Hubo Festival

Escritores, periodistas y fanáticos de la literatura se juntaron de nuevo en el Hay Festival, un delicioso encuentro que ya se ha vuelto ineludible. Cero y van cinco.
Hubo Festival

La sorpresa

El director español Fernando Trueba. Desconocido para muchos, llegó con el peso de reemplazar al mexicano Alejandro González Iñárritu en la charla “El cine no es una novela ¿o sí?” y pasó la prueba. Su entrevista a cargo de Roberto Pombo no sólo resultó muy cálida sino que sedujo al público, que no conocía muchas de sus películas, con su forma de hacer cine, sus motivaciones, su pasión por el jazz y su visión del mundo, con una mezcla perfecta de inteligencia e ironía.

La menos literaria

La charla del peruano Mario Vargas Llosa, quien le puso además un toque polémico al evento. Su oficio, disciplina e historias pasaron a un segundo plano cuando, por ejemplo, respondió a una pregunta sobre los caudillos que se hacen reelegir en Latinoamérica: “Hay que acabar con ellos, que no son más que máquinas destructoras, y hay que aceptar esa cosa que a veces parece mediocre que es la democracia”. Al siguiente día y gracias a que fue el más taquillero, repitió una charla en la que habló más de literatura.

La mejor conversación

La del italiano Paolo Giordano. El autor de La soledad de los números primos llegó a Cartagena precedido de mucha expectativa, y no defraudó a nadie, a pesar de que tendría que destacarse entre nombres como Ian McEwan, Mario Vargas Llosa y Michael Ondaatje. Su conversación con Héctor Abad Faciolince fue la más equilibrada, y la gozaron tanto los que habían leído el libro como los que apenas descubrían al italiano. Abad, además, logró sacarle a Giordano sus motivaciones literarias más profundas. El público, a su vez, cerró con preguntas inteligentes y sencillas.

El más apasionado

El historiador británico Andrew Roberts. En su charla “Cómo perdió Hitler la Segunda Guerra Mundial” hizo un recorrido por los hechos definitivos que llevaron al líder alemán a su caída.e ironía.

La menos literaria

La charla del peruano Mario Vargas Llosa, quien le puso además un toque polémico al evento. Su oficio, disciplina e historias pasaron a un segundo plano cuando, por ejemplo, respondió a una pregunta sobre los caudillos que se hacen reelegir en Latinoamérica: “Hay que acabar con ellos, que no son más que máquinas destructoras, y hay que aceptar esa cosa que a veces parece mediocre que es la democracia”. Al siguiente día y gracias a que fue el más taquillero, repitió una charla en la que habló más de literatura.

La mejor conversación

La del italiano Paolo Giordano. El autor de La soledad de los números primos llegó a Cartagena precedido de mucha expectativa, y no defraudó a nadie, a pesar de que tendría que destacarse entre nombres como Ian McEwan, Mario Vargas Llosa y Michael Ondaatje. Su conversación con Héctor Abad Faciolince fue la más equilibrada, y la gozaron tanto los que habían leído el libro como los que apenas descubrían al italiano. Abad, además, logró sacarle a Giordano sus motivaciones literarias más profundas. El público, a su vez, cerró con preguntas inteligentes y sencillas.

El más apasionado

El historiador británico Andrew Roberts. En su charla “Cómo perdió Hitler la Segunda Guerra Mundial” hizo un recorrido por los hechos definitivos que llevaron al líder alemán a su caída.e ironía.

La menos literaria

La charla del peruano Mario Vargas Llosa, quien le puso además un toque polémico al evento. Su oficio, disciplina e historias pasaron a un segundo plano cuando, por ejemplo, respondió a una pregunta sobre los caudillos que se hacen reelegir en Latinoamérica: “Hay que acabar con ellos, que no son más que máquinas destructoras, y hay que aceptar esa cosa que a veces parece mediocre que es la democracia”. Al siguiente día y gracias a que fue el más taquillero, repitió una charla en la que habló más de literatura.

La mejor conversación

La del italiano Paolo Giordano. El autor de La soledad de los números primos llegó a Cartagena precedido de mucha expectativa, y no defraudó a nadie, a pesar de que tendría que destacarse entre nombres como Ian McEwan, Mario Vargas Llosa y Michael Ondaatje. Su conversación con Héctor Abad Faciolince fue la más equilibrada, y la gozaron tanto los que habían leído el libro como los que apenas descubrían al italiano. Abad, además, logró sacarle a Giordano sus motivaciones literarias más profundas. El público, a su vez, cerró con preguntas inteligentes y sencillas.

El más apasionado

El historiador británico Andrew Roberts. En su charla “Cómo perdió Hitler la Segunda Guerra Mundial” hizo un recorrido por los hechos definitivos que llevaron al líder alemán a su caída.e ironía.

