La mancha asesina

Esta es la herida oscura por la que se desangra el Golfo de México desde hace un mes, por cuenta del derrame de petróleo de una plataforma de la BP.

Regan Nelson, una ferviente defensora del medio ambiente y miembro de la fundación ecológica NRDC, ha salido en las últimas semanas a pasear en lancha por el Golfo de México, cerca de la costa estadounidense donde reside. El espectáculo que ve no puede ser más triste. Manadas de delfines nadan desconcertados entre una mezcla babosa de agua salada, aceite, petróleo y otras sustancias químicas. Es la cara visible –y apenas una tenue arista– de las secuelas tremendas producidas por la explosión y posterior hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon, de la multinacional BP, el pasado 20 de abril, un accidente que dejó once operarios muertos y 800.000 litros de petróleo derramándose diariamente desde entonces, a kilómetro y medio de profundidad.

O al menos eso es lo que especula la BP. En realidad, ha sido imposible calcular (porque no hay manera) la cantidad de líquido negro que brota de las entrañas del Golfo. Expertos como el profesor Steve Wereley, de la Universidad de Purdue, afirman que podrían llegar a ser más de 11 millones los litros derramados cada día.

En cualquier caso, la herida que sangra en las profundidades, y que según algunos especialistas ha provocado una mancha negra del tamaño de Puerto Rico, es producto de la irresponsabilidad de la industria petrolera, que no respeta territorio, ni siquiera bajo el agua, en aras de su propio beneficio y a costa de un riesgo irreparable: la desestabilización ecológica.

La defensa de empresas como la BP, que se dedican a la extracción de petróleo a grandes profundidades, es quizás más triste, por los resultados finales. Según el Instituto de Petróleo de Australia, apenas el 14% del crudo que es vertido en los océanos es responsabilidad de la explotación petrolera propiamente dicha. Cerca del 40% es producto de los residuos urbanos y rurales que llegan a los ríos y que, en consecuencia, terminan en el mar. Un 12% es atribuible a los accidentes petroleros y solo el 2% a la exploración en plataformas marinas. El hecho, más allá de las proporciones, es dramático: en los últimos cuarenta años el mar ha sufrido el derrame de unos 6.000 millones de litros de petróleo,el 27% de lo que el mundo consume en un solo día.

Y eso que las dimensiones del desastre todavía son difíciles de calcular. Por el momento, se sabe, por datos de la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, que han aparecido cerca de 200 animales muertos, entre ellos 154 tortugas, 12 delfines y 23 aves migratorias. Y que la pesca ha sido suspendida en el Golfo en un área de 116.000 kilómetros cuadrados. La BP, entre tanto, ha reconocido que los daños ascienden a 350 millones de dólares, una bicoca en relación con la alteración del ecosistema.

 

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