«Este es el mejor momento deportivo en la historia de Colombia», César Augusto Londoño

Estamos viviendo como espectadores emocionados el boom del deporte colombiano. Sus protagonistas nos deleitan en muchas disciplinas y nuestro corazón está viviendo experiencias únicas e irrepetibles.
«Este es el mejor momento deportivo en la historia de Colombia», César Augusto Londoño

En este teatro universal vemos a la selección Colombia llegar a cuartos de final en la Copa del Mundo en un delirio loco que transforma a un pueblo; a Nairo Quintana y Rigoberto Urán destrozar a los poderosos ases del ciclismo mundial en carreteras europeas; a Juan Pablo Montoya ganar otra vez en la categoría que lo potenció a la Fórmula 1, escoltado por jóvenes pilotos que le pisan los talones; a nuestros beisbolistas, destacarse en la Gran Carpa con un pitcher, Julio Teherán, elegido para el juego de estrellas; a Orlando Duque desafiar las alturas como el superclavadista del planeta; a una niña joven y menudita agigantarse en las pistas de BMX como la mejor del mundo; a la gran Caterine Ibargüen sin rival en el salto triple de la Liga de Diamante; a un cucuteño, Jossimar Calvo, triunfando en la gimnasia mundial. Vemos a los pesistas, a los tiradores con arco, a los bolicheros metidos en la élite, y a los patinadores ganando medallas doradas por montones en los máximos eventos.

Algo sucedió, algo pasó, ¿qué fue lo que cambió para que nos estén mirando con envidia y se destaquen nuestros logros deportivos? ¿Por qué Colombia empezó a ganar mundialmente en muchos deportes? ¿Por qué obtuvimos ocho medallas en los últimos Juegos Olímpicos de Londres superando todos los países del continente? ¿Cómo hicimos para provocar tanta admiración en Brasil 2014?

Existen algunas razones que nos llevan a entender que los logros no se dan por talento exclusivo o por generación espontánea, como antaño, sino por trabajo, por planificación, por inversión y por el adecuado aprovechamiento de los recursos y las condiciones.

El apoyo estatal, combinado con madurez dirigencial, ha sido clave. El deporte de alta exigencia se hace con dinero, con competencia y con entrenadores. A las virtudes innatas, al esfuerzo y al sacrifico, hay que sumarles ciencia, conocimiento, medicina de punta y seguimiento para que dé frutos.

 

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Julio Teherán  fue elegido para hacer parte del Juego de Estrellas en el béisbol de las Grandes Ligas.  Es el beisbolista del momento. Foto: AFP.

 

Comenzando el siglo no asistíamos a mundiales de fútbol, en los Juegos Olímpicos ganábamos pocas medallas, el ciclismo había desaparecido del lente orbital y no competíamos en las grandes carreras. Vivíamos del recuerdo de Lucho Herrera y Fabio Parra, los campeones de boxeo se nos fueron acabando y de otros deportes, ni hablar. Colombia era superada por Venezuela en los Bolivarianos, por Brasil y Argentina en suramericanos, y por países sin tradición en enfrentamientos donde alguna vez fuimos importantes.

La inversión estatal en el deporte hace unos años era del 0,01 % del presupuesto nacional, la empresa privada solo llegaba cuando se asomaban los triunfos y competir en el exterior era un esfuerzo titánico de padres y recolectas. Hoy Coldeportes nacional tiene un presupuesto anual de 400 000 millones de pesos que invierte en desarrollo, en obras, en recreación dirigida y en el programa de Deportistas Excelencia, que permite a los jóvenes y atletas de élite entrenar y desarrollar su práctica sin preocuparse del sustento diario o la supervivencia.

 

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Orlando Duque, en su actuación durante el torneo Red Bull que se realizó en Irlanda en el mes de junio, demostró   por qué es el superclavadista del planeta. Foto: Red Bull.

