VOLVER AL CINE

Amar, convertirse en animal y cosas de ese tipo

Este año me prometí cumplir con mi lista de películas y libros que había dejado en el pasado, tal vez es la nostalgia de sentir la rapidez del tiempo o su venganza sobre el intelecto, por eso en el 2019, volví al cine con 'La langosta' del director griego Yorgos Lanthimos.

Fotos: Cortesía

A veces tenés días en los que llegás a casa y nadie te espera, ni siquiera la soledad se percata de tu presencia, te ponés a revisar tus listas de películas escritas en libretas viejas y a pensar en el amor, en sus nocturnos demonios consejeros que te obligan a extrañar. Guardás silencio y agradecés que tenés a quién a querer libremente y sin imposición.

Recordás que alguién te habló de La langosta y emprendés  el viaje por ese universo distópico, surrealista e inquietante que Yorgos crea para nosotros mediante una narrativa dramática y transgresora en la que se les obliga a los habitantes de una sociedad a vivir con otro o a convertirse en un animal de su elección. 

Los personajes (un grupo de solteros y solteras) son llevados a un hotel durante 45 días, tiempo en el que deben encontrar una pareja o padecer severas consecuencias y castigos. David (Colin Farrell), el protagonista de la película decide que si en este lapso no consigue entablar una relación con alguna mujer, quiere ser convertido en una langosta, por su afición al océano, y aunque sus compañeros piensan que podría terminar en una olla, él sigue adelante con su idea.

Esta película nos pone frente a otras formas de relacionamiento y nos obliga  a pensar en la imposición social del amor, en la pregunta: ¿cómo sería un mundo donde la restricción de las libertades individuales llegara a tal punto de no permitir la soledad, la soltería, la experimentación del sentimiento amoroso, la elección del amor, su silencio, su sombra y su palabra, las manos en las que nacen los mundos, los cuerpos que entre pausas se acarician para transformar su sustancia?¿Qué sería de nosotros, los que disfrutamos a Juan Gelman?

Yorgos, nos remite a Farenheit 451, de Trufautt (1966), en la que todo es controlado para mantener la "armonía social", y la imperante desesperanza, limita la sensibilidad humana. David nunca resulta convertido en langosta pero escapa del hotel y se instala en un grupo de solteros desertores que se esconde en el bosque, allí se enamora de una mujer que como él es "corta de vista", pero en la comunidad están prohibidas las relaciones entre sus miembros así que  ellos crean un lenguaje íntimo y poético que les permite comunicarse y sentir las pequeñas jugarretas que el enamoramiento hace con el ritmo cardiaco.

Los cortos de vista están irremediablemente unidos y planean escapar juntos, aventurarse a los jugosos paisajes y a construir con dulzura los caminos que habitarán,  pero son sorprendidos por la líder del grupo y ella es sometida a una cirugía para dejarla ciega.

Esto complica la huida, y aún así, logran escapar en medio de su ceguera, él la guía, sabe que la ama y entrega todo para ser compatible con ella, inclusive la luz de sus propios ojos.

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2019-01-17T12:26:09-05:00

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Ana Sofía Buriticá Vásquez

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