Juan Manuel Santos: Crónica de una campaña ganadora

Con un discurso de unidad y reconciliación, con llamados a la oposición a dejar el odio y a las guerrillas para seguir con seriedad buscando la paz, el presidente reelecto celebró su triunfo. Así se vivió la victoria en la sede de la reelección.
Juan Manuel Santos: Crónica de una campaña ganadora

Los ánimos para ganar estaban presentes. El parqueadero detrás del Claustro de La Enseñanza estaba en calma aún y las encargadas de logística de la campaña, con chaquetas de colores cuya espalda rezaba “Juan Manuel Santos con Paz haremos más”, arreglaban los últimos detalles. La tarima tenía que estar limpia, la carpeta roja en su lugar. Detrás de la tarima para periodistas se servía la lechona en porciones individuales, para los que iban a acompañar al Juan Manuel Santos mientras se conocía el resultado final. La fila se iba haciendo cada vez más larga. La gente llegó media hora antes de que se cerraran las urnas. Querían estar ahí, dentro de la sede de campaña, una vez se mostraran los primeros boletines.

A las cuatro, las puertas se abrieron para el público. El lugar se fue llenando lentamente. Dos banderitas daban la bienvenida: la de Colombia y una especial que recibía el público femenino, de ‘Mujeres por la paz’. Hubo representantes de todos los sectores. Los liberales, los conservadores, los progresistas, los del Polo, las juventudes, los del LGBT y así, se iba llenando el lugar mientras de fondo sonaba la canción insignia de la campaña: “Todos unidos queremos la paz, porque Colombia quiere paz”.

A las 4:08 minutos la atención se centró en las dos pantallas gigantes que estaban ubicadas detrás de la tarima: “Primer boletín”, informaron, Óscar Iván Zuluaga ganaba por dos puntos porcentuales. Un primer atisbo de victoria, pero no era importante. No hubo mayores comentarios. Al segundo boletín seguía ganando el candidato del Centro Democrático, pero la gente seguía tranquila. Aún no había números significativos.

A partir del tercer boletín, sin embargo, las cosas se invirtieron. De repente fue Juan Manuel Santos quien lideraba en número de votos y la gente empezaba a gritar ‘Sí se puede, sí se puede’. Eran 768 votos para Santos y 681 votos para Zuluaga. ‘Si se puede, sí se puede’ y seguían nuevos boletines: 2189 votos para Santos contra 1940 votos para Zuluaga; 4.087. 144 de Santos contra 3.602.018 de Zuluaga, ‘Se vive, se siente, Santos presidente’. En la misma proporción, siguieron subiendo los números y seguía subiendo, también, el ánimo de los presentes. Nadie ocultaba su sonrisa y todos ondeaban sus banderas con ímpetu.

Alrededor de las cuatro y media, la Registraduría emitió un boletín definitivo: 5.905.272 votos  para Santos y 5.292.657 votos para Zuluaga. Juan Manuel Santos era presidente. “Si se pudo, si se pudo” empezó a gritar la multitud y ya no se detuvo más. Los gritos y las porras siguieron desde ese momento hasta las 6: 50 de la tarde, cuando el presidente electo entró al lugar por una carpeta roja, con su familia y su fórmula presidencial,  precedido por un desfile de niños cargando las palomas de la paz. Estaban construidas en madera, pintadas de blanco.

Su triunfo se extendió por todo el país. Lideró las votaciones en Bogotá, Valle, Bolívar, Córdoba, Chocó, Nariño, Arauca y Putumayo. Y aunque comparando con las elecciones de hace cuatro años, Santos perdió 1’995.0000 de votantes, el 50,93% que recibió esta vez fue suficiente para sobreponerse a su oponente y permanecer en el poder. En comparación con la primera vuelta ganó 893.298 votantes más que confiaron en su política de la paz.

Pero lejos de la elegancia que evoca siempre una carpeta roja, la entrada de Juan Manuel Santos fue todo menos glamurosa. La caravana de niños tuvo que devolverse dos veces sobre sus pasos, para esperar al ya reelecto presidente que no podía avanzar con fluidez. Se paraba a saludar a quien le extendía la mano, daba besos, y muchos de sus seguidores se le lanzaban encima, para tocarlo, para seguirlo alabando. ‘¿Si vio presidente que sí se pudo?’ le decían. ‘Yo sabía que íbamos a ganar’.

Cuando finalmente pudo subir al escenario, y la multitud se calmó para escucharlo, inició su primer discurso como presidente reelecto: “Hoy ha triunfado la unidad, millones de compatriotas apoyaron un sueño que compartimos, votaron con la ilusión de cambiar el miedo por la esperanza. Su apoyo, nos obliga a trabajar y a mejorar cada día más, su apoyo nos compromete a seguir transformando las vidas de millones de personas”, dijo con fuerza, con los ojos pequeños y rojos. Como si antes de pararse allí hubiera llorado.

Habló de su compromiso con el país, de su responsabilidad con los más vulnerables. Dijo que iba a seguir trabajando por personas como Ana Mercedes Plata, la abuelita que votó por ‘Juan Pa’, en quien –dijo- había visto “las huellas de la desigualdad y de la guerra, pero también el brillo de la ilusión de que se puede construir un país mejor”.

Y les envió un mensaje a las guerrillas: “este es el fin y hay que llegar a él con seriedad y decisión. Este es el fin de más de 50 años de violencia en nuestro país y es el comienzo de una nueva Colombia, con más libertad, con más justicia social. Una Colombia en paz consigo misma”.

Santos agradeció a todos los grupos que estaban presentes y a todos los sectores políticos que lo habían apoyado en esa segunda vuelta y mandó, también, un saludo especial a Óscar Iván Zuluaga y a Martha Ligia Ramírez. Una vez finalizado el discurso, la gente seguía ovacionando al reelecto mandatario. 

La familia presidencial se abrazó sobre la tarima. Se despidieron, bajando sonrientes por una esquina del escenario, perdiéndose entre la multitud.

El evento se había acabado pero la gente permanecía ahí, como esperando la continuación del espectáculo. Empezaron a irse muy lentamente, en grupos pequeños. Todos con la voz disminuida y los pies cansados. Con la esperanza de que su reelecto presidente cumpla la promesa de paz.