Don Pantaleón y otras joyas de la corona

60 obras llegaron al MamBo, de Bogotá con la Colección BBVA, que hace un recorrido por 200 años de arte español y latinoamericano de los que dan cuenta Goya, Siqueiros, Szyszlo...

Un capitán de dos metros de altura mira de frente al público. Tiene plumas rojas en su sombrero para impresionar a sus enemigos, usa un flamante uniforme y una chaqueta forrada en piel para las batallas en invierno. Su mano derecha está apoyada en un bastón de mando y en la izquierda lleva un sable. Atrás, entre las sombras, su caballo parece guardarle la espalda. Es Don Pantaleón Pérez de Nenín y está triste.

Así lo pintó Francisco de Goya, quien firmó el retrato en el sable del militar, que se retiró alegando “afecto hipocondríaco espasmódico”. Hoy, Don Pantaleón sería diagnosticado como bipolar. Aunque el gran pintor español no tenía el talento para detectar la enfermedad, sí pudo transmitir lo que había logrado con otros de sus cuadros: que el retrato reflejara el alma del personaje.

“A primera vista no es un cuadro llamativo”, dice Tomás Llorens, comisario de la exposición Confluencias, dos siglos de modernidad en la Colección BBVA. Pero esto no demerita la presencia de este capitán del ejército español que compró su rango y que Goya, magistralmente, convirtió en alguien llamativo. Por eso, está ubicado estratégicamente en el fondo del salón, junto a Los Caprichos, la serie de grabados del mismo artista.

El militar es la “joya de la corona” de esta muestra que reúne 60 obras de artistas españoles y latinoamericanos, de los siglos XIX y XX, que cubren 200 años de arte hecho en España y Latinoamérica. Llorens revisó las cerca de 3.000 obras que componen la colección para llegar a la selección final. “Encontré una línea en esos dos siglos, aunque también escogí obras más recónditas que no se hubieran visto tanto. Fue casi un año de trabajo”, comenta.

Durante la tarea hizo sus propios descubrimientos, como el de la escuela paisajística chilena del siglo XIX, lo cual le permitió hacer una clasificación en la que, según Llorens, más que una evolución en los lenguajes hay un cambio en el espíritu de cada época. De ahí salieron cuatro grupos: La imaginación romántica, el entresijo XIX-XX; Entre naturalismo y simbolismo, la primera mitad del siglo XX; Vanguardia y tradición moderna; y La segunda mitad del siglo XX, la condición de la imagen.

Hay retratos como el Simón Bolívar, de Martín Tovar y Tovar, y paisajes y escenas costumbristas, como la de Ricardo Gómez Campuzano, el único presente en la muestra con su obra Puente de piedra. Pero solo unas obras bastan para pasar a la modernidad, la vanguardia y finalmente a lo que el curador destaca como la principal característica de la sociedad de la segunda mitad del siglo pasado: “El crecimiento de las redes de comunicación y la proliferación industrial de imágenes”.

De ahí que la muestra reúna obras del arte pop con un significado español, sin dejar de mostrar la influencia del expresionismo abstracto estadounidense y piezas centradas en la percepción visual, como la obra del venezolano Carlos Cruz-Díez, y una escultura en metal alineado perfectamente pero de resultado caprichoso, hecha por el español Eusebio Sempere.

Así fue que Llorens logró la confluencia de dos mundos, el español y el latinoamericano, bajo la influencia de las corrientes universales pero interpretadas de manera diversa por artistas españoles y latinoamericanos, entre ellos Joaquín Sorolla, Aurelio Arteta, José Sabogal, María Blanchard, Oswaldo Guayasamín, David Alfaro Siqueiros, Roberto Matta, Antoni Tàpies y Fernando de Szyszlo. Y claro, bajo la mirada vigilante de Don Pantaleón Pérez de Nenín, pintado por el gran Goya.