 

Son 228 deportistas respaldados con un salario que oscila entre un millón y 3 800 000, más apoyo técnico y psicológico, dependiendo de su categoría. Así se pueden concentrar en los entrenamientos sin preocuparse por la papita diaria para la casa o de necesidades básicas que distraen cualquier concentración. A esto se suman también los aportes departamentales. La empresa privada también entendió que patrocinando la base, dándole tiempo al tiempo, tiene  dividendos.

La esencia personal del deportista de hoy ha cambiado radicalmente. Antes muchos de nuestros futbolistas más destacados acababan sus carreras consumidos por el licor y la irresponsabilidad. Figuras de la talla de Antonio Cervantes «Kid» Pambelé, después de defender exitosamente 17 veces su corona mundial de boxeo, naufragó entre la droga y el alcohol. Varios ciclistas recurrieron al dopaje, otros jugadores terminaron en la miseria.

El deportista colombiano de hoy estudia; en la mayoría de los casos está rodeado por especialistas del entrenamiento; aprendió a comer sano y su nutrición es la adecuada; sabe descansar y recuperarse ante el esfuerzo, y su condición personal es integral. Comprendió que del deporte se puede vivir y vivir bien.

 

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Nairo Quintana  y Rigoberto Urán dejaron una huella eterna en el  Giro de Italia. Fueron los  mejores entre más de 200 competidores. Foto: AFP.

 

Hace unos años, cuando un joven les planteaba a sus padres que quería ser futbolista, había drama familiar. Era un imposible que atentaba contra el futuro y la dignidad. Hoy en día es una profesión como cualquiera, respetable y rentable. Son los mismos padres los que inscriben en escuelas deportivas a sus hijos y los estimulan para que hagan actividad física de alto nivel.

Un ejemplo es Juan Pablo Montoya. En sus inicios, los costos del automovilismo atentaron contra el patrimonio familiar. Su papá hipotecó la casa donde habitaban para poder financiar lo que costaba correr internacionalmente. Hoy las familias de Óscar Tunjo, Sebastián Saavedra, Carlos Muñoz, Carlos Huertas, Gaby Chávez, Gustavo Yacamán y todos los que compiten en el exterior, tienen que hacer grandes esfuerzos económicos, pero lo hacen con alegría y soñando con los mejores resultados.

Volverse deportista profesional es tan respetable como ser médico, arquitecto o abogado, además, es reconocido con admiración y buenos ojos. Un ganador de medalla de oro mundial recibe 39 millones de pesos y un campeón olímpico, 117, por ley de la República.

Nuestro deportista de hoy tiene mejor biotipo, está en un medio social que contribuye a su crecimiento y tiene acceso al mundo y a la información. Colombia es el país mejor conectado de América Latina y eso le permite tener a mano las mejores técnicas de entrenamiento y formación. De ello también participan los entrenadores y,  aunque faltan escuelas de capacitación, han logrado preparase adecuadamente.

En la actualidad hay unos 450 futbolistas actuando en primera y segunda divisiones del mundo; más de 25 mujeres  están en prestigiosas universidades del exterior, que las reclutaron gracias al fútbol; cerca de 80 golfistas estudian en universidades importantes de Estados Unidos por ser buenos en su actividad; hay 62 colombianos en las cuatro divisiones del béisbol estadounidense. También tenemos basquetbolistas, voleibolistas, atletas, tenistas, nadadores y muchos más participando de programas académicos de nivel superior porque dedicaron su juventud, con regularidad y esfuerzo, a triunfar en sus disciplinas.

 

LA COLOMBIANA CATERINE IBARGÜEN

Después de ser campeona mundial y subcampeona olímpica de triple salto, Caterine Ibargüen volvió a  dejar en alto el nombre del país durante  la Liga Diamante
que se llevó a cabo este 3 de julio, en Suiza. Foto: EFE.

 

Cuando renunciamos a ser sede del campeonato Mundial de fútbol de 1986 por decisión del Congreso de la República, que argumentó en ese entonces que costaba mucho y era mejor invertir ese dinero en escuelas, carreteras y hospitales que nunca se construyeron, jamás pensaron que un certamen de esa dimensión pagaba con creces la inversión. Hoy se lo pelean todos los países del planeta.

