Arnulfo Berrío, el joven que le devolvió el nombre a su pueblo: El Prodigio

Categoría: Salud y Bienestar. Por: Carlos Eduardo Barrangán

Arnulfo Berrío, el joven que le devolvió el nombre a su pueblo: El Prodigio

Mientras caminábamos por la calle principal del corregimiento Prodigio, de San Luis, Antioquia, rumbo a la charca que artesanalmente hacen sus pobladores represando el agua que baja por la quebrada, Arnulfo Berrío señaló la primera casa de la cuadra. Contó que por esa esquina, en una noche de abril de 2001, entraron decenas de guerrilleros del bloque José María Córdova de las Farc, con alias ‘Karina’ al mando, y se enfrentaron con unos 15 paramilitares que vivían en el pueblo desde hacía más de un mes.

El combate, los disparos y las explosiones duraron más de seis horas y luego saquearon las casas hasta agrupar a toda la gente a un lado de la escuela. De un momento a otro trajeron amarrados a siete jóvenes encabezados por Norberto López, a quien un mes atrás le habían mandado a decir que se tenía que ir porque le había hablado a los hombres de Ramón Isaza. Cuando su padre trató de abogar por su hijo, ambos fueron asesinados con tiros en la cabeza, relata Arnulfo con la mirada perdida en ese pasado de dolor, porque ese muchacho era su amigo de niñez. 

Apenas amaneció, todo el mundo armó maleta, recogió sabanas y cobijas y huyó hacia Puerto Nare, porque en San Luis mandaban las Farc y el Eln. Para Arnulfo este fue un nuevo golpe al alma porque en 1994 los violentos desaparecieron a su hermano, y cuatro años después, milicianos de las Farc acribillaron a su papá en el barrio Popular de Medellín.

Fueron siete años de exilio, hasta que este muchacho, que se resistía al desplazamiento, convenció a cuatro vecinos de regresar. “Empezamos a reorganizar las casitas y les dábamos de comer a los animales pero no pasábamos la noche aquí por el temor a otra masacre. A los seis meses volvieron 15 familias completas y hoy cerca de mil personas, entre abuelos, padres e hijos, regresaron para recuperar lo suyo”, cuenta el único sobreviviente de los Berrío.

 

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"Cada 15 días nos reunimos con los niños en la casa de la cultura para formarlos como vigías y protectores del medio- ambiente. Les enseñamos a conocer la historia de sus antepasados y a valorar e interactuar con todo lo que ellos hacían."

Los primeros meses fueron de luto, e incluso alguien que quiso celebrar con pólvora el año nuevo casi provoca una tragedia porque cuando se oyó el primer estruendo la gente salió corriendo de la iglesia por el trauma que dejó la guerra. Y así pasaron épocas de zozobra, hasta que el mismo Arnulfo se dio a la tarea de redescubrir el pueblo para las nuevas generaciones, esas que nacieron en el desplazamiento forzado.

En el que antes fuera el refugio del reconocido paramilitar de alias ‘Terror’, hoy el pueblo tiene su casa de la cultura, en donde cada 15 días Arnulfo les dicta a los niños de El Prodigio lecciones de arqueología, historia, ecoturismo, protección ambiental y conservación del patrimonio indígena que representan los más de 25 petroglifos que rodean la región.

En las tardes, los niños y muchos de los padres hacen el trabajo de campo, reconocen y se apropian de su territorio, pero lo más impactante del ejercicio es la labor de memoria histórica que desarrollan en cada Jornada. “Los mismos padres les cuentan a sus hijos lo que vivieron por cuenta de la violencia, no solo para desahogar sus recuerdos, sino para crear conciencia que esa tragedia, ese dolor, ese miedo y la muerte que vivió El Prodigio jamás se puede volver a repetir”, dice enfáticamente Arnulfo, mientras algunos adultos dejan escapar sus lágrimas de indignación por el olvido estatal que vivieron.

Hoy estos niños son vigías del patrimonio que dejaron los aborígenes que dominaron el Magdalena Medio y que vivieron en decenas de cavernas habitadas por guácharos y murciélagos. Pero al mismo tiempo son defensores de su territorio, de su historia y de su verdad. El prodigio es un ejemplo de paz, tolerancia, retorno, oportunidad y sobre todo de  memoria, esa que nos hace grandes ante la adversidad.

Fotos: cortesía.

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