La cruz de Rosario Tijeras

Aunque la telenovela barrió sintonía en Medellín, muchos paisas, cansados de la estigmatización y de que se construyan apologías alrededor de los delincuentes comunes, protestaron.
La cruz de Rosario Tijeras

En Medellín no quieren saber nada de Rosario Tijeras. Bueno, no todos, pero sí grupos de televidentes y medios de comunicación que se cansaron del mito literario de la seductora sicaria. Dicen estar cansados de su belleza adornada con armas de fuego, de su violencia camuflada de seducción, de que se piense que esa mujer es el paradigma de las jóvenes adolescentes de las comunas de la ciudad.

La asesina más exitosa de la literatura nacional, creada por el escritor Jorge Franco hace diez años, enfrenta hoy la más dura polémica. Todo por cuenta del estreno de la superproducción del Canal RCN. Nadie ha criticado la verosimilitud, la calidad de las interpretaciones ni los magníficos escenarios. La verdad, se trata de una producción impecable.

Lo que desató la controversia fue que Rosario apareciera así, sin pagar una boleta, en la sala de la casa de los colombianos, con una nueva interpretación, esta vez en cabeza de María Fernanda Yepes, y una nueva visión de la obra en medio de escenas de acción grabadas incluso desde el aire, que muestran lugares emblemáticos de la ciudad, así como los barrios y rincones sombríos que sólo se habían visto en el cine, en los filmes de Víctor Gaviria o en La Virgen de los sicarios.

Tal vez esta cercanía provocó la molestia entre muchos televidentes paisas que protestaron por la estigmatización de la ciudad. La respuesta, que el canal no esperaba, al menos en tan poco tiempo, está acompañada de propuestas de veto y de dejar de consumir los productos de los anunciantes. En Facebook la página Medellín no se ve bien en Rosario Tijeras ya tiene más de mil miembros que rechazan la producción.

¿Por qué perdió Rosario su encanto? Para el columnista Pascual Gaviria es más una cuestión de cansancio que de desencanto. “Tiene más de diez años y seguimos contando la misma historia. Para mí es una caricatura ridícula, desgastante y cansona. Es pegarse de un fetiche de sicariato y creo que hay maneras más imaginativas de contar historias reales prescindiendo de Rosario. El estigma viene de la realidad pero pienso que la ficción es más inteligente”, dice, aunque recuerda que la misma queja se dio cuando se publicó el libro y se hizo la película en 2005.

Lo paradójico es el contraste entre las protestas y la sintonía. El estreno el pasado 8 de febrero tuvo un rating de 60,9 en el share en Antioquia, lo que significa que 60 televisores de cada 100 estaban encendidos con Rosario Tijeras. Ese mismo día, Bogotá marcó 39,8 puntos. Como sucede con cualquier estreno, el rating bajó después pero ha mantenido un promedio en los últimos días de 54 puntos de share, mientras en Bogotá es de 41.

El Colombiano manifestó su inconformidad en el editorial Tijera a la dignidad de Medellín, publicado el 13 de febrero. “En una nueva ‘demostración de ingenio, talento y recursividad’, la televisión nos ofrece otro sorbo de insensatez, chabacanería, malos modismos y una alta dosis de cultura narco. La pantalla chica vuelve a estar de espaldas a la realidad del país”. También le dio espacio a las cartas de los lectores, y en las columnas de opinión la queja se amplió al estereotipo de la criminalidad con acento paisa.

“Tienen razón, la televisión está basada en estereotipos pero el problema no es Rosario sino que hablen paisa. Es un recurso dramático así como el de boyacense policía o celador, o el de costeño perezoso, pero la industria funciona así. ¿Cómo se vería un ‘pelao’ de la comuna hablando finísimo?”, opina el crítico de televisión Ómar Rincón.

Fernando Gaitán, vicepresidente de producto de RCN, dijo que estas reacciones lo dejaban triste, pues se basaba en la visión seria que hizo Jorge Franco del sicariato. Y precisó: “El tema seguirá siendo motivo en el cine y en la televisión. No sé si no quieren ver un problema grave o a la sociedad que se refleja en los dramatizados”.

Sobre esto, Ómar Rincón fue más directo: “Lo que está claro es que los paisas no quieren enfrentar su destino. La televisión no cambia realidades, las confirma. Hace diez años fue literatura, pero la televisión no estaba lista para mirarla. Cuando una historia llega a la pantalla y tiene rating es porque la sociedad ya puede asumirla”.

El periodista antioqueño Héctor Rincón piensa que la mirada sobre esa realidad sí es obsesiva. “Es cierto que la serie ubica los acontecimientos en la cuadra, no es abstracta, de nomenclaturas inciertas, sino precisa, y eso puede molestar. La llamada ‘antioqueñidad’, tan susceptible, esta vez tiene razón, pero también tiene el poder curativo del dedo índice: basta hundirlo en el control y cambiar de canal”, afirma.

No es la primera vez que se plantea esta alternativa, que se propuso también frente a temas como el homosexualismo y la prostitución. Ahora vuelve a ser una opción ante las narcotelenovelas, género que irrumpió hace dos años en la pantalla con mucho éxito, Caracol con El Cartel (hoy tiene al aire Las muñecas de la mafia), y RCN con El Capo.

“Lo que está mal es que los canales no asuman su responsabilidad, por ejemplo, metiendo momentos de reflexión”, agrega Ómar Rincón, quien ve en esta discusión la gran oportunidad para los paisas de abrir espacios de reflexión y superar fantasmas. Pero Rosario Tijeras tal vez no alcanza esa categoría y sigue como mito, aunque sin la bendición de los paisas

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