¿Cómo los hombres recordarán a las mujeres?

Si los mayas aciertan y el mundo se extingue dentro de tres años, según su calendario, ¿cómo recordarán los pocos hombres insensatos, recatados y carentes de vivir la vida al máximo, a las mujeres que alguna vez habitaron este planeta?

El obituario que encontrarán grabado en un obelisco en medio de los Andes, empezará con las palabras que con mucho dolor talló un hombre despechado por no haberlas aprovechado al máximo:

“Estamos aquí reunidos para bendecir el alma de nuestras mujeres. Quienes se han ido, y esta vez para siempre. Nadie sabe con certeza de qué edad murieron las últimas féminas que habitaban la tierra, puesto que su fecha de origen ha sido manipulada por ellas, pero se les acredita que en el siglo veintiuno tuvieron un cuarto resurgimiento. Regresaron más bellas y más flacas. Se especula que fallecieron por tanto cu tu cu tu y por la falta de chan can chan.

Fue una muerte sin dolor, pero ellas igual hicieron su drama. Lo confirmaron los padres, los hijos y los novios, quienes sintieron su ausencia al darse cuenta de que nadie les daba aliento. Dicen que se las llevaron las hadas, luego de un último suspiro en el que repitieron de seguido las sílabas TEA – MOT – EAM - OTE. MEM – AME.

Su extinción deja un vacío visual irreemplazable; sí, las mujeres fueron bellas y voluptuosas, unas más que otras, pero con el honor de saber que sus protuberancias le dieron vida a la guitarra.

La mujer era experta en todas las ramas, pues su disminuida musculatura la obligó a desarrollar el cerebro hasta evolucionarlo a niveles en que podía resolver cualquier ecuación matemática y descubrir el origen de una gotera; eso sí, si le daba la gana. Su inteligencia le permitía pedir ayuda y ahorrarse maltratar sus manos. Se destacó en el arte de la chismosería, arte que no patentó pero que más adelante algunos empresarios dieron el nombre de campaña publicitaria y ella le concedió, de nuevo, a él, el crédito.

Aunque es difícil de creer, la gran mayoría de las veces disfrutaba más con el éxito de su hombre que con su propio éxito. Y muchas veces se hizo de lado para fortalecerlo y regalarle su conocimiento.

No siempre fue adinerada, pero siempre tuvo su escondido para un buen almuerzo y le sobraba para estrenar zapatos. En su hogar hizo el esfuerzo por hacer sentir a los invitados como únicos, especialmente si eran hombres; con las otras mujeres hubo una cierta rivalidad que poco a poco la fue agotando. La mujer comenzó su vida como un bebé y a pasos largos llegó a la madurez, aunque cuando estaba en la edad adulta nunca olvidó que fue un bebé. Y se lo recordó, con su tono de voz de puchero, a su hombre cada vez que quería un abrazo o un regalo.

Pero no olvidemos que fue muy generosa en el arte de compartir, mas no confundir generosidad con idiotez. Compartió su tiempo, su conocimiento, sus ideas, su humor y sus cosas materiales, pero a su hombre nunca quiso que se lo tocaran, y como buena guarda, atacaba a cualquier roedor que se le metiera al rancho. Su filosofía en la vida fue simple: “Lo-que-es-mío-es-mío-lo-demás-es-de cualquiera”.

Le dedicó su vida entera al estudio del comportamiento masculino; a analizar sus deseos. Lamentablemente ocupó demasiado tiempo filosofando y no logró ponerlo en práctica. De pronto tenga más tiempo ahora que está en el cielo.

Así que hagamos duelo por esta tragedia que ha dejado al hombre abandonado a su propia desgracia y levantemos las manos a la canción Woman, de John Lennon, quien por arte de magia resucitará para cantarles en ese día memorable. Brindemos porque ahora, ¡por fin!, la mujer ocupa su lugar al lado de su hermano, junto a su padre; a la derecha o a la izquierda, a ella no le importa, la mujer no es de bandos. Lo importante es estar al lado de su padre, a quien le debe estar sacando el chisme de cómo fue que María resultó embarazada. Y lo va a convencer de que la deje regresar a multiplicarse. Amén”.

¡Sabiendo nosotras que estarán siempre condenados por no haber podido descifrarnos!

Amén.

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