Lo bueno y lo malo del Festival

El IV Festival Internacional de Música de Cartagena se movió al compás de Mozart; también estrenó voz y nuevos escenarios y armó la fiesta en una noche colombiana… Y como ya es habitual, hizo estremecer los corazones.

Los mejores conciertos

La sonata para cello y piano No. 5 de Beethoven, interpretado por Alisa Weilerstein en el cello y Anna Polonsky en el piano, en la capilla del hotel Charleston Santa Teresa; y el concierto Fratres para violín solo, cuerdas y percusión, de Arvo Paert, interpretado por Bella Hristova en la capilla del Hotel Santa Clara. Ambos cortaron el aliento y levantaron ovaciones.

La revelación

El trío Colombita, conjunto típico de los andes colombianos, compuesto de tiple, bandola y guitarra. Sorprendieron al público de la plaza de la Trinidad, en Getsemaní, con un hermoso arreglo de Pequeña serenata nocturna, de Mozart, para luego entusiasmar a los asistentes con una pieza propia de la guitarrista, Sofía Elena Sánchez, Curura de la Suite Tayrona; y un clásico andino, Brisas del Pamplonita. Gustaron tanto que regalaron un tema más, una hermosa versión de La Piragua.

La decepción

El guitarrista colombiano Ricardo Cobo. Nunca estuvo al nivel del certamen. Se le notó inseguro y errático durante todas sus presentaciones. Ni las piezas latinoamericanas, en las que sobresalió un fallido Seis por derecho, de Antonio Lauro, ni los preludios de Heitor Villa-Lobos interpretados en la noche de clausura, hablaron muy bien de su preparación.

Lo más bonito

La actitud de los músicos extranjeros durante las clases magistrales. Se entregaron a sus alumnos como si los hubieran tenido desde siempre, con una calidez contagiosa y enriquecedora. También lo fue la actitud que tuvieron con el público, que los trató como a estrellas de cine. Ellos aguantaron con paciencia las fotos y los autógrafos, sin evitar a nadie.

La voz

La de la soprano Jessica Rivera. Ella sola justificó que el Festival, este año, añadiera conciertos líricos.

Lo más feo

No fue posible que hubiera al menos un concierto libre de teléfonos celulares. Los hubo en cantidades, de todas las luminosidades y cadencias, igual en las plazas, en las capillas y en los teatros.