El poder de la delicadeza

La oferta actual en Colombia no incluye los vinos de esta procedencia, pero ya hay importadores interesados en ellos.
Una reciente exploración de la Patagonia argentina y chilena me puso a pensar también en otra área de indiscutida importancia actual: el Pacífico Noroccidental de Estados Unidos, en particular Oregon y Washington. Igual que en la Patagonia sureña, aquí sobresalen las variedades blancas y las cepas tintas de ciclo corto de maduración, aunque la Syrah y la Cabernet Sauvignon también están presentes. El portafolio incluye Pinot Gris, Riesling, Chardonnay Gewürztraminer y Semillón (blancas), Merlot Zinfandel y Sangiovese (tintas). Pero, sin duda, la variedad estandarte del Pacífico Noroccidental es la Pinot Noir, llamada históricamente la blanca de las tintas. Por mucho tiempo California arrebató la atención del mundo con sus vinos robustos y concentrados, y, en cierta forma, opacó  a éstas y a otras denominaciones dentro del territorio norteamericano. Y aunque la oferta actual en Colombia todavía no incluye a Oregon ni a Washington como opciones, hay varios importadores a punto de ingresar ejemplares procedentes de allí. Para que la situación no nos tome por sorpresa, bien vale dar un primer vistazo a este rincón de la geografía del vino y entender sus aspectos esenciales. Un repaso a la historia nos dice que, antes de alcanzar su delimitación actual, hecho que ocurrió a mediados del siglo XIX, el territorio de Oregon constituyó uno de los campos de disputa más intensos entre la corona británica y la rebelde colonia norteamericana. Abarcaba desde la California mexicana hasta Alaska, e incluía, dentro de sus límites, a estados actuales como Oregon, Washington, Montana y Wyoming. Oregon produce vinos desde el momento mismo de su nacimiento como enclave político. Los precursores fueron colonos que aprendieron las prácticas vitivinícolas de viñateros californianos. Sin embargo, durante más de un siglo, la cultura del vino hibernó sin mayores destellos. Fue a partir de los años sesenta cuando la vitivinicultura de Oregon tomó vuelo, cuando algunos empresarios californianos comenzaron a buscar nuevos territorios para expandir sus viñedos. En el caso del estado de Washington, la tradición se inició a principios del siglo XIX y luego se propagó con la llegada de inmigrantes europeos. Por las frescas condiciones climáticas de la zona, se eligió plantarla uva borgoñesa Pinot Noir. Y curiosamente el área elegida fue el valle de Willamette, donde nunca se pensó que la vitivinicultura tuviera futuro. Frente a los resultados obtenidos se desató una verdadera desbandada de empresarios y enólogos californianos para darle raíces al sector. Pero quizás el factor más determinante para el desarrollo de la zona fue el apoyo de las autoridades locales, que dieron estímulos tributarios y legales para facilitar el florecimiento de la vitivinicultura . Hacia los años 80 era claro que la calidad de los vinos provenientes de Oregon y Washington estaban comenzando a deslumbrar a los especialistas. Esto sirvió de estímulo para que nuevas firmas, incluso provenientes de Europa, se establecieran en el estado. Entre los recién llegados se incluyeron franceses provenientes de la región de la Borgoña. En gran parte, esta migración se produjo como resultado de los viajes hechos por los gobernantes de Oregon a Francia. El territorio escogido por los emprendedores europeos fue Dundee, un área conocida como Red Hills. El descubrimiento fue revelador. Los mismos franceses dicen que, aparte de la Borgoña, Oregon es el otro punto en el planeta donde el Pinot Noir puede expresar su excelencia. La mayor similitud se encuentra en el clima, porque, en materia de suelos, hay una diferencia abismal: los de Borgoña son limosos y calcáreos, mientras que los de Oregon son de origen volcánico, dándole a la tierra una tonalidad rojiza muy particular. La sequedad en el ambiente, por otro lado, evita la formación de hongos en la planta y esto garantiza una sanidad permanente de hojas y frutos, así como elimina la posibilidad de tratamientos químicos. La combinación de clima y suelo da como resultado unos vinos elegantes y suaves, pero complejos. Más que cualquier otro de su clase, hay que salir a buscarlos para sorprenderse y no esperarlos a que ataquen, porque nunca lo van a hacer. En Oregon y Washington impera, por encima de cualquier otra cosa, el poder de la delicadeza.
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