¿Sabes el origen de Iron Man, Hulk, Spiderman y X-MEN?

El hombre araña, X-Men y Los vengadores, que llegarán nuevamente a las pantallas de cine, demuestran que el universo de Marvel está más vivo que nunca. Esta es la historia de su padre, uno de los historietistas que marcó a toda una generación.
Iron Man, Hulk, Hombre Araña, X-Men: los hijos de Stan Lee

¿Qué sería de los superhéroes sin los grandes conflictos? Cuando Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial en 1941, nunca pensó que su mejor arma para vencer a los nazis saldría de la imaginación del dibujante Jack Kirby y el guionista Joe Simon. Justo en 1942, un musculoso hombre de uniforme y máscara azul, guantes y calzado rojos y un escudo con una estrella blanca, en homenaje a las cincuenta y dos de la bandera estadounidense, cambiaría el rumbo de la terrorífica contienda. Se hacía llamar Capitán América y acompañó a los regimientos aliados hasta arribar a Berlín. En el mismo bando del espigado superhéroe, pero en otro frente, estaba el soldado Stan Lee, otro joven que más tarde cambiaría la industria de las novelas gráficas. Aunque apenas daba sus primeros pasos en la editorial de Timelic Comics Inc., la misma a la que pertenecían sus maestros Kirby y Simon, las circunstancias lo obligaron a cambiar zapatos por botas. 

 

«No habría podido seguir viviendo como civil mientras otros arriesgaban el pellejo. Al terminar la guerra, pudimos volver a la normalidad. Todos pensaban que habría paz en el mundo», dijo Stan Lee en una entrevista.  Una vez concluída la guerra, de vuelta a su natal Nueva York y a los estudios de Timelic Comics, agarró las riendas de Capitán América y La antorcha humana, los cómics más vendidos de ese momento. En coloridas viñetas y nubes, Stan Lee describió el enfrentamiento que ganaron los superhéroes y el ejército en el que se había enlistado. Además de Capitán América, en el mercado de cartillas que se conseguían por diez centavos de dólar estaba Superman, que nació en 1938 de la cabeza de Jerry Siegel y Joe Shuster. ¿Por qué «El hombre de acero» no peleó junto a su compatriota Capitán América contra El Eje compuesto por la Alemania nazi, Japón e Italia? Por una razón comercial: el impertérrito Superman era el producto más famoso de Action Comics, una división de DC Comics, la editorial competencia de Timelic. En el campo de juego, Superman volaba con tranquilidad, pues no solo tenía más tiempo en el imaginario del público sino que ya en 1941 protagonizaba cortos animados y más tarde, en 1948, una serie de televisión con George Reeves como actor.

 

 

US-BEST BUY-PLAYSTATION 3-LEE

 

«Nunca pensé en hacer historietas. No era el sueño de mi infancia. Iba al cine porque quería ser actor», dijo Stan Lee en una oportunidad. Pocos pronosticaban que lo que empezó en la década del cuarenta como la prueba y ensayo de un muchacho que no sabía escribir guiones ni inventarse personajes, se convertiría en el monstruo que con fuerza mutante sacudió el mercado del cómic. Con la tierra dividida entre soviéticos y occidentales, los cincuentas continuaron siendo protagonizados por superhéroes que ya no solo venían del espacio, como Superman, ni eran terrícolas, como Capitán América. La bomba atómica lanzada sobre Hiroshima y Nagazaki también fue un hecho al que artistas le sacaron provecho. La amenaza de Hitler y sus secuaces fue reemplazada por la carrera armamentista entre la Unión Soviética y Estados Unidos. ¿Era capaz esa disputa, que llegó a su clímax con la crisis de los misiles cubanos en 1959, de vencer a un puñado de seres con poderes sobrenaturales? Ni el ejército de Stalin ni la Corea del Norte de Kim Il Sung los puso contra las cuerdas. Sin embargo, apareció en su camino un psiquiatra llamado Fredric Werthan, quien, contra todo pronóstico, se convirtió en un poderoso adversario. «No creo que sean malos padres. Son esas historietas las que arruinan a sus hijos», escribió el médico en un estudio. Sus ideas radicales llevaron al congreso a vetar el uso de la violencia, las palabras soeces y el sexo en la historieta, elementos que le daban verosimilitud pero que, según Werthan, incidían en el comportamiento de los jóvenes lectores.

 

Cuando Stan Lee y Jack Kirby se erigían como los pesos pesados de la industria editorial (Timelic pasó a llamarse Marvel), la Comics Code Authority, basándose en el libro La seducción de la inocencia, de Werthan,  fiscalizó el contenido que a partir de 1954 las casas editoriales empezaron a comercializar. Con la crisis del ¡pow! ¡bam! ¡boom! ¡puff!, los superhéroes perdieron bizarría y la industria, que se vio obligada a distribuir historias infantiles con más mensajes moralistas que hombres en acción, se vino a pique. Tan aguda fue la crisis que Marvel estuvo a punto de cerrar y el único que quedó en su oficina fue Stan Lee, con su arma de siempre: la máquina de escribir.

