Un sueño tangible

La mejor manera de honrar la gloria que nos dieron los que no podrán jugar, será dejando el alma en las canchas.
Andrea Guerreo se dejó seducir por CROMOS

Es el momento de detenernos y aterrizar el momento que vivimos. No existe un elemento más conciliador que la selección Colombia; por eso, no hay otra alternativa que dejarnos cautivar por el equipo que hace olvidar los regionalismos y todos los elementos diferenciadores que vivimos día a día.

 

Indiscutiblemente, los colombianos terminarán segmentados en dos grupos: los apasionados por el fútbol y los simpatizantes sociales de la selección. Cualquiera de los dos tiene el mismo punto de encuentro, la misma camiseta amarilla o la roja que nos remonta a los noventas y esas épocas gloriosas del fútbol en las que soñar era fácil, ya fuera por golear a un campeón mundial como argentina, por las jugadas magistrales del «Pibe» y su banda, o incluso por los augurios de Pelé. Hoy volvimos a darnos la oportunidad de volar por el planeta fútbol, de sentirnos partícipes de la máxima fiesta mundial que dejamos muy lejos en los últimos 16 años. Hoy más que nunca tenemos la camiseta pegada a la piel.

 

Nos desarmaron anímicamente las ausencias irremplazables de Falcao, Amaranto y Edwin Valencia. Nos lesionaron la columna vertebral en liderazgo y talento. Don José dejó de contar con tres jugadores de más y empezaron a faltarle los titulares de las exitosas eliminatorias.

 

Sí, es verdad que el mejor jugador de la historia de nuestro país no va a estar. Sí, es cierto que el máximo referente de Colombia para el mundo se lo pierde por injusticias del destino. Pero también es cierto que en la cancha habrá once gladiadores, más otros trece jugadores de talla mundial que, seguramente, se esforzarán de más para conservar el estilo y la memoria del juego. Lo mejor de todo, serán veintitrés jugadores tan colombianos como usted o como yo. Así como más de cuarenta millones de colombianos vibran con nuestra selección en la Copa Mundial, ellos vieron otras generaciones, celebraron el gol de Léider Calimenio en el 98 y probablemente lloraron ante Inglaterra cuando nos eliminaron en Francia. Si alguno se lo perdió, ahí está Faryd Mondragón, quien puede contarle que el día que más atajó en su vida su equipo perdió la posibilidad de hacer historia.

 

Aquí está la historia por completar, en los pies de nuestros soldados en el campo, en la mente de nuestros héroes. Porque aquí se vale decir que todo ese talento es nuestro y que la mejor manera de honrar la gloria que nos dieron los que no podrán jugar, será dejando el alma en las canchas para que el mundo sepa que en nuestro país el fútbol también se lleva en el corazón.

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