La palabra es sensualidad

Muchas veces me preguntan cómo vestirse para una entrevista, cómo estar bien en la oficina, cuándo llevar o no pantalones, con qué zapatos... Pero lo que ocurre hoy en la mente de los creadores es bien distinto del tema del trabajo.

La moda se ha ido involucrando en un crescendo sexual que vemos proyectado en íconos del espectáculo como Lady Gaga, que es el ejemplo visual; igual que en Madonna, quien fue pionera de los corsés y de las botas altas con pantaloncitos calientes. Nuestra talentosa Shakira, con su melena alborotada, se viste con un body color piel, se contorsiona y da aullidos entre una jaula, para un video que hace ver todo lo anterior como un cuento de niños.

La lencería chic, toda esa fantasía y magia de la ropa interior, se volvió exterior de la noche a la mañana, mostrando cada vez más piel y acompañando el erotismo latente de una época que quiere sobresalir a toda costa, con medias veladas debajo de shorts en todos los materiales y como vestimenta urbana de las jovencitas, y con ligueros, corsés y brasieres de satín, que han regresado en todo su furor.

El color “nude” se apoderó de las pasarelas y de las vestimentas: desde tops para la oficina hasta grandes producciones en trajes de noche. Ese color piel es el lenguaje de la desnudez para una mujer que quiere sentirse más sexy, más sensual y muy femenina. Una segunda piel en vestimentas con colores empolvados es desnudarse con el nuevo sustituto del blanco, en materiales como el tejido de punto adherido al cuerpo, napa y gamuza.

En su deseo de conquistar la alcoba, la mujer no solo usó prendas muy sugestivas, sino que le robó al hombre sus propias prendas –como las camisas– para verse irresistible, y se fue dando cuenta de que todo lo que utilizaba le ayudaba, y mucho, a realzar sus líneas y hacer provocadora su silueta.

El primer diseñador en saberlo fue Gianni Versace, el italiano que se inspiró en las bacanales romanas y que escogió como sello personal de su marca nada más aterrador y sugestivo que la cabeza de la medusa. Versace exteriorizó la ropa interior con bellísimos tops de seda y encajes y tirantes en mil materiales, forrando el cuerpo femenino como una sirena urbana. Luego fue John Galiano quien, desde su desfile de alta costura hace un año en París, celebrando un memorable aniversario de la casa Dior, vistió a las modelos con sensuales atuendos de brasieres, corsés y ligueros para vender sus chaquetas en paño gallineto y tweed.

Esto ha dado para que exista actualmente un despertar y una conciencia mucho más aguda sobre el tema sensible de una ropa que ya no es tan íntima. Hoy las jovencitas –y las no tan jóvenes– están más interesadas en mostrar y explotar cada centímetro de su cuerpo, y los diseñadores les dan rienda suelta para que puedan pasear su feminidad. La mujer de hoy es segura, y sabe lo que quiere y lo que puede mostrar.

“Cuando las cosas se ponen difíciles las valientes se ponen sexys”, dice el historiador de moda John Dempsey. El sexo siempre florece cuando hay recesión. Los años setenta vivieron una gran depresión económica al mismo tiempo que una desenfrenada liberación sexual que comenzó con la música y los hippies con su Flower Power, que impuso las drogas, el sexo y el “todo vale”.

En esta época de crisis, terrorismo y calentamiento global, la moda oscura se manifiesta más fuerte que nunca. Este underground adolescente ya es tolerado por las mamás e incluso muchas usan prendas de sus hijas… como las camisetas rotas de Balmain, de Cristophe Descarnins, o de Alexander Wang. Hasta el zapatero prodigioso Christian Louboutin ha llenado sus zapatos de taches del punk, muy a su estilo high-fashion. Tanto se ha normalizado la transgresión, que hasta la alta joyería ha abrazado el tema con idolatría. Las calaveras de Mc Queen, las cruces de los punks, las serpientes, todos los animales de la magia negra, los ganchos, las puyas… pero todo hecho en oro, plata y piedras preciosas por diseñadores reconocidos, muchos de ellos egresados de la famosa escuela Saint Martins en Londres. El punk es hoy una tendencia de lujo muy costosa que sigue convirtiendo a las mujeres en sensuales y deseadas. Y claro, esta revolución es plasmada en las pasarelas de las principales capitales del mundo y de ahí a la masificación en las grandes superficies.

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