Los 40 años de Cavalli

Cumplir 40 años inspirando looks inolvidables como el “print animal” es un ejemplo de inmortalidad en la moda.

Roberto Cavalli nació en la Toscana italiana, en Florencia, ciudad de los duques, en el seno de una familia aristocrática y acomodada. Gracias a eso pudo estudiar, viajar, recorrer grandes museos e inspirarse en los maestros. Su obsesión, desde su primer negocio de diseño en los años 30, en Saint Tropez, era proyectarse hacia el futuro con diseños muy vanguardistas.

La primera genialidad fue imprimirle al cuero su toque personal, añadiéndole el exotismo de las pieles de pitón, cocodrilo, cebra, leopardo y muchas texturas más sobre la napa natural, en parches que aplicaba a distintas indumentarias. ¡El éxito fue total! Tanto que diseñadores consagrados como Pierre Cardin, pionero del “prêt-à-porter”, y la casa Hermès contrataron sus servicios.

En 1972, cuando el denim reinaba en los guardarropas de los poderosos gracias a los jeans de Fiorucci y de Yves Saint Laurent, Cavalli abrió en Saint Tropez su primera boutique, diseñando trajes completos en el camaleónico algodón. Su competencia fue trabajar el cuero muy delgado, y tratarlo como un material único, bien fuera teñido o desteñido. Creó tops, jeans, abrigos…, fue el primero en someter los jeans al proceso de lavado con piedra y arena para hacerlos parecer desteñidos y viejos; pero fueron sus chaquetas –sobre todo la chaqueta negra de cuero como complemento obligado de los jeans de “diseñador”– las que lo inmortalizaron.

Los años ochenta fueron la década dorada de este creador del jet set internacional. Se impusieron las hombreras gigantes, el brillo, el “glam” de la música pop y de discotecas como Studio 54, creada por Steve Rubell en Nueva York. La moda le abrió las puertas a la lycra, al lurex y al spandex, a los materiales sintéticos, elásticos, con mucho brillo, amoldados al cuerpo del baile; a las lentejuelas y al satín para acompañar los pasos de la música disco. Los materiales metálicos, los drapeados, el lujo en su mejor expresión lo hizo sentir Cavalli a sus anchas. Lo increíble es que siga tan vigente como el primer día.

Desde entonces ha sido el rey de las divas, de las mujeres que aman el dramatismo en la moda. A sus chicas de portada, que siempre lo han rodeado, las envuelve con metros y metros de tela drapeada para hacer de ellas sirenas de ensueño. Victoria Beckham, Eva Longoria, Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Madonna, Shakira, Sharon Stone, Beyoncé... cantantes, princesas, actrices, modelos; todas sueñan con Roberto, el legendario, el gran Cavalli.

A pesar de ser adorado por quienes usan sus diseños, él mismo confiesa: “La moda no es hoy lo que era antes, es decepcionante. Que me copien, para mí, es un arte”.

Viajero incorregible y amante de la buena vida, adora a su compañera, socia y esposa de más de 30 años, Eva Duringuer. Con ella ha creado un imperio no sólo de prendas de vestir y accesorios sino de objetos de casa.

Hoy, Roberto Cavalli vende en 50 países, desde líneas como RC Mens Wear y Just Cavalli, dirigida a la mujer “trendy”, que se pone sin problema un ajustado vestido de leopardo con muy poca tela; hasta accesorios como carteras, zapatos, anteojos, relojes, perfumes, vestidos de baño y elementos de viaje.

No ha dejado un campo del diseño sin imprimir su firma. El lúdico mundo infantil lo inundó con Angels & Devils, Children’s Collection y es la veneración de acaudaladas jóvenes mamás internacionales.

Aceptó, además, el reto del mercado masivo de la reconocida gran superficie sueca H&M, donde vivió en carne propia las interminables colas desde la madrugada para poder tener unos zapatos de tigre con suela dorada, un ajustado vestido de leopardo o una chaqueta negra de cuero y llevarlos por menos de 100 dólares. Un vestido de alta costura de Cavalli oscila entre 20.000 y 50.000 dólares.

Buscando donde sentarse a disfrutar un buen coñac y fumarse uno de sus puros favoritos, en 2002 abrió sus cafés Cavalli, que decoró con su inconfundible estilo animal en tapetes, sillas y paredes en Florencia y Milán.

Pues bien, este hombre, bien entrado en los setenta años, aventurero incorregible y amante de las mujeres y la vida, aceptó la invitación de Rosita Jaluf, directora del Cali ExpoShow, quien con tesón y dedicación ha logrado posicionar su evento como una importante cita de moda nacional e internacional.

Tendremos en octubre la posibilidad de no perdernos este espectáculo de manos de un talento que camina al ritmo del mundo que lo rodea.