El laberinto de los millones

La feria de arte contemporáneo más importante del mundo, creada en 1970 en Basilea (Suiza), sorprendió por sus ventas millonarias en tiempo de crisis económica. En lo artístico hubo suficiente para seducir a los coleccionistas, que encontraron en el arte la mejor inversión.

El día que la feria Art Basel abrió sus puertas, bastaron cinco minutos para que se vendiera la primera pieza, una escultura de Pablo Picasso de 15 millones de dólares. Sucedió en Basilea (Suiza), hace pocos días, en pleno 2010, un año en el que el mundo está en crisis económica. Tal vez por eso fue noticia, pero si se mira con otros ojos, esa venta puede ser un indicativo de que en tiempos de crisis es bueno invertir en arte. La reina de las ferias de arte, como se le conoce, fue también el termómetro para saber en qué andan los artistas contemporáneos y qué quieren comprar los coleccionistas.

El balance hay que hacerlo en millones de dólares, miles de asistentes y una lista de nombres que el público y los expertos adoran, por inalcanzables o porque el mundo del arte se arrodilla ante sus propuestas extravagantes. Los pasillos y pabellones de Art Basel fueron el centro de reunión de millonarios, curiosos y famosos que buscaban dónde gastar su dinero.

Los millones tal vez son incalculables, pues las galerías y la feria prefieren mantener en secreto las cifras que se mueven en las ventas de obras. Un dato que sólo se escapa cuando el protagonista de la venta es un maestro o un artista revelación al que se le abrirán las puertas del mundo del arte después de haber estado allí.

Los asistentes fueron los primeros en romper récords: más de 62.000 en cinco días de feria. La pregunta era si había tanto dinero y coleccionistas que justificaran tan masiva asistencia. Nadie la respondió, pero todos sacaron provecho, entre ellos el director de Art Basel, Marc Speigler, quien aseguró que ante la crisis económica el arte aumentó su calidad y, por ende, la afluencia de público en busca de obras. La oferta era amplia: 2.500 artistas distribuidos en 300 galerías de 37 países.

Como casi todos los años, la presencia de las mismas galerías de siempre, en su mayoría europeas y estadounidenses, generó críticas entre quienes quieren ver nuevos nombres y países para hacer honor a la globalidad que promueven los organizadores. Una prueba de esto es la escasa participación de Latinoamérica, que tuvo sólo nueve galerías: cuatro brasileñas, tres mexicanas, una argentina y la colombiana Casas Riegner, que llevó las obras de los artistas José Antonio Suárez y Mateo López.

Sin embargo, la feria cumplió con el objetivo de mostrar a algunos de los más importantes artistas contemporáneos, sobre todo a aquellos cuyo nombre estaba seguido del punto rojo de vendido y de un precio de seis y más ceros. Aunque no alcanzan el valor de un Picasso, muchos nombres terminaron seduciendo a los coleccionistas que, según los expertos, llegan a Basilea para participar en las muestras privadas pensadas sólo para millonarios que quieren invertir de manera segura. Como han dicho especialistas, la diferencia entre invertir en oro y en arte es que el primero es más fácil de comprar y para el segundo necesitan conocimiento que signifique rentabilidad.

En Art Basel no bastó esa comparación. Galeristas y expertos afirmaron que también la feria se convirtió en un laboratorio financiero que sólo dará resultados el próximo año, debido a que mientras en 2009 el euro estaba muy elevado respecto al dólar, este año estaban equilibrados. Por eso, quien compró tendrá que esperar el comportamiento de las monedas en las bolsas del mundo para saber cuánto valdrá realmente la pintura, la escultura o la instalación que se llevó a casa.

Y en esto hubo mucho de dónde escoger, pues la feria ofreció espacios para todos: galerías, nombres consagrados, exposiciones curadas especialmente para el evento, proyectos de artistas jóvenes, arte público e intervención en sitios en la ciudad. Poco a poco comenzaron a destacarse las obras de Picasso, de Warhol, de De Kooning y de Kandinsky; nombres de artistas como Paul McCarthy, Zhang Huan, Damien Hirst, Cory Arcangel, Takashi Murakami, Luc Tuyman, Jeff Wall, Gary Hume y Anish Kapoor, quienes vendieron sus obras a muy buenos precios.

La pregunta es quiénes las compraron. Coleccionistas chinos, rusos, brasileños y los compradores tradicionales de Estados Unidos, Japón y Europa. Todos, sin duda, atraídos por buenos precios que algunas galerías ofrecieron , pero no de manera oficial, pues como decía una galerista española: “Un artista de renombre no puede bajar sus precios, pero la galería sí puede hacer descuentos”.

A lo mejor es un esquema que funciona con los artistas jóvenes mientras los consagrados son la mejor inversión, pues también en época de crisis el consejo de un galerista o marchante de arte es que el comprador vaya a la fija con artistas reconocidos.

Esta actitud es acorde con el estilo de Art Basel, una feria que se caracteriza por mantener un arte convencional pero sin negarles espacio a las propuestas vanguardistas. Éstas, precisamente, fueron las que se robaron la atención del público y de los coleccionistas, algunas por extravagantes y otras por los precios elevados.

Así sucedió con la obra Héroe Nº 1, del chino Zhang Huan, una especie de esfinge en piel de vaca y que para muchos un esperpento de grandes dimensiones. Fue comprado en 1’850.000 dólares por otro artista, Takashi Murakami, consentido de la feria y también gran vendedor de obras. De este japonés, la galería Perrotin, de París, vendió una escultura en bronce, Yume Lion, en 1,3 millones de dólares.

Algo similar pasó con uno de los artistas estadounidenses más provocadores de los últimos años, Paul McCarthy, quien al igual que Picasso, abrió la feria con la venta de su obra. Consiste en una serie de cinco enanos de Blancanieves, pero deformes, que fue vendida por tres millones de dólares a un coleccionista europeo. Un precio que superó al artista británico Damien Hirst, quien se alejó de la polémica de sus series con animales, y presentó la obra Memories of love (Recuerdos de amor), un ostentoso gabinete de vidrio y acero con 6.000 piedras preciosas en su interior. El precio: 3,5 millones de dólares.Las ventas, en general, le dieron un respiro al mundo del arte, que había soportado el estancamiento económico en los últimos tres años.

Aparte de Art Basel, la reciente subasta de Christie’s comprobó que los millonarios no quieren un Picasso o un Van Gogh sólo porque son obras de maestros, sino porque es un arte que les representa rentabilidad en el futuro.

Por ejemplo, en Christie’s se vendió la pintura El bebedor de absenta, de Picasso, en 52 millones de dólares, y un cuadro de Klimt alcanzó un precio de 27 millones de dólares, precios modestos según los expertos, pero que al final muestran la tendencia de los coleccionistas a invertir en obras contemporáneas.

Por eso, Art Basel 2010 cerró con euforia, pues en este tipo de ferias, además de la calidad, lo importante es sumar. Y así sucedió con los compradores novatos, que esta vez llegaron en aviones privados para espantar la crisis, al menos del mundo del arte.

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