En cámara lenta. Editorial

Como en una autopista, las oportunidades suelen pasar raudas. Parecen surfistas diminutas cruzando una ola inmensa y eterna llamada tiempo.

Ese tiempo que, como dice la Nobel polaca Wislawa Szymborska, “tiene el derecho de entrometerse en todo, sea malo o bueno”. Cada edición de CROMOS es como un mundo para los que todavía tienen sueños, harta curiosidad para verlos cruzar en esa autopista, y valentía y arrestos para subirse en ellos.

No importa que el tiempo arme y desarme a su capricho, hay algo en ellos que no pueden quebrar las horas, ni refundir los minutos, ni mucho menos dispersar como hormigas los segundos, y ese algo se llama pasión y voluntad de hacer las cosas. Basta ver nuestra carátula con la balada de la rubia Anasol que se atrevió a ser actriz y a cantar como Amanda Miguel, para vislumbrar dentro de ella el rumor inmortal de su propia música.

Es cuestión de conversar con Tatsumaro Terazawa, el embajador de Japón, un hombre de honor empeñado en escribir un libro que explique lo que es Colombia, para saber que dentro de él hay un maestro de la espada, tallado en piedra, que no olvida su camino en la vida. O detenerse en cada obra que recomendamos en esta edición del Festival Iberoamericano de Teatro, para saber a ciencia cierta que hay hombres libres vagando entre las cosas. Sin embargo, todo esto puede ocurrir en esa autopista invisible y no darnos cuenta porque el tiempo nos agita y nos acelera, como aquel poema antiguo japonés que dice: “La gente pensará / que el río Yodo / fluye sin prisas, / pero así fluyen profundas / las cosas con corazón”.

De ahí la obsesión de CROMOS de poner a la vista lo que la gente no puede ver porque no es capaz de detenerse. ¡Qué bueno resulta mostrar las historias humanas de todas las tallas, grandes, pequeñas y medianas! Sacar a la superficie su profundidad. Y hacerlo de la mejor manera y en cámara lenta con las fotografías y las palabras, para mostrarle al tiempo que ya no tiene dominio sobre ellas, y ratificar –como dice Wislawa– que ese tiempo “que desmorona montañas / traslada océanos y que está / presente al girar las estrellas / no tendrá el menor poder / sobre los amantes, porque están demasiado desnudos / demasiado abrazados con el alma...”.