El concierto más emblemático del siglo XX

Quizás quienes más añoren esos tres días de sexo, drogas y rock and roll, sucedidos en agosto de 1969 en un pequeño pueblo neoyorquino, sean los que no lo vivieron, generaciones que hoy viven con la idea romántica de repetir lo irrepetible: cuatrocientas mil personas fusionadas en un inmenso sentimiento de paz y amor. El concierto más emblemático del siglo XX sigue vigente.

Toda una ironía: Mientras que desde las altas esferas de Washington se declaraba zona de desastre a un punto de la geografía situado a 129 kilómetros de la ciudad de Nueva York, más de un millón de almas intentaba peregrinar hacia allí sin importar mucho ese dictamen.

Para quienes nunca han creído que el Festival de Woodstock fue el evento por antonomasia de la era del flower power, baste decir que durante los tres días que duró el más célebre de los conciertos multitudinarios de rock en la historia sólo se reportaron tres muertes: una natural, otra accidental y apenas una más por sobredosis de droga. Los transcurridos entre el 15 y el 17 de agosto de 1969 fueron días de convivencia que pudieron haber culminado en tragedia. Los espectadores llegaban en irrefrenable masa (se preveía que habría 60.000: se contaron 400.000, más otros tantos que nunca pudieron entrar), hubo poca disponibilidad de personal logístico capacitado (sólo 18 médicos, por decir lo menos) y los alimentos empezaron a escasear desde el primer día. Pero a cambio de eso, Woodstock sigue siendo visto como una suerte de paraíso terrenal del rock, una prueba irrefutable de que música e ideales tomados de la mano pueden ser más fuertes que los gobiernos, que la represión y que la guerra misma.

Cuatro jóvenes empresarios se metieron la mano al bolsillo para lograr el sueño de sus vidas sobre un escenario de 24 metros cuadrados y un área para público de más de 2.500 kilómetros cuadrados. Y aunque al cierre reportaron pérdidas por 2,6 millones de dólares y más de 80 demandas de diferente orden, la inversión se recuperó con creces en el tiempo, gracias a las conferencias que sus organizadores han realizado alrededor del mundo y los 50 millones de dólares que recaudó el documental Woodstock: three days of peace and music, del director Michael Wadleigh.

Festivales a menor escala se realizaron en aquel mismo célebre predio en 1979, 1989, 1994 y 1999. El último de ellos es recordado por sus desmanes y violencia, es decir, por todo lo contrario que se recuerda el primero.

Por estos días todo el mundo habla de Woodstock, 40 años después. Incluso el director Ang Lee acaba de estrenar en Cannes su cinta Taking Woodstock, acerca de un joven emprendedor neoyorquino que pone su hotel de carretera al servicio de los peregrinos hippies. Mientras tanto, bueno es recordar cómo transcurrió eso que el documentalista Wadleigh llamó “tres días de paz y música”.

El pueblo

Contrario a lo que suele pensarse, el festival de Woodstock no se llevó a cabo en el poblado de ese nombre sino en Bethel, asentamiento de 2.366 habitantes, a 76 kilómetros de distancia, pues los lugareños de Woodstock se opusieron a que su tranquilidad se viera afectada. En Bethel los organizadores contactaron al hacendado Max Yasgur, quien les alquiló el lote por 75.000 dólares en el que se efectuó el festival, mientras que a otros pobladores tuvieron que pagarles 25.000 por la invasión de sus terrenos. En la actualidad, la población de Bethel no supera las 5.000 personas.

Un festival salido de madre

Los organizadores, que no esperaban más de 60.000 personas, vendieron boletas para 180.000 asistentes, es decir que la demanda por boletería se triplicó. El frenesí por asistir fue tal que se originó un embotellamiento de autos y buses de más de 24 kilómetros. Se estima que 400.000 personas tuvieron que salir de sus carros y buses para terminar el recorrido a pie. Finalmente, unas 220.000 entraron forzadamente, obligando a los organizadores a permitir la entrada gratuita. Otros 200.000 peregrinos nunca lograron llegar.

Sexo....

Buena parte de la mayoría de los asistentes al festival se tomaron muy al pie de la letra aquello de “hacer el amor y no la guerra”. Aunque es imposible un recuento del desenfreno sexual de esos tres días, valga un dato: una asistente dice haberse dado a la tarea de contar cuántas personas desnudas había a su alrededor: sumó 200. Prueba de lo que hizo Woodstock por cambiar la mentalidad de las personas es que el 27% de los nacimientos posteriores al festival se dieron en parejas que convivían en unión libre. De hecho, fueron reportados dos natalicios tras bambalinas en el festival.

... Droga...

Dicen que el 90% de los asistentes a Woodstock eran consumidores regulares de marihuana. Es que la hierba fue el único producto duradero en el festival: cuando se acabó el dinero se implantó el trueque de un cigarrillo de marihuana, avaluado en 15 dólares, por una hamburguesa, que costaba apenas un dólar. Durante el primer día se registraron unas 400 intoxicaciones con LSD, lo que obligó a los organizadores a advertir que no se consumiera “el ácido color café que está circulando”. De los millares de asistentes, sólo 133 fueron procesados por portar drogas.

... ¡y rock and roll!

Un total de 34 bandas y solistas se presentaron en los tres días de festival. Muchos eran principiantes bañados luego por el éxito, como Crosby, Stills & Nash, íconos del folk que sólo se habían presentado una vez en un escenario; y Joe Cocker, cantante inglés cuyos conciertos nunca habían reunido más de 300 personas. A pesar de la categoría de leyenda que cobró el cierre del festival por parte de Jimi Hendrix, con quema de guitarra incluida, se calcula que sólo quedaban en el predio unos 80.000 espectadores viéndolo. De algunos otros invitados como Sweetwater, Bert Sommer, The Queel y Sha-Na-Na, fue poco lo que se volvió a saber después de Woodstock.

Pudieron ir, y no fueron...

Se dice que quienes se presentaron en Woodstock fueron la crema y nata del rock and roll mundial. Aunque la presencia de Santana, Jimi Hendrix, Janis Joplin y The Who parecen probarlo, se trata de una verdad a medias pues faltaron varios de los grandes. Bob Dylan estaba listo, pero su hijo se enfermó; The Doors declinó la invitación porque a Jim Morrison, su cantante, no le hacía bien cantar al aire libre; los integrantes de Led Zeppelin prefirieron ir a ver a Elvis Presley en Las Vegas y el cantante de la banda Jethro Tull, Ian Anderson, dijo que no iba a perder el fin de semana “con una caterva de hippies”.

Woodstock en la cultura popular

Todo lo referente al festival ha cobrado categoría de hito. En Polonia se estableció el que llaman “el festival al aire libre más grande de Europa” bajo el nombre de Przystanek Woodstock. El pequeño pájaro amarillo que acompaña en sus correrías a Snoopy no tenía nombre hasta 1969, cuando su creador, Charles M. Schulz, decidió bautizarlo, ¿adivinan cómo?, Woodstock. En 1989 un coleccionista pagó 2.500 dólares por un afiche original, y otro se llevó por 8.000 dólares una boleta de esas mismas que el público pagó a 18 dólares 40 años atrás.

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