Clara Juliana Guerrero, una moñona para la historia

Hija y nieta de bolicheros, Clara Juliana Guerrero se crió prácticamente en las canchas de bolo de su natal Armenia. Pistas para descubrir cómo llegó a proclamarse campeona mundial en Estados Unidos.
Clara Juliana Guerrero, una moñona para la historia

Es fácil saber por qué Clara Juliana ganó las dos medallas de oro en el más reciente Campeonato Mundial de Bolos en Las Vegas: su familia siempre ha vivido en función de este deporte. Leonardo Guerrero, su abuelo paterno, fue uno de los fundadores del Bolo Club de Armenia, el primero que existió en la capital del Quindío. Sus padres, Leonardo y Clara Inés, se conocieron en el ambiente bolichero de la ciudad, y su madre sólo dejó de jugarlo cuando cumplió el tercer mes de embarazo de Clara, su primera hija.

Luego de que ella naciera, Clara Inés retomó su afición por los bolos, al punto de que iba con la recién nacida al club para poder jugar, mientras los saloneros del club le ayudaban a darle tetero. A pesar de que Clarita –como es llamada cariñosamente por sus familiares– creció, literalmente, en las pistas de bolos, su padre admite que no fue eso lo que determinó su futuro como bolichera profesional. La vena para los bolos la descubrió Floberto Valderrama, un entrenador que trabajó durante muchos años con la Liga de Bolos del Quindío y quien una noche se reunió con los padres de Clara Juliana y les dijo que no sabía si ella iba a llegar lejos, pero que por lo menos quería intentarlo.

Así fue como le dieron vía libre para que Valderrama empezara a esculpir su talento a los 8 años, época en la que Clara también conoció, por primera vez, el significado de la palabra sacrificio, pues todos estuvieron de acuerdo en establecer que la forma para que ella se preparara correctamente, era dedicándole varias horas al entrenamiento recién saliera de sus clases, y destinar las noches para cumplir con sus tareas. Los resultados no demoraron en aparecer. Cuando cumplió 13 años, Clara ya estaba jugando su primer suramericano en Guayaquil, y a los 14 su primer mundial en Hong Kong. María Teresa Sachse, actual entrenadora de la Liga de Bolos de Bogotá, jugó con ella en el mismo grupo que representó a Colombia en el Mundial de Bolos celebrado en Emiratos Árabes Unidos, en 1999.

La recuerda como una excelente compañera de equipo, disciplinada y persistente. Cuando los padres de Clara se dieron cuenta de que la cosa iba en serio, le prometieron apoyarla para que pudiese participar en cualquier competencia nacional e internacional. Así mismo y mediante un gran esfuerzo económico, le apuntaron a que ella recibiera una buena educación en el extranjero y en una universidad que, en lo posible, tuviera los bolos como una actividad deportiva de primer nivel. Por eso llegó a la Universidad de Wichita, después de estudiar tres semestres en la Universidad Eafit de Medellín. En Estados Unidos, Clara se entrenó con el equipo de la universidad y adquirió la experiencia que necesitaba para consolidarse. “Eso fue fundamental –le dijo Clara a CROMOS–. Allá la exigencia y la competencia eran mucho mayores”.

Esa universidad, poco a poco, le iría marcando el futuro a Clara Juliana: en Wichita fue donde conoció a su actual esposo, el también bolichero Joshua Kubiak; con Wichita quedó campeona de un torneo nacional universitario; y de Wichita se graduó en la carrera de Negocios Internacionales en 2006. Un día normal para Clara Juliana empieza en su hogar de Austin (Texas), ciudad donde vive desde hace cinco años.

Por la mañana trabaja como agente de bienes raíces y en la tarde se dedica exclusivamente a su entrenamiento, que incluye una rutina en el gimnasio y dos horas y media de trabajos específicos en la pista. Su talla de zapatos es 38, tiene un par de contratos publicitarios con Columbia 300 y Turbo, empresas que la dotan con equipamiento deportivo, y su ídolo es el bolichero venezolano Amleto Monacelli, el único latinoamericano que figura en el Salón de la Fama del bolo mundial. Cuando le queda tiempo, Clara Juliana va a cine, ve partidos de tenis femenino y cocina.

La comida que más le gusta son los fríjoles, las arepas y las luladas, y toma mucho café. También viaja a Colombia al menos una vez por año, y así venga de vacaciones, nunca interrumpe su entrenamiento. David Rivera, su entrenador personal en Colombia, cree saber el secreto de Clarita: “Técnicamente no es tan buena como otras, tiene debilidades en sus desplazamientos y con el traslado de pesos, pero eso lo compensa con su versatilidad y su fortaleza mental. Esa es su mayor virtud”, opina. Y fue precisamente esa fortaleza mental la que le ayudó a Clara Juliana a ganar en bolos el equivalente a un mundial de fútbol o un Tour de Francia. A sus 27 años supo recoger los frutos de tanto esfuerzo y determinación.

En la categoría Todo Evento, que reúne las competencias de individual, dobles, tríos y equipos, ganó pasándole por encima al equipo de los Estados Unidos, que está conformado por las seis mejores bolicheras del mundo; y en la categoría Final Master ganó imponiendo el nuevo récord para una serie de tres líneas con 805 pines.