La mujer de hoy

La mujer moderna es inteligente, culta, curiosa, llena de interrogantes sobre su apariencia física y muy consciente de cómo proyectarse profesionalmente.

Manda en cualquier campo y sus vestimentas hacen parte de ese lenguaje que quiere proyectar en su cargo. Vamos a dedicar esta columna a responder diferentes inquietudes de esa joven mamá ejecutiva.

Cuando el siglo XX le puso pantalones a la mujer, surgieron una serie de libertades que antes estaban reservadas al género masculino. La mujer comenzó a estudiar y a trabajar, a competir con el sexo opuesto. Atrás quedaron los días en que el patrón era sólo el de ser mamás. La minifalda, los años sesenta y las transparencias cambiaron la forma de vestir de las jóvenes. La piel salió a relucir como nunca antes y sobre todo las piernas.

Para asumir las responsabilidades del trabajo, es necesario tener claro el código del vestir. La sobriedad es la clave de la elegancia. Y para lograrlo, nada mejor que contar con algunas prendas y combinaciones básicas. Entre ellas: traje pantalón; pantalón y camisa blanca con chaleco; blazer y falda tubo; vestido camisero en materiales cómodos y livianos; gabardina; vestidito negro acompañado de abrigo corto; tacones, desde muy altos para reuniones después del trabajo, pasando por los medianos para que se nos vean mejor las faldas, hasta las zapatillas planas para trabajar, trabajar y trabajar.

Todas estas son herramientas ideales para moldear la cotidianidad con estilo propio.

En el comercio existen ofertas para todos los gustos y todos los bolsillos. Hay que saber mirar con el conocimiento suficiente de las tendencias de cada temporada, buscando siempre calidad y comodidad. La moda es un tema masivo, listo para llevar.

Las tallas, de grandes a menudas, aceptan estos básicos sin problema. Es importante tener muy presente nuestro físico para no apretarnos inútilmente tratando de usar tallas que no corresponden y que lo único que logran es acentuar los gorditos. Con el largo de la falda pasa lo mismo: si no somos altas y no tenemos muslos delgados, es mejor alargar el dobladillo. El color juega un papel determinante. Un sastre en colores neutros como el negro o el gris, es un uniforme invisible, ideal para mezclar y combinar con todo. Los accesorios son esenciales para eso, complementan y dan variedad y colorido a cada look, volviéndolo divertido y diferente: una pashmina, una pañoleta, un broche grande en la solapa, un collar de bolas grandes, pulserotas o un anillo como en los que Catalina de Médicis guardaba sus venenos. Los accesorios, además de étnicos, vienen muy, pero muy grandes.

Color y material van de acuerdo con la ciudad y con el ambiente donde nos desempeñamos. Los estampados son el complemento ideal para un vestido de oficina, si el clima es cálido; y van muy bien con unas sandalias frescas y cómodas. Los estampados tribales de inspiración africana o hindú son una tendencia para túnicas y blusas que podemos combinar con pantalones en dril o en gabardina y, si el clima lo permite, con capris.

Para temperaturas como la de Bogotá, la gabardina es uno de los imprescindibles para la joven ejecutiva. Siempre estará de moda y cuanto más clásica, mejor. Lo que podemos es jugar con el color, arriesgando con tonos primarios como el rojo, el amarillo o el azul.

Me preguntan las jovencitas que comienzan a trabajar, por la posibilidad del uso del jean en la oficina. Depende. Hoy el jean, más que nunca, hace parte de nuestro clóset para usarlo con todo. Si el trabajo es en un medio de comunicación como una revista, un canal de televisión, una agencia de publicidad; o si es en una oficina de arquitectos, en una galería de arte o en un museo, los jeans son más que bienvenidos. En una oficina de abogados, una entidad financiera o un cargo público, el tema es más de básicos muy clásicos.

En cambio para la rumba todo vale. La transformación puede ser total. Del maquillaje discreto y el pelo recogido, podemos pasar a soltarnos el moño, subirle el tono a todo, desde el tacón hasta los labios, las sombras, el delineador y las pestañas: ¡Todo!

La moda es ecléctica. Lo vintage, hipppie, rockero brillante... todos los topcitos escotados sensuales y femeninos se ven muy bien en la noche.

No por el hecho de estar casadas, tener bebés y estar trabajando debemos sentir que el mundo se acabó. Todo lo contrario, estamos en plena realización de nuestros sueños. ¿Recuerdan? Era eso lo que siempre soñamos. No hay excusa para no sentirnos seductoras y atractivas en la intimidad.