El estilo es lo que queda

Recibo correos sobre infinidad de temas que tienen que ver con la moda y con el “qué me pongo” para distintas ocasiones, desde la más sencilla hasta complicados eventos con implacable protocolo. Me encanta, para eso estoy y respondo con mucho gusto.

Últimamente me preguntan muchísimo qué significa el estilo. ¿Qué es tener estilo? ¿Cómo se tiene estilo? Si lo tomo del diccionario (manera, forma, modo, género, expresión, personalidad; también moda, costumbre y usanza) lo definiría como algo muy simple o muy complicado, según Jean Cocteau.

Yo prefiero definir el estilo como una mezcla de magnetismo y movimientos. Crear, coleccionar, recopilar, escoger, tomar de un lado, inspirarse en un cuadro, en una película, en una persona; todo ese simbolismo hace parte de formar y crear nuestro propio estilo.

Describirlo resulta imposible, pero el estilo es lo que rodea a cada persona. Evoluciona con nuestra cultura a medida que vamos adquiriendo conocimientos. Trabajo, libros, música, arte, teatro, cine, viajes y toda clase de vivencias y experiencias alimentarán nuestro estilo. Es nuestra huella digital, es tal vez nuestra fuerza interior, nuestra determinación y, desde luego, nuestros secretos.

Conocerse es el paso definitivo para tener estilo. Una persona que se ha observado con detenimiento frente al espejo y se ha tomado el tiempo para analizar su cuerpo, sus facciones y tonos de piel y pelo, tiene más posibilidades, con su comportamiento, de proyectar su imagen con mayor éxito y seguridad. Y, claro, con estilo muy propio.

Al estilo lo vemos en una prenda llevada de una u otra manera, en el movimiento de nuestro cuerpo, en una nota escrita, en un tono de voz. Estilo es el gusto que imprimimos a cada acción que emprendemos a lo largo de nuestra existencia, es algo intuitivo que sale de muy adentro y marca a las demás personas con una presencia muy definida.

El secreto bien guardado viene a colación para aclarar la definición de estilo: no es el talento, ni la calidad, sino una esencial elegancia que nace de adentro hacia afuera, es como la luz del alma. El estilo no se compra como la moda. La moda nace joven y después muere.

Existen muchos, muchísimos estilos muy marcados.

Fanny Mikey, a quien todos recordamos con felicidad porque nos llevó al mundo del teatro con sus odiseas del Festival, siempre, o casi siempre, se vestía de negro, y lo contrastaba con su melena color zanahoria, mucho maquillaje y brillo. Ese era su estilo muy personal.

Jacqueline Kennedy marcó una era con su forma de decorar la Casa Blanca y de vestirse con sastres Chanel, vestidos de gala de los mejores diseñadores y su infaltable collar de perlas a lo largo de la Presidencia de John Kennedy. Siempre será recordada por su estilo en la memoria colectiva.

Lo mismo ocurrió con la desaparecida Lady Di. Dejó una huella en la moda de las jovencitas con su corte de pelo, sencillez y amor por la moda de diseñadores como su amigo Versace.

Michelle Obama, primera dama de raza negra en los Estados Unidos, desde el primer día imprimió su estilo fuerte, independiente, relajado y fresco; convirtió la moda de diseñadores jóvenes y desconocidos y algunas marcas masivas en la definición de su estilo.

El tema va ligado a la personalidad y es la moda la que proyecta, con cada prenda, un estilo propio. Bohemio, recatado, moderno, clásico… en fin, son las formas de llevar una chaqueta, un pañuelo, un sombrero, una cartera o una joya, las que definen nuestro estilo. Unos jeans rasgados, desteñidos, viejos o nuevos, no importan si el que los lleva tiene definido su estilo y sabe llevarlos con naturalidad. Lo mismo pasa con el pelo, con una camisa abierta y escotada o con una flor en la solapa. Ser nosotros mismos siempre, con un estilo a prueba de frío o calor. El estilo está presente en una playa con unos shorts viejos y pies descalzos o en una gala de corbata negra. El estilo es, para resumir, lo que queda siempre cuando lo demás se ha olvidado.

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