‘Love is in the air’

En su espíritu de actriz-escritora-mujer, Patricia decidió que esta nueva década ella nos debe alentar a gratificarnos con mejores relaciones.

“Love is in the air” (el amor está en el aire), dijo John Paul Young; pues respirémoslo. Década nueva, aire nuevo.

Lo primero que va a hacer ahora que las fiestas de diciembre se acabaron y una vez las neuronas recuperaron su brújula, es borrar del chat todas esas personas que nunca están en ‘current conversation´ permanentemente, porque su índice está agotado de bajar y bajar, pasando por cientos de nombres, muchos de los cuales le son irreconocibles, para lograr encontrar a la persona a la que quiere mandarle un mensaje. Decidió, luego de entender que menos es más y que no todos tienen que ser cercanos, que esos otros amigos suyos se irán al ciberespacio a buscar otro hogar.

Va a dejar, sobre todo, aquellos que la enamoran con cada palabra, que al ver su nombre en amarillo le hacen palpitar el corazón para que cuando mire su pantalla sienta como si estuviera mirándolos. Le gusta conocerlos aunque la conversación sea monosilábica y que, de las diez fotos que se toma, escoja la mejor para mandarla. Esos nombres a los que les coquetea con una palabra y que con su silencio les está diciendo que los piensa, pero que tiene los dedos cansados.

Desea recuperar a los ex, desde los más lejanos que tuvo en su adolescencia hasta los que se acaban de apartar, porque para ella todos fueron importantes en su momento. Desea que sus amores pasados regresen a la memoria, que por estos momentos falla, para entender que con quien estamos o a quienes hemos evitado tienen que ver con ellos.

Se va a juntar con los amigos que quieran crear y botar corriente escribiendo e imaginando nuevos proyectos, volver a lo básico, para que le ayuden a sacar de uno de los cajones toda esa imaginación que por momentos de desconcentración se van esfumando. Pero también quiere rescatar aquellos que la hacen reír a carcajadas y que la alimentan con sus historias, los que le escuchan todas las locuras por las que ella pasa, los que la sacan a divertirse y se arrunchan con ella días enteros a ver Los soprano. Los que le comentan Grey’s Anatomy y los que, a pesar de haberlos abandonado, siempre están ahí, como si nunca hubiera pasado el tiempo.

Esta década quiere que ella y el mundo entero sigan unidos al cine, seguir viendo las películas en la pantalla grande, conectarse más con la música, con el teatro, los videos, el arte, el café en la mañana, la televisión, los libros. Pero nada pirata, que todos ganen. Aunque también quiere tener indulgencias y conectarse con los aviones para viajar por el mundo, con los masajes, la buena mesa y que nunca falte la champaña.

En el amor, el tema del que menos sabe, del cual no ha aprendido nada, quiere que las relaciones de pareja esta década sean bellas y sinceras y sin sorpresas, que al mirar a la cara al hombre de su vida (o al menos al de unos años), se amen con locura y se cojan de la mano para salir corriendo y gritarle al mundo que son uno solo, que están enamorados, que sí hay final feliz, que Hollywood ha sacado sus películas de romance de las historias que ella y todos nosotros le hemos abastecido, que el romanticismo siga más fuerte que nunca y nos dure los próximos 10 años.

Y para lograr armonía con todo lo que está pasando y evitar que Harrison Ford se arranque todos sus pelos del pecho, debemos tener una mejor relación con la Tierra. Porque si no, en esta década nos vamos a bañar con totuma y los cinco mil dólares del LED TV se irán a la basura cuando no podamos prenderlo. Adiós al agua caliente, tendremos que andar a pie, se acabarán los viajes, Providencia, Nueva York y Cartagena ya no existirán, porque las va a tapar el agua. La década pasada nos pidieron que cuidáramos el planeta, en ésta: ¡HAGÁMOSLO!

“Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”, dijo José Arcadio Buendía. Nosotros ya tenemos varios, así que la tierrita es nuestra y como tal debemos cuidarla. El maestro Gabo me deseó cien años de felicidad, yo, un poco menos vivida: ¡Les deseo diez años!