 

Ni el veterano Capitán América ni La antorcha humana, con las limitaciones impuestas, lograron despertar el interés de un público cada día más hipnotizado por la televisión y el cine. En lo que significó la última patada de ahogado de Stan Lee, en 1961 presentó a Sue, Reed, Johnny y Ben, los personajes que componen Los cuatro fantásticos. A la invisibilidad, la elasticidad, el dominio del fuego y la fuerza descomunal, les sumó un rasgo hasta entonces ausente en los superhéroes: una personalidad llena de dudas que los humanizaba. Los lectores se vieron reflejados en la dualidad de una inmadura Antorcha humana, en la nobleza de La mole y en los problemas maritales entre El hombre elástico y La mujer invisible. «Me siento mal conmigo mismo y la gente me mira», se lee en un diálogo interno de La mole. A los 39 años, Lee y el dibujante Kirby encontraron la piedra filosofal que le devolvió el carisma a sus creaciones. A Los cuatro fantásticos le siguió el nacimiento de Hulk, Thor y El hombre araña en 1962 y, al año siguiente Iron Man, Los vengadores, X-Men y Sargento Furia. «El mundo nunca tolera a las personas diferentes. X-Men es la respuesta a cómo crecer sintiéndose diferente a los demás». Esta declaración de Stan Lee quizás resume el criterio en la elaboración de sus personajes más rentables. 

 

 

 

Pronto este nuevo aire editorial lo mandó a Los Ángeles, California, la cuna del cine y las series de televisión. Al igual que Action Comics, que a finales de los años cuarenta exportó a Superman a la pantalla chica, Stan Lee, apoyado por un grupo de inversionistas, quiso mudar a la televisión a sus personajes. Con el apoyo del canal CBS, El hombre increíble (1977) y El hombre araña y sus amigos (1981) fueron sus primeras producciones. A su prematuro éxito lo acompañó una racha de películas que desangelaron el universo Marvel, de las que se destacan Howard the duck (1986), The Punisher (1989), Capitán América (1990), Los cuatro fantásticos (1994) y Nick Fury: Agent of S.H.I.E.L.D. (1998). Una de las preguntas recurrentes de los periodistas al padre de Hulk y X- Men es qué poder le gustaría tener. «Me gustaría tener el superpoder de la suerte porque, si lo tienes, lo tienes todo. Y a mi edad lo pienso cada día más. Si alguien te dispara una bala, que la bala solita te esquive», respondió en un reportaje publicado el año pasado en Playboy. Y justamente suerte fue lo que volvió a tener Marvel en el 2000, cuando Fox produjo X-Men, la película, considerada por los críticos como el primer día de la luna de miel en el cine de los superhéroes dibujados hace cincuenta años por Jack Kirby. A este filme, que contó con un elenco actoral que encabezaron Hugh Jackman, Patrick Stewart y Halle Berry, le siguieron seis más en casi quince años. La más reciente, Días del futuro pasado, se estrenará el 23 de mayo.

 

 

 

La suerte de los X-Men en la gran pantalla, y posteriormente la de El hombre araña (2002, 2004 y 2006), no pasó desapercibida para Walt Disney Company, que en el 2009 adquirió a Marvel por 4000 millones de dólares. A Los cuatro fantásticos, Hulk, Los vengadores, Spiderman y X-Men se les suma un aproximado de cinco mil personajes más para que Disney continúe explotando en novelas gráficas, series, videojuegos y películas.  «Me volví embajador de Marvel. Ocasionalmente soy contratado como productor o escritor o para ir a convenciones y cosas por el estilo», dijo Stan Lee sobre el cambio de dueños de la casa que por más de medio siglo regentó. «Nunca tuve los derechos sobre los personajes. Como escritor contratado, siempre fui un empleado de Marvel. Hoy mi rol es estrictamente honorario. Marvel siempre tuvo los derechos de autor de los personajes».

 

 

 

Stanley Martin Lieber es su verdadera identidad. Desde que debutó en los cuarentas con Timelic Comics Inc. se hace llamar Stan Lee. «Estaba guardando mi nombre de pila para cuando escribiera la gran novela americana», dijo en una entrevista. A sus 93 años, es de suponer que nunca la va a escribir. Sin saberlo, ya lo hizo, pues el modus operandi de sus superhéroes a la hora de impartir justicia es la historia guerrerista de su propia patria. Cuando la gran industria del entretenimiento los termine de exprimir, ya no habrá quién pueda defendernos.