La guerra en los ojos de una mujer

Muchas veces deseaba ser hombre”, es la frase que Eliana repite constantemente cuando cuenta su experiencia en Israel, el lugar perfecto para un fotógrafo pero prohibido para una mujer, donde ser de color y no ser judía ni musulmana se convirtieron en su pecado durante los tres años que trabajó como corresponsal.
Mientras sus colegas hombres tenían acceso a cualquier lugar donde estuviera la noticia, Eliana tenía prohibido entrar en las mezquitas y las sinagogas. Sus fotografías reflejaban su limitación. Podía tomarlas únicamente desde la parte de atrás de los templos, y en consecuencia no capturaban el verdadero ángulo de la historia. Entonces decidió camuflar su condición de mujer extranjera y disfrazarse de musulmana para poder entrar a una mezquita. Cinco puestos de control pusieron a prueba sus nervios ya que llevaba escondida en una maleta su cámara y un lente, mientras su otro brazo iba enganchado al de una amiga musulmana. Ambas lograron llegar hasta el templo, donde la curiosidad periodística no dio espera. Sólo unas pocas fotos quedan como recuerdo de aquel desafío, al final del cual un guardia de seguridad reconoció el engaño y la echó del lugar sagrado de oración. El rechazo fue un común denominador durante el tiempo que estuvo allí. Sólo dos veces tuvo acceso a la Franja de Gaza, donde el acercamiento a las personas y el cubrimiento de la noticia le fueron casi imposibles. Los hombres se molestaban y las mujeres se alejaban. Las constantes amenazas de secuestro a periodistas en esta zona del conflicto hicieron imposible un tercer intento, lo que para Eliana será siempre una mortificación. Un día un grupo de judíos ortodoxos intentó pegarle al verla con una cámara fotográfica. La experiencia habría sido peor si un colega no le grita que saliera corriendo. Pero como un periodista no puede siempre salir corriendo, optó por adaptarse en lugar de vivir bajo limitaciones. Aprovechó su condición de mujer para cubrir una parte de la historia que el resto de los corresponsales dejaba pasar: las mujeres durante la guerra. Sus fotografías hablan por igual de las que aspiran arriesgar su vida en nombre de su país, de las que son rechazadas por el color oscuro de su piel, de las que lloran sus muertos y de las que encontraron en el deporte la mejor distracción en medio de las bombas y las balas. Una perspectiva que habla del conflicto que se vive no ya en la parte de adelante, donde no la dejaban trabajar, sino en la parte de atrás de los tempos. Como corresponsal de la agencia Reuters, la colombiana Eliana Aponte fue la única mujer en cubrir el conflicto árabe-israelí en la Franja de Gaza. eS el testimonio gráfico de la DISCRIMINACIÓN SEXUAL en esta parte del mundo, una realidad que –confiesa– la transformó en una persona mucho más dura y menos idealista.
Temas relacionados