Atado y bien atado

Kafka escribió: "uno de los medios de seducción del Mal es la invitación a la lucha".

Este gobierno que agoniza, en estos ocho años, no ha hecho otra cosa que invitarnos a la lucha. Su talante ha sido siempre pendenciero, y para mantener los ánimos exaltados, acostumbra usar metáforas que se toman del ámbito de la milicia: soldados, trincheras, batallas, enemigos de la patria, etc. De ahí que el discurso moderado y conciliador del presidente electo, Juan Manuel Santos, tenga nerviosos a los camorristas. Hay una frase pronunciada por Santos que jamás le habríamos oído al presidente Uribe: “Demos vuelta a la página de los odios”.

 Pero hay algo quizá más ofensivo todavía para esa facción tropical de la falange que hay en la extrema derecha del uribismo: la alusión a los Pactos de la Moncloa como algo deseable, hecha también por Santos. Nuestro referente político más inmediato ha sido y sigue siendo España y lo ocurrido allí tras la muerte de Franco y la transición a la democracia. En un libro prodigioso (Anatomía de un instante), Javier Cercas ha analizado de qué manera un político tradicional, Adolfo Suárez, venido de la entraña del franquismo, logró poner las bases de una España moderna y democrática, superando, al menos por una era, el odio inveterado y recíproco entre “las dos Españas” (la de los clericales ultramontanos y la jacobina).

 A través de los Pactos de la Moncloa, Adolfo Suárez traicionó al franquismo, así como Santiago Carrillo traicionó a los comunistas, y las dos facciones recalcitrantes —dirigidas por dos moderados— fueron obligadas a aceptar una sociedad donde las ideologías contrarias no fueran irreconciliables, o al menos no mantuvieran al país siempre al borde de la guerra civil. Cambiaron el espíritu camorrista por la política, que es el medio democrático y no violento de resolver los conflictos, un logro inmenso de todos los Estados modernos que existen hoy en el mundo. Lo mismo ocurrió en Chile, de alguna manera, con la traición de la izquierda al maximalismo comunista y con la traición de la derecha al legado fascista de Pinochet.

Por eso digo que las facciones extremistas están alarmadas con los primeros pasos dados por Santos. Si el primer ministro nombrado por Uribe fue el veterano ultra derechista Londoño Hoyos, de Manizales, el primero nombrado por Santos es también de Manizales, pero poseedor de un talante opuesto al de su coterráneo, opuesto no porque sea de extrema izquierda, sino porque aquel llegaba con el fardo de la corrupción (Invercolsa) y éste, Germán Cardona, llega con el halo de la anticorrupción. Lo que está ocurriendo es de verdad interesante y ya se entiende bien por qué Uribe prefería a Uribito.

Esta semana los peones de la opinión del uribismo recalcitrante han tocado sus primeras trompetas de alarma. Hay una frase célebre en España; la pronunció Franco cuando designó al rey como su sucesor: “…esto contribuirá, en gran manera, a que todo quede atado y bien atado para el futuro”. El rey Juan Carlos, por fortuna, traicionó también al franquismo, y cuando los falangistas desesperados hicieron el intento del golpe de Estado de Tejero, el Rey acabó alineándose con la democracia, salvando así a España de la dictadura.

Pues bien, Ernesto Yamhure, un peón de la falange, en este mismo diario, le ha advertido a Santos —usando las mismas palabras de Franco— que Uribe lo ha dejado todo “atado, y bien atado”, y que él no debe desmarcarse de esa herencia so pena de… Bueno, la pena no queda muy clara pues está redactada a manera de enigma. También le llega la advertencia de parte de un peón falangista de El Tiempo: cuidado, no vaya a desmarcarse de Uribe. Y sí, Santos tendrá que hacerlo con mucha maña. Porque ya la falange le está mostrando los dientes. Y ya nuestros Tejeros deben de estar aceitando las bayonetas.

Enigma: Eduardo Santos fue del ala derecha del Partido Liberal, pero durante la guerra civil española estuvo siempre a favor de la República, contra los franquistas.