El precio de ser reina

Por: Taliana Vargas
El precio de ser reina

Esto de ser reina no es tan fácil como piensan, sobre todo en un país de reinados y reinas, en donde las soberanas están en todas partes: en la televisión, en la publicidad y hasta en el honorable Congreso de la República.

Esto de ser reina no son sólo fotos, viajes, vestidos, zapatos y miles de cosas materiales que todos imaginan. Esto de ser reina es regalarle los días, las horas y el amor sincero a Colombia. Es salir a hacer feliz con una sonrisa a personas vulnerables, a niños solos, a soldados heridos en guerra, a ancianos; es visitar cárceles, hospitales y miles de fundaciones con el fin de animar, de alentar, de regalar un segundo de alegría, solo con la presencia, la sonrisa o la mirada de nosotras, las reinas. Suena fácil, pero públicamente me atrevo a decir que a pesar de que disfruté cada segundo de mi reinado y que cada instante fui Colombia, esto de ser reina va más allá.

Ser reina es sonreír, todos quieren siempre que la reina esté sonriendo, que la reina sea amorosa, tierna, feliz y de todos. ¡Ay si por un segundo no sonríe! Es sonreír por horas seguidas, tanto que al término de las jornadas las mandíbulas duelen y el rostro está cansado, tieso.

Es estar parada con tacones horas y más horas, es desfilar, caminar, saludar, cambiarse una y otra vez de vestuario, y por eso mismo soportar dolores en la parte baja de la espalda y ampollas en los pies. Es olvidarse de uno mismo, de nuestros problemas y dolores para salir sonriente a regalarles a todos esperanza. Es llegar a cada una de las distintas fundaciones, llenarse de fuerza para regalar valor. Ser reina es llenarse de valor para conmoverse ante tantas situaciones, con lágrimas por dentro pero sin poderlas derramar.

Cada una de estas experiencias de contraste me hace lo que soy. Durante todos estos meses, Taliana Vargas Carrillo fue Colombia. Y hoy, a pocos días de entregar mi título, sólo me resta decirles a las candidatas que, como cualquier concurso, esto es una competencia. Que son 17 días intensos en los que hay emociones contrastadas, sentimientos, angustias, soledad y adrenalina.

En Cartagena, durante estos días, se une Colombia. Todos juntos por la belleza, todos al tanto de la fiesta más importante del país y todos siendo más colombianos que nunca. A las candidatas les digo que aprovechen cada segundo del concurso, que aprendan la una de la otra, de la inmensa diversidad cultural que tenemos. Que hagan amigas, que regalen sonrisas y que den alegría. Que aprendan a sentirse plenas con los ojos brillantes de un niño luego de una sonrisa nuestra, pues esto toca el alma y sensibiliza nuestros corazones. Que se sientan privilegiadas por el simple hecho de estar en el concurso, que vivan el día a día felices, que sientan la admiración, el interés y el amor del pueblo.

Muy sinceramente les digo a cada una de las candidatas, aunque suene trillado, que se gocen cada segundo. Que se les hinche el corazón con los aplausos y los cantos de la gente, que rían con las preguntas imprudentes de los periodistas, que disfruten del cansancio, que se deleiten con los dolores de pies, de espalda, de cabeza y hasta del corazón. Que sepan que estos 17 días serán los días en que más vivas se sentirán en toda sus vidas. Así que si hay que bailar, ¡bailen con ganas! Si hay que cantar, ¡canten con euforia! Si tienen que llorar, ¡lloren! Que recuerden que es la experiencia con la que sueñan miles de colombianas. Esto de ser reina es una experiencia maravillosa, rica en amor y pobre de tiempo pero a prueba de años en las mentes de todas.

Esto es una invitación abierta, a todas, para que se conozcan, para que disfruten de su esencia, para que proyecten lo que son, para que busquen en un espejo (tal como lo hice yo, durante horas) su mejor look y con eso le regalen a Colombia un poco de sus pasiones, de su energía, de su fuerza, de sus ganas y de su sabiduría. Que por 17 días sean las caras bonitas del país sin importar si ganan o pierden.

 

últimas noticias

Opciones para ser expertos en cocina

Beneficios de la vela de soya

El chile: el rey de la comida mexicana

El arte de desmaquillar

Mochilas hechas a mano