La realización en Colombia de eventos orbitales como el Mundial sub-20 de Fútbol en el 2011, los Juegos Suramericanos de Medellín en el 2000, los World Games de Cali en el 2013, los torneos ATP 250 de tenis, las giras web.com del PGA Tour de golf, mundiales de ciclismo, mundiales de patinaje y mundiales de muchos deportes más, ha servido para traer a esta tierra motivación, enseñanza, desarrollo y la posibilidad de que los nuestros compitan y triunfen a gran nivel, porque la localía da seguridad y ventajas. Los espejos de ídolos y figuras universales son el mejor estímulo para las nuevas generaciones.

Coldeportes dejó de ser escampadero de políticos sin puesto y nido de burocracia para convertirse en un instituto más técnico. Hoy el director es Andrés Botero, quien ha dedicado su vida al deporte y se ha metido en las esferas más respetables de la dirigencia internacional. Su capacidad la ha puesto a disposición del país. Algo parecido sucede con el Comité Olímpico Colombiano. Su presidente, Baltazar Medina, asimiló lo que debe ser el ciclo competitivo de los atletas y lo importante que es la proyección a largo plazo. Los resultados no se logran de la noche a la mañana, se obtienen en el tiempo, con acompañamiento, inversión y seguimiento. Por eso los resultados.

Los colombianos tenemos unas características que son benéficas para el deporte: somos alegres, perseverantes, luchadores, sabemos sobreponernos a las dificultades, somos apasionados y tenemos una agudeza para resolver problemas que en la competencia hacen diferencia.

Falta mucho para llegar a producciones ideales y aunque el dinero ha crecido, sigue siendo poco. Debemos continuar aprendiendo y ampliar las oportunidades. En la educación primaria y secundaria, el deporte debería tener más importancia y tendría que ser una política de Estado, pues es el camino para formar mejores seres humanos.

 

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Aunque la selección Colombia salió triste después de perder 2-1 contra Brasil en cuartos de final, su hinchada, llena de orgullo, los despidió entre aplausos y lágrimas. Foto: AFP.

 

La selección Colombia que estuvo en el Mundial de Brasil reunió todas las cosas buenas y bonitas que tenemos en nuestra tierra: fue una tromba de sentimiento, la calidad de su gente fue interpretada magistralmente por esos 23 gladiadores que firmaron la página más emocionante de nuestra historia deportiva. Somos un país valiente como lo fueron James, Cuadrado, Yepes y su combo liderado por el maestro Pékerman. El sufrimiento al que nos hemos acostumbrado, lo reemplazamos por felicidad y dicha. Colombia se defendió como león herido, como nos hemos tenido que defender todos de tanto malandroso. Los muchachos fueron cómplices, amigos y trabajaron por esa bandera amarilla que unió al país y lo hizo olvidar las diferencias malsanas, las disputas innecesarias, los enfrentamientos sin fin, un ejemplo para esos 45 millones de habitantes que muchas veces nos liamos en batallas costosas y absurdas.

En las canchas brasileñas del Mineirao, Mané Garrincha, Arena Pantanal, Maracaná y Castelao, la Selección dictó un himno de convivencia y escribió con letras de ensueño un mensaje de oro de cómo debe ser nuestra Colombia: tolerante, solidaria, soñadora, pacífica, contenta, respetuosa, emprendedora, decidida, guapa y común en los objetivos más difíciles. ¿Será mucho pedir? ¿Seremos capaces y conscientes de imitar y aprender de este enorme equipo que nos regaló momentos de gloria eterna y nos mostró cuál es el camino?

Es evidente que nuestro deporte ha cambiado. Hoy nuestros representantes compiten en condiciones más adecuadas, más apoyados, mejor entrenados y con más éxito. Es el momento de aprovechar todas las cosas buenas que están pasando para seguir creciendo. Si tenemos más y mejores deportistas, vamos a tener una mejor Colombia y un país más feliz.

 

Foto apertura: AFP.