tenía en la cabeza, no necesitaba apoyo de cifras ni de personas. Y su seguridad solo reflejaba serenidad, nunca soberbia o prepotencia. 

Vestida con un sastre azul oscuro, una camisa blanca con pájaros y unos zapatos negros planos y muy cómodos, fue evidente que su apariencia física no la trasnocha; sin embargo, se nota un cambio: ahora suele llevar el pelo suelto, decora sus mejillas de rosado e incluso usa sombras en los ojos. En el pasado quedó la mujer que siempre tenía el pelo corto o recogido y la cara lavada. 

 

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«Esta confrontación entre Santos y Zuluaga me da vergüenza ajena y produce desasosiego entre los Colombianos», responde López a la primera pregunta y la única en la que los periodistas ponen sobre la mesa los escándalos de las últimas semanas. Después de ese momento, el equipo de Blu Radio se centró en ella y ella se encargó de demostrar que tiene el país en la cabeza. 

Nunca hubo una pausa entre las preguntas y las respuestas. No dudó, no titubeó, no se tomó un tiempo para pensar o respirar. Siempre contestó de inmediato, convencida de su punto de vista y con una elocuencia admirable. Por momentos parecía que leyera: ponía comas en su discurso, metía incisos y marcaba puntos. Las ideas estaban ordenadas en su cabeza, así que iba paso a paso, sin perderse en muletillas. Su única manía era cogerse la cara y tocarse la nariz, y por momentos parecía tentada a morderse las uñas, pero se contenía justo a tiempo. 

Empezó hablando de la renegociación del TLC con Estados Unidos, de rescatar el agro y de las buenas prácticas mineras, y se notaba que los periodistas estaban incómodos. Su discurso era técnico, denso, difícil de comprender en ocasiones y hasta aburrido, así que intentaron aterrizarla y llevarla a puntualizar y a aclarar. Luego vinieron temas más cercanos a la gente, como la educación y la salud, y sus propuestas se sintieron más accesibles y más comprensibles. Hay que eliminar las EPS, hay que controlar los precios de los medicamentos, hay que llevar la gratuidad a la educación superior, hay que invertir en investigación, hay que alimentar a los niños…  

Cuando contestaba lo hacía con mucha seriedad, aunque con respeto y serenidad. Pero en el momento en el que se apagaba el letrero de «Al aire» era toda sonrisas y pura amabilidad. Es encantadora y cálida. Se ríe con ganas y parece que invitara a quien la mira a reírse con ella. También es sincera, por eso cuando le preguntaron si había probado el yagé contestó sin reserva alguna –a pesar de la sorpresa del periodista–: «Sí, en Caquetá, en el año 72 o 73».  Por esta razón también afrontó sin temor el momento en el que Morales le preguntó si se arrepentía de haber hecho parte de la Alcaldía de Samuel Moreno: «Me arrepiento de no haber tenido la suspicacia suficiente –contestó–, pero tuve la oportunidad de demostrar mi transparencia y mi honestidad durante los seis meses en los que me confiaron la Alcaldía». 

Aunque no da la impresión de que se cuide cuando habla, ni que sus respuestas sean libreteadas, en sus palabras sí estuvo presente de manera recurrente su interés por aclarar que para ella es tan importante el sector público como el privado, así como su distancia de la idea de la expropiación de parte del Estado. Tal vez quiera alejarse de la imagen «castro-chavista» que su partido lleva sobre los hombros y que otros candidatos han intentado usar en su contra. 

A Clara López le gusta pintar, adora la comida, nunca ha sido infiel, odia el ruido y tiene un patrimonio de mil millones de pesos –dividido en tres apartamentos–. Está a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo y del aborto en los tres casos que aprueba la ley, sin embargo, todavía no está segura de estar de acuerdo con que los padres homosexuales adopten: «Como muchos otros temas importantes, creo que este requiere mucho debate y estoy en ese proceso». Por esta razón, apenas terminó la entrevista se acercó al periodista Felipe Zuleta y le comentó que ese era un tema que le interesaría hablar con él –quien es abiertamente gay–, así que anotó su celular y le prometió que lo llamaría. Parece que Clara López no es de quedarse con los brazos cruzados. Quiere estar muy segura de la decisión que tome, así que preguntará, investigará y reflexionará hasta que encuentre una respuesta, una que la satisfaga y le dé tanta seguridad como el resto de asuntos que en esa hora y media se pusieron sobre la mesa.

 

Foto: Inaldo Pérez