La menos literaria

La charla del peruano Mario Vargas Llosa, quien le puso además un toque polémico al evento. Su oficio, disciplina e historias pasaron a un segundo plano cuando, por ejemplo, respondió a una pregunta sobre los caudillos que se hacen reelegir en Latinoamérica: “Hay que acabar con ellos, que no son más que máquinas destructoras, y hay que aceptar esa cosa que a veces parece mediocre que es la democracia”. Al siguiente día y gracias a que fue el más taquillero, repitió una charla en la que habló más de literatura.

La mejor conversación

La del italiano Paolo Giordano. El autor de La soledad de los números primos llegó a Cartagena precedido de mucha expectativa, y no defraudó a nadie, a pesar de que tendría que destacarse entre nombres como Ian McEwan, Mario Vargas Llosa y Michael Ondaatje. Su conversación con Héctor Abad Faciolince fue la más equilibrada, y la gozaron tanto los que habían leído el libro como los que apenas descubrían al italiano. Abad, además, logró sacarle a Giordano sus motivaciones literarias más profundas. El público, a su vez, cerró con preguntas inteligentes y sencillas.

El más apasionado

El historiador británico Andrew Roberts. En su charla “Cómo perdió Hitler la Segunda Guerra Mundial” hizo un recorrido por los hechos definitivos que llevaron al líder alemán a su caída.e ironía.

La menos literaria

La charla del peruano Mario Vargas Llosa, quien le puso además un toque polémico al evento. Su oficio, disciplina e historias pasaron a un segundo plano cuando, por ejemplo, respondió a una pregunta sobre los caudillos que se hacen reelegir en Latinoamérica: “Hay que acabar con ellos, que no son más que máquinas destructoras, y hay que aceptar esa cosa que a veces parece mediocre que es la democracia”. Al siguiente día y gracias a que fue el más taquillero, repitió una charla en la que habló más de literatura.

La mejor conversación

La del italiano Paolo Giordano. El autor de La soledad de los números primos llegó a Cartagena precedido de mucha expectativa, y no defraudó a nadie, a pesar de que tendría que destacarse entre nombres como Ian McEwan, Mario Vargas Llosa y Michael Ondaatje. Su conversación con Héctor Abad Faciolince fue la más equilibrada, y la gozaron tanto los que habían leído el libro como los que apenas descubrían al italiano. Abad, además, logró sacarle a Giordano sus motivaciones literarias más profundas. El público, a su vez, cerró con preguntas inteligentes y sencillas.

El más apasionado

El historiador británico Andrew Roberts. En su charla “Cómo perdió Hitler la Segunda Guerra Mundial” hizo un recorrido por los hechos definitivos que llevaron al líder alemán a su caída. Su rigor en la investigación le permitió contar datos exactos del uso del armamento de las tropas alemanas para invadir a Rusia, citar frases de Hitler de situaciones cotidianas pocas veces contadas en libros de historia y concluir, por ejemplo, que Hitler perdió más por sus errores y soberbia, que por la superioridad de los aliados.

El mejor entrevistador

Héctor Abad Faciolince. Tuvo a su cargo dos de las conversaciones más concurridas del Festival: Paolo Giordano y Mario Vargas Llosa. Con el primero sostuvo una conversación en italiano, lo que le dio más libertad al autor, habló del libro sin dar detalles ni centrarse en la historia y explotó al escritor para que hablara de su vida y oficio. Con Vargas Llosa logró pasar de lo literario a la política para sacarle opiniones sobre la actualidad latinoamericana, sin que la atención decayera.

La decepción

La conversación de Judith Thurman. Primero, porque de buena fe decidió hablar en español y esto la hizo parecer insegura y limitada en sus opiniones. Segundo, el tema al que fue invitada cambió y pasó de entender para quién escriben los periodistas culturales, a cómo ella combina su trabajo literario con la escritura de temas de moda. Tercero, su charla se tornó seria para el público corriente. En definitiva la conversación con la autora del libro La nariz de Cleopatra, que recoge más de veinte años de carrera periodística en The New Yorker y llegó al país con buenas reseñas, se desperdició.

Correcciones de pie de página

Hay muchos invitados pero no todos son buenos moderadores. Algunos no logran encauzar la conversación para que el público se conecte con el escritor. Otros se centran en detalles específicos que el público desconoce y no generan mucha emoción, como le sucedió, por ejemplo, a Peter Florence con Ian McEwan. En cuanto a las temáticas de las charlas, una gran parte sigue sin ser de la competencia del público, que puede terminar decepcionado y sin motivación. Y respecto a la programación, debe tenerse en cuenta que los grandes invitados estén repartidos en diferentes días y no como sucedió este año con Giordano, Vargas Llosa, McEwan y Ondaatje, todos el mismo día.

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