Sor Cristina, la voz italiana que enamoró al mundo

Con el 62% de votación a su favor, la monja italiana fue la ganadora absoluta de The Voice Italia. Desde su primera presentación sorprendió a los jurados y al público con su interpretación.
Sor Cristina, la voz italiana que enamoró al mundo

No alcanzó a cantar más de dos versos de la canción de Alicia Keys cuando el público ya estaba de pie, ovacionándola. Los jurados de The Voice, Italia, de espaldas a ella en  sus asientos, se sorprendieron ante la reacción. ¿Por qué tanta emoción? El rapero J-Ax, uno de los jurados,  fue el primero en voltearse a mirarla, llevado por la voz que estaba escuchando.  Un segundo después fue Noemí, otra jurado, la que oprimió el botón. Ninguno de los dos lo podía creer. Era una monja la que estaba cantando sobre el escenario y se apropiaba de él de tal manera, con su voz, con su técnica, con sus pasos y su energía, que no cabía duda de su talento.¿Eres una monja real? le preguntó Raffaella Carrá, otra de las cabezas del concurso, cuando terminó de cantar. ‘Soy una monja muy real’ respondió ella entre los gritos del público. ‘Soy Sor Cristina’. Y cuando la barra gritaba “Hermana”, “Hermana”, “Hermana”, ella movía sus brazos y sus piernas como si estuviera trotando.

Cristina Scuccia no supo que quería ser monja hasta poco antes de ingresar al convento. Ese, a pesar de haber crecido en una familia católica, no fue su sueño de infancia. Su ilusión era, precisamente, ser cantante. Quería la fama, el éxito y el poder que daba un escenario. Quería cantar y que la gente la escuchara. Y su familia la apoyó, siempre. Sus familiares la apoyóaron cuando llegó con la noticia de que quería audicionar para Amici, un talent show musical muy famoso en  la televisión italiana, pero no la escogieron. La apoyaron, también, cuando les compartió la idea de que quería presentarse al ‘X Factor’ y la apoyaron cuando desistió de hacerlo porque prefirió quedarse cantando en las plazas de los pueblos o en las bodas en las que la invitaban a cantar. Iba ganando dinero haciendo lo que le gustaba y eso le parecía fantástico, cuenta.

 

 

Por más feliz que fuera, así, en su vida itinerante, hubo un momento en que vio la necesidad de estudiar. En el 2007, entonces, se fue a Roma para estudiar Arte. Estudió arte y tuvo novio. Pero no estudió arte para siempre ni le duró el novio mucho tiempo. Después de unas pocas semanas comenzó a estudiar canto e interpretación en la escuela Star Rose Accademy, que forma parte de la congregación de las Ursulinas de la Sagrada Familia. Y fue ahí donde el sueño de éxito y fama sobre un escenario pasó a ser el canto de la iglesia los domingos. El canto a la comunidad de Dios. “Sentía que algo me faltaba”, cuenta la monja. Estaba haciendo lo que la hacía feliz, claro, pero sentía un vacío que no encontraba como llenar.

Mientras estaba estudiando canto, llegó a protagonizar el musical Ill coraggio di amare, en el que interpretaba a Sor Rosa Rocuzzo, una religiosa del siglo pasado. Esa fue su señal. Ese papel, ese escenario, fue lo que le mostró qué era lo que le estaba faltando. «Me di cuenta de que Jesús me llamaba y me pedía que estuviera dedicada a él. Cuando Jesús te descubre, ya no puedes alejarte de él».

 

 

 

Y, aunque se sumó a las filas de las Ursulinas, nunca dejó de cantar. Todo lo contrario. En el 2010 se fue a Brasil para llevar a cabo el noviciado y allí recurrió al canto para acercarse a los niños. No conocía el idioma, no conocía la cultura, y la música le sirvió para hacerse entender, para que la conocieran: para hacerse querer.

«Tengo un don y a ustedes se los regaló» fue lo que dijo en esa primera entrevista que le realizaron los jurados impresionados de The Voice Italia. Eso mismo le respondió a muchas de sus compañeras cuando le decían, dentro del convento, que estaba desperdiciando el regalo que le había dado la vida. «No», les decía. «Con la música puedo llegar a la gente, acercarles a Jesús.» Y con esa idea fue con la que llego al escenario de The Voice. Así sorprendió a los jurados en una primera prueba, cantando No One de Alicia Keys, y después los siguió impresionando, noche tras noche, con canciones como Living on a prayer, de Bon Jovy, Girls just wanna have fun, de Cindy Lauper y The time of my life, la banda sonora de la película Dirty Dancing (1987). Estuvo a la altura de estrellas como Kyle Minogue y Ricky Martin, cantando con ellos sus propias canciones y, con Jesús de la mano, llegó a ganar la estatuilla del reality. Con el 62% de votación en favor de ella, se convirtió en la campeona absoluta.

La voz y los movimientos de Sor Cristina emocionaron al mundo entero. Para todos ya era una revolución ver a una monja, con sus hábitos, participando de ese modo en televisión. Ella sigue firme en su posición. Su voz le sirve para hablarle de Jesús al mundo. Así se siente feliz. Así cumplió, finalmente, ese sueño que parecía haberse desviado de su camino. 

 

 

